fin de año

Por fin se acaba este año espantoso. Su colofón ha sido un otoño siniestro solo compensado por algunas conversaciones, el diván, el blog y algunos éxitos de Las Indias. Le voy a despedir con un enorme corte de mangas urbi et orbi Al 2008 no le voy a permitir la más pequeña impertinencia.

Más Ibermaticquestions

Como ya dije el viernes pasado al tratar de contestar in extenso una pregunta que se me formuló en la Jornada sobre Innovación de Ibermática, me quedaban otras preguntas por contestar que iban dirigidas a todos los componentes de la mesa redonda que yo moderaba.

Estas cuestiones comunes quizá puedan ser contestadas de una forma sucinta o haciendo un enlace con otros posts recientes de este blog. Voy a tratar de contestar a las relativas a la innovación.

La primera es sobre patentes. Nada me gusta más que este tema de la Propiedad Intelectual y como acabo de escribir algo alrespecto con ocasión de la discusión sobre el canon digital, me remito a ello que a su vez se remite a otras fuentes.

Hay otras dos preguntas que se refieren a lo que podríamos llamar la psicología de la innovación . Querría solo mencionar que no estamos psicológicamente preparados para el cambio y que nos resistimos a él; pero que la razón última de aceptar el cambio no es estar preparados para adoptar las innovaciones; sino, más bien estar preparados para ser arrebatados por el cambio, algo que a mí me parece una finalidad en sí mismaen esta vida tan breve. Eso en primer lugar y, en segundo lugar, que esto de la competencia, indefectiblemente unida a la innovación, es una lata, pues hay que estar todo el día vigilante y esto es muy cansado y produce malestar tal como ya lo vió Freud en su famoso opúsculo sobre El Malestar de la Cultura.

Finalmente tendría que decir que, si entiendo bien a Koldo Saratxaga, tiene razón pues hay que hablar sin parar para que la innovación emerja, se pille por parte del que está vigilante mientras habla y finalmente acabe adoptándose. Eso es el efecto coffee-room.

Ibermaticquestion

En cada jornada del Instituto Ibermática para la Innovación quedan preguntas por responder que cada ponente debe contestar con posterioridad. Este año, en el que ejercício de moderador de una mesa redonda, tengo que responder, entre otras, la siguiente pregunta:

En la catualidad a todos nos preocupa la crisis inmobiliaria porque se han llegado a influir variables económicas muy importantes como el euribor o se ha reflejado en fluctuaciones en la hBolsa. ¿Crees que esta situción desembocará en una crisis bancaria por la subida de las hipotecas? ¿Cuanto tiempo opinas que durará esta situación?

Crisis inmobiliaria la hay debido al pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Una burbuja existe cuando el valor de un activo es mayor que el valor descontado presente de sus rendimientos debido a que incorpora una prima relacionada con la expectativa de revalorización. Si existía o no una burbuja inmobiliaria fue, durante tiempo, incluso años, un tema de debate tanto entre políticos, que la negaban, como entre acedémicos que trataban de medirla. Es dificil afirmar taxativamente que la hay porque uno nunca está seguro de su existencia hasta que explota. Ahora ya sabemos que la había pues ha explotado justamente allí en donde la expectativa de revalorización había sido más grande.

Todavía la explosión no ha generado un desinfle total aunque nadie espera ningún repunte en el precio delas viviendas sino más bien rezan para que el deslizamiento a la baja sea lento para que dé tiempo a las inmobiliarias de ir deshaciéndose de sus existencias poco a poco y sin incurrir en demasiadas pérdidas de forma que sus balances puedan resistir sin problemas de pagos o de solvencia.

Como esto se veía venir hace años, los generadores de hipotecas han tratado de colocarlas como fuera, de acuerdo (implícito) con los promotores y constructores para que no ocurriera la debacle. Lo han conseguido durante años pero en unas condiciones difíciles de justificar financieramente y, finalmente, el mercado saturado no ha tragado más. Esto ha tenido dos efectos. Primero que la demanda de crédito ha aumentado presionando al alza los tipos de interés ( tendencia que se añadía a la presión que ejercían los Bancos Centrales ante unas tensiones inflacionarias semiocultas por no tener en cunta la inflación de activos sino únicamente el IPC) y segundo que, ante estas subidas, las hipotecas fallidas aumentaron considerablemente al tiempo que no se generaban nuevas pues el ahorro se retraería ante las incertidumbres que gravitaban sobre tipos de interés que lo mismo podrían subir por la política antinflacionaria del banco central que podrían bajar si estas instituciones se salían de su papel e intentaban evitar algunos de los efectos colaterales del estallido de la burbuja.

Estos efectos colaterales desembocan en una crisis de liquidez, exacerbada estos días por las tensiones de fin de año, y más tarde en una crisis de confianza, ambas originadas por la titulización desbocada de las instituciones financieras. La titulización es una innovación financiera ya antigua que consiste en la financiación de un banco mediante el actico, traspasando sus crédito al público quien finalmente sufre el riesgo que sale del balance del banco de que se trate. Nada criticable en esta práctica si se hace bien y se valora correctamente el paquete de activos que se mezclan con estas hippotecas titulizadas para ser vendidos a los ahorradores finales. Esto no ha ocurrido, las hipotecas se generaban sin cuidado alguno en chiringuitos sin reputación que perder y, sin embargo, eran empaquetadas con otros activos de forma tal que el paquete recibía una buena calificación crediticia por parte de las agencias de rating más reputadas.

En esta situación, tanto real como financiera, cuando los tipos empiezan a subir por política antinflacionaria de los bancos centrales, el edificio se desmorona. Es decir los bancos, que ven que la pirámide ya no se sostiene y se dan cuenta de que no saben bien lo que deben a los tenedores de los activos construidos sintéticamente, dejan de prestar a aquellos otros agentes (bancos incluídos) que lo necesitarían para hacer frente a los primeros síntomas del fenómeno que estoy tratando de explicar. Esto explica ya la subida del euribor y la correspondiente subida de las hipotecas de tipo variable que son practicamente todas.

Los bancos centrales sintiéndose culpable pretenden jugar a otra cosa e inyectan liquidez, pero en unas condiciones que no son las adecuadas para que los bancos acudan a sus ventenillas. No lo hacen porque ya la crisis ha mutado. Ya no es una cuestión de liquidez solamente. Ahora lo que pasa es que los bancos se han mirado a sí mismos y se han dado cuenta de que no sabían su riesgo pues no sabían valorar los activos sintéticos que habían puesto en circulación en cantidades desmesuradas. Automáticamente han pensado que esta era la situación de sus colegas a los que, naturalmente, no deberían prestar dadas las malas condiciones en las que plausiblemente se encuentran.

Esta es la curiosa sensación en la que nos encontramos ahora: una crisis de confianza en la que cada banco recela de su colega. Para disipar ese recelo debería ser posible valorar los riesgos; pero no se puede porque no hay mercado para ellos y no lo hay justament porque nadie está dispuesto a hacer ninguna operación. La diseminación de información que realiza el mercado no tiene lugar porque no hay mercado y sin información no hay manera de que se elimine el recelo y funcione el mercado.

Esto es ya una crisis bancaria y se menifiesta de menera nítida en las dificultades que han tenido ya varios bancos de inversión de primera línea. No se fondean al por menor y sus fuentes de fondeo al por mayor están secas. El resultado ha sido que han reconociso pérdidas o menores ganancias y han dado entrada en su capital en fondos soberanos de países en cuyas prácticas financieras no se puede tener mucha confianza. ¿ Cabe una cisis mayor? Pues sí, claro está. Ocurrirá en cuanto otros bancos sigan el ejemplo de su mayores y reconozcan el valor de sus inversiones tontas y no hayan fondos soberanos para todos.

¿Cómo de probable es esa eventualidad? A mi juicio todo depende de la manera en que se vayan desnudando las entidades. Si lo hacen vergonzantemente la situación resultaría curiosa. Por un lado la información se iría generando también poco a poco y algunos bancos sabrían que su situación no es mala y encontrarían forma de reflejarlo. Pero, por otro lado, la falta de la información necesaria podría forzar a algunas entidades a “cantar la gallina” y ensuciar aun más el mercado que no acabaría de rearmarse.

Esa sería una situación peligrosa que nadie desea pero que puede ocurrir y que tien alguna reminiscencia de la lógica del dilema del prisionero. Todos desaerían cooperar para conocer el valor real de su balance; pero nadie quiere ser el que lo solicita pues daría pistas a los demás en su propia contra. La mejor salida de la situación en la que nos encontramos, y una vez reconocido que el mercado no funciona porque no existe, es jugar una especie de streap poker en el que todos e desnudan a la vez. Ya no valen reuniones entre los banqueros centrales ni almuerzos de los presidentes de los bancos más impotantes. Ya no cabe más que una especie de flash mob o ciberturba bancaria en la que, al sonar de un timbre, cada banco expone públicamente su situación. El verdadero problema es quién organiza o inicia esta flash mob. Si se hace pronto la crisis de confianza pará pronto. Si no puede durar todo el 2008.

Esto es todo lo que razonablemente se puede decir hoy.

El poder del Zutabe

A través de la no muy brillante prosa de la magistrada Angela Murillo, un ejemplo de la prosa judicial que yo criticaba el otro dí­a, he creí­do entender que una prueba contra el entorno de ETA, que resulta ser sus entrañas, es un dibujo, en ese boletí­n de ETA llamado Zutabe, en el que un timonel de trainera con camiseta de esta simpática organización terrorista marca el ritmo de los remeros que serán, digo yo, esas organizaciones que han sido condenadas como parte integrante de la banda. Seguro que el respeto a la ley de enjuiciamento criminal es escrupuloso por parte de esa sección de la sala de lo penal de la Audiencia Nacional; pero remeros, entrañas y entorno forman una mezcla demasiado sutil para un ciudadano vulgar que, como yo, tiene una noción intuitiva del dentro y el afuera y piensa que el skipper es un pobre diablo debilucho que solo aporta el ritmo simple de la txalaparta.

Drugs, securities and the finalcial system

Recordemos lo que decí­a Stephen Cecchetti:

In conclusion, as we think about the right response to the current and future crisis, there are two things to keep in mind. First, we do not want to stifle innovation. In the same way that we all want newer and better drugs, we all want newer and better securities. Second, the innovators will always find and exploit the weakest point in the system. So, just as drugs are tested outside the general population, we need to test financial innovations in places where they are least likely to do damage to the parts of financial system we deem critical. But then, once we know that something is safe, it should be standardised and pushed onto an organised exchange where it will be traded through a clearinghouse

Que queremos innovación y que la innovación financiera puede obrar maravillas es algo bien sabido y que no podemos olvidar ahora que las cosas van mal. La analogí­a entre las medicinas y los nuevos prouctos financieros es brillante y cómo podemos testarlos es una cuestión nada trivial a la que presta atención Krugman atacando un laissez faire tontuno.

Es decir, tenemos que recordar en qué consiste verdaderamente un sistena financiero comenzando por lo que hay que entender realmente como un mercado: aquel en el que el que garantiza el pago de lo pactado es el propio mercado. Que esto sea así­ es fundamental y aquí­ funciona otra vez una de las analogí­as de Cecchetti:

Well, financial stability is another one. In fact, without a stable, well-functioning, financial system, there is no way that an economy can flourish. A well-functioning financial system is like the plumbing. When it works we take it for granted; when it doesn ’t, watch out. But, as we have seen recently, financial markets and institutions can malfunction on a moments notice. To prevent this, governments regulate and supervise financial institutions and markets.

Otra inteligente analogí­a: deberí­amos ser cuidadosos y no comprar ninguna vivienda antes de verificar el buen funcionamiento de las cañerí­as y desagí¼es. No deberí­amos comprar ningún activo financiero sin entender de lo que se trata y sin verificar que la propaganda responde a la realidad.

Pero todo esto ya lo sabí­amos. Algo hay en la ambición humana que nos hace caer una y otra vez en la trampa que nos tienden los trileros y los tramposos en general. ¿Cómo salvarnos de nosotros mismos?

Dos apolos

De frente al sol del primer invierno en una mañana norteña de viento francés, dos bellos apolos descansan tensos en las escaleras del puerto viejo. En su mirada hay la tristeza de la vida, pero sus ojos se desví­an a la belleza y su sonrisa delata su esperanza. Quiero a estos dos apolos, de piel tostada y pelo rubio rojizo, que refulgen al sol.

El canon es un arenque rojo

Tal como predije, porque estaba cantado, el Congreso, en su última sesión de esta legislatura aprobó el canon digital en un guiño electoral a aquellos que se benefician de él y que, mira por dónde, son unos buenos prescriptores electorales.

No hay más remedio que decir que, en este caso, el PP, oportunismos aparte, tiene razón y que no tiene ningún sentido jurí­dico el cobrar a todo el mundo que se hace con un cierto material un canon por si acaso hace de ese material un uso que viola la legislación actual en materia de propiedad intelectual.

Pero lo que podrí­ ­a haberse discutido es el fondo de la cuestión en sí­. Ni los defensores del canon ni sus detractores han sido capaces de plantear a la sociedad los argumentos a favor o en contra de la existencia de un monopolio temporal otorgado por la ley a los creadores en general. Los periódicos no se han molestado en pensar dos minutos sobre la cuestión y los economistas profesionales no han opinado, tal como es su costumbre.

La cuestión es si patentes y derechos de copia son dos instituciones sociales y constructos jurí­dicos necesarios y/o convenientes para poder disfrutar de altos niveles de cretividad. Hace un par de dí­as presentaba, en forma de paradojas y contraparadojas las dos opiniones contrapuestas. Ahora voy a tratar de argí¼ir, de otra manera y en primer lugar, que ninguno de estos constructos es estrictamente necesario para dejar para más adelante los argumentos en contra de su conveniencia.

Para ver que no son necesariamente necesarios basta con que mostremos que los productos de la creatividad humana se generarí­an en un mercado normal y serí­an capaces de alcanzar un precio positivo. La oferta de la creatividad de uno u otro tipo es de tal forma que se produce una cierta cantidad positiva incluso a precio cero ( recordemos Van Gogh) y luego se produce más cuanto mayor es el precio. Nada raro hasta aquí­ ­.

El quid está en mostrar que habrá demanda suficiente por parte de algien a precio positivo. Si se dan las condiciones destacadas por Eric Raymond en El Bazar y la Catedral esa demande existirá. Es muy sencillo entender que esas condiciones se dan en las industrias cientí­ ­fico-técnicas y que pueden no darse en las culturales. Por lo tanto se puede afirmar que las patentes no son necesarias mientras que el derecho de copia puede que lo sea aunque no siempre.

Entremos ahora en la parte más delicada de la argumentación, la que hace referencia a la conveniencia de las instituciones de la propiedad intelectual. El criterio para juzgar esta conveniencia que yo voy a utilizar es el de la innovación. Las patentes, necesarias, reducen la cantidad ofrecida como todo monopolio y, en general, aumentan el beneficio. De esta forma el incentivo del creador cientí­fico-tecnológico a seguir innovando disminuye. En cuanto al derecho de copia el argumento es estrictamente similar y, si cabe, todaví­a más crudo puesto que no son necesarias.

Estos argumentos pueden hacerse todaví­a más respetables si acudimos a la obra de Boldrin y Levine que se está traduciendo al castellano. Pero me gustarí­a ir un paso más allá y añadir que lo que hay que hacer es eliminar las patentes y mantener el derecho de copia siempre que lo hagamos renunciable.

Esta posibilidad de renuncia no significa nada en el caso de las patentes porque puedes no patentar y sobre todo porque es renunciar a algo que no hace falta. Sin embargo en el caso del derecho de copia, esta renuncia ha de ser explí­ ­cita puesto que existe aunque no lo solicites y, como ese derecho pdrí­a ser necesario, la renuncia a él es una señaal que nos lleva a un equilibrio general en señales que nos indica, através de la información transmitida por los precios de ese equilibrio, la calidad de la obra de que se trate, informando así­ al consumidor. El creador cultural con confianza en su propia obra renunciarí­a ­ al derecho de copia, el precio de su producto serí­ ­a menor y podrí­a ganar más si la demanda fuera suficientemente elá ¡stica. Fuera este el caso o no lo fuera, ls consuidores ganarí­ ­amos en información y en accesibilidad a las buenas creaciones.

Estos argumentos y los razonamientos que los sostiene son lo que hay que discutir. Los creadores como grupo ni los compartirán ni estarán interesados en discutirlos; pero los consumidores de sus productos sí­ que queremos discutirlos y convencer al menos a los mejores de entre ellos. Será dificil pues se pertrecharán detrás de una supuesta solidaridad y porque se empeñarán en decir que los argumentos son tí­picos del pensamiento único, cosa harto dudosa porque las derechas tampoco entienden el argumento.

Bueno, pues que por mí­ no quede. Seguiré haciedo apostolado en contra de la propiedad intelectual sin dejarme llevar por pistas falsas o red herrings(arenques rojos)como es el caso del canon digital.

Discurso navideño

Harto ya de dejar pasar por delante de mí­ en la cola de la caja del super a un señor y a una señora más jóvenes que yo porque solo llevaban “una barrita de pan y dos cositas más” que, por cierto, pagaron con dificultades y premiosidad con tarjeta de crédito, me enfurecí­ ante un tercero que vení­a con las mismas intenciones e improvisé el siguiente discurso, dirigido a nadie en particular, pero irritado y realmente ruidoso: El espí­ritu navideño le exige a usted que no me pida que le deje colarse y a mí­ que, si me lo pide, se lo conceda. Yo he cumplido con mi parte; pero usted no. El público consumidor no aplaudió, pero mi amigo Marcelo, el aparcacoches rumano, sonreí­a plácidamente. Esa sonrisa me compensó del ridí­culo que acababa de hacer.

La importancia de entender la innovación

Me encanta el post de Krugman de hace unos dí­as. Por un lado nos da una cierta diagnosis de la crisis financiera que sufrimos y, por otro lado, subraya la importancia de entender de verdad las innovaciones.

Para empezar nos cuenta con toda sencillez en qué consiste esta crisis que ya es de liquidez, dice él, y por qué ha ocurrido. No importa demasiado que su diagnosis no sea la más adecuada. Creo que hay otras hoy, unos dí­as más tarde, que merecerí­an una mayor atención. Hoy ya no se trata de una crisis generalizada de liquidez. Ya vemos cómo los esfuerzos de los bancos centrales para ofrecer liquidez ilimitada no sirven para mucho y, de hecho, resultan contraproducentes como si fueran una señal de que las cosas van peor de lo que se dice. Lo que ahora ocurre es más bien como una especie de equilibrio malo en el que cada individuo (banco) sospecha que los demás son como él y están mal. Por lo tanto, que ninguno quiere prestar a un colega que, en consecuencia, piensa piensa que si no le prestas es porque piensas que tu estás como él, es decir que él también debe estar mal. De repente se hace commom knowledge que todos estamos mal.

Ni que decir tiene que en circustancias así­ la única solución es hacer commom knowledge que ese no es el caso y, como ya se sabe, esto solo se pude hacer mediante algo parecido a una flash mob, una especie de reunión unoversal en la que todos se desnudan. Pero esto serí­a como un nuevo comienzo, algo dificil de aceptar.

Pero volvamos a la otra parte de la opinión de Krugman. La clave de la crisis hay que buscarla, según él, en la innovación financiera o, mejor dicho, en nuestra ignorancia sobre la naturaleza y funcionamiento de los nuevos instrumentos financieros en los que se plasmaba esa innovación y que se suponí­a distribuí­an los riegos. La moraleja es inmediata: no te metas en lo que no entiendes.

Quiero añadir por mi cuenta que esto mismo pasó con las punto.com y su derrumbe en el año 2000. Allí­ también falló la dignosis y la prognosis. Poca gente entendió en qué estaba su gracia. No se trataba de una simple disminución en los costes de transacción, como ahora no se trata de una simple crisis de liquidez, sino que lo importante era el efecto-red que, por ignorado, no se supo explotar, lo mismo que ahora no se sabe cómo provocar la transparencia.

No se supo entender entonces que lo importante estaba en las relaciones personales, algo que por fin se ha comprendido y ha dado origen a la web 2.0 y , lo que es más interesante, al reconocimiento de que no hay más remedio que aprender de lo que ocurre sin empeñarse en leer todo con las antiguas gafas.

¡Parlez moi du terrorism!

Muammar el Gadafi es, según los estándares habituales, un terrorista aunque arrepentido y de vuelta entre los paí­ses civilizados, parece ser. No he visto ningún amago de nuestros superjueces de ejercer la jurisdicción universal y llevarlo ante su juzgado de instrucción. No he oí­do a los defensores de los derechos humanos clamar contra el asesino de Lockerbie o el torturador de enfermeras búlgaras y solo he leí­do una columna que lo recuerda. He notado un cierto cambio protocolario, aunque no en el almuerzo con nuestro anterior presidente de gobierno. ¡Parlez moi du terrorism!