Post invitado

Hoy comienzo una sección de mi blog que espero crezca como una planta sana: la sección de posts invitados. Si tenéis algo que contar y estais dispuestos a someteros a mi filtro realmente poco tupido, no tenéis más que enviármerlo y se piblicará después de hacer la cola correspondiente

Comenzamos hoy con este ensayo de Teodoro Millán

SUBPRIME LENDING Y POLITICA MONETARIA

T. Millan, 9-10-07

Soy un subprime borrower, en momentos de bajos tipos de interés tomo una hipoteca que cambia mi vida e impacta en todo mi ser economicus de forma drástica; consumo, riqueza, savings, todo ello. Mi hipoteca tiene un pequeño diferencial con el Euribor. Estoy feliz de calificar para el sistema.

Las autoridades monetarias deciden que las cosas me van tan bien que me estoy desmadrando en el consumo. Hace tiempo que tienen estudiados estos fenómenos, y saben cómo apretar el bozal; deciden desplegar una estrategia sofisticada de intervencionismo aceptable, dado que es anticipable, dicen, y eso les convierte en liberales. Suben los tipos de interés.

Efectivamente, noto el impacto en mi coste hipotecario. Yo sí­, parece que otros no porque la autoridad monetaria se ve en la obligación de reincidir; vuelve a subir. Y yo vuelvo a humillar. Y así­ tres, cuatro veces, un largo calvario en que la brida cada vez se cierra más en torno a mi brocal.

¿Dónde acabamos?. Al fin la autoridad monetaria se siente realizada; ni asomo del repunte inflacionario que habí­a surgido al comienzo del proceso. Mi boca en sangre. Los precios muy estables, los tipos de interés de referencia han cambiado en el proceso en un 300%. La intensidad del tormento ha sido proporcional con la tenacidad del sojuzgado. Yo, mis clones infinitos, hemos soportado más que la última vez, o menos, según se mire. Ahora soy un defaultee.

¿Qué ha ocurrido?. Me pregunto qué hubiese ocurrido si la autoridad pertinente hubiese dejado que el mercado se ajustase libremente; inflación, claro está, si un pobre asalariado como yo puede comprar la casa de sus sueños, a saber qué no podrán comprar los que no están en esta patera de subprime borrowers. De todo. Y eso, claro, producirá ajustes de precios relativos, inflación. ¿ Pero, dónde está el mal?.

Lo que ha ocurrido entonces es que la autoridad monetaria ha alterado los tipos de interés de referencia en un periodo en un 300%. Que eso es una intervención exógena en el sistema, un shock, anticipated or not, y que el efecto del shock ha sido generar una transferencia neta de wealth de tal magnitud (tantos somos los clones) que lo que compré en su dí­a por 100, vale hoy menos de 60.

¿Qué debo hacer?. Soy un hommo economicus obligado a reflejar un wealth effect genuino. Mi wealth effect me dice que no puedo consumir. Dejo de consumir. Pero además, estoy en una solución de esquina de mi problema de allocation dado que hago default en los pagos de mi casa. Muchos hacemos default.

¿Quién es el responsable?. Yo me limite a contratar una hipoteca y comprar mi casa cuando las condiciones del mercado eran unas, background de low interest rates, high pricing of assets. La autoridad monetaria me ha cambiado ese enviroment, han manipulado los tipos de interés hasta ponerlos un 300% más altos. ¿Soy ví­ctima de una formula de intervencionismo drástico y brutal?.

¿Qué prioridades tiene la autoridad monetaria?. Les encanta hablar de inflación. Dicen que para prevenir la inflación hay que marcar tipos de interés sanos (elevados) y como nunca se sabe cuál es un nivel de tipos sano, parece que lo que de verdad les inquieta es “mover ” los tipos. El problema es de primera derivada. ¿Why?. Porque eso es lo que es intervención; sea cual sea el precio de algo, cambiémoslo. Si alto, bajemos, si bajo, subamos. Y con ello, there it goes, massive wealth transfer (MWT) debiéramos acostumbrarnos a hablar de ello en términos crudos. Alguien decidió que las prioridades eran estabilizar la inflación, y con ello como venda en los ojos, creamos un roller-coaster de los tipos de interés. La inflación es input en muchas formaciones de precios y rentas (clausulas sindicales de salarios, alquileres, etc …) y por ello genera efectos reales dadas las rigideces del sistema que son todas artificiales. Los tipos de interés también son input en muchas formaciones de precios y pagos, pero como en general tienen que ver con los mercados de capital y crédito, se ha procurado evitar que plateen rigideces automáticas. Y en gran medida se ha conseguido con los activos financieros. Sin embargo, un gran agujero es este de las hipotecas. Aquí­ la rigidez es explicita y drástica.

En la economí­a no se puede controlar todo, ni siquiera en un modelo socialista. No podemos, en nuestras economí­as fijar los tipos de interés y la inflación. Optamos entonces por una de las dos, y alguien se olvida de que ambas, conjuntamente definen la real interés rate, esto es el crecimiento. R – I. Por tanto fijar una es dejar la otra al albur de los tiempos. Parece como si la única solución para estabilizar la economí­a (lo más posible, dado que siempre habrá shocks, tecnológicos, naturales, etc..) es quedarse mano sobre mano, do not touch it. Como con los niños; prohibido tocar.

Y yo mientras, con me default a cuestas, convertido en un paria por los intervencionistas de siempre; unas veces disfrazados de socialistas, otras de liberales, siempre de autoridad. Eso que produce tanto respeto. O tanto miedo. ¿O es que saben algo que los demás no sabemos?.

Dudas sobre bancos centrales

El viejo rockero vuelve a la carga con gran inteligencia. Axel Leijonhufvud nos regala un resumen de una maravillosa pieza sobre la actual crisis. Merece la pena leerlo con cuidado pues va directo a lo fundamental.

La polí­tica monetraria está desconectada de la estabilidad financiera pues ésta depende de la regulación y ésta última ya no existe, posiblemente porque no deberí­a hacer falta gracias a las enormes posibilidades de repartir el riesgo que el propio sistema ofrece.

Pero la separación serí­a tajante solo si el Banco Central fuera capaz de mantener el tipo de interés siempre en su nivel «natural»a la Wicksell. Pero no es capaz porque persigue una tasa de inflación estable con independencia de todo lo demás.

Como todo lo demás cambia, el éxito de la polí­tica públicamente anunciada del Banco Central puede ser nocivo pues la tasa de inflación fijada puede exigir unos cambios en los tipos que no son coherentes con los que se necesitarí­an para que el sistema financiero se mantenga firme ante el cambio de que se trata.

Nada puede sustituir el análisis serio y fundamental de un economista que no se pierde en tecnicismos. Y nada me divierte más que un economista así­ critique a los Bancos Centrales, una institución que fue nociva en los años 30 del siglo pasado, que ha funcionado bien en los últimos años; pero que de ninguna manera merece el respeto reverencial con el que se le trata.

El sujeto según Arregi

Joseba Arregi escribe hoy en El Mundo un ensayo sobre la deriva posmoderna de la polí­tica. Como siempre muy culto y profundo; al menos así­ me lo parece a mí­ y supongo que también a todos los que no hemos leí­do a Kant de primera mano, por así­ ­ decirlo.

Hay un párrafo que me gustarí­­a destacar:

Y así­ puede suceder que alguien propugne como solución a la vilencia terrorista, algo por desgracia muy real y que cuesta vidas reales, el diálogo sin lí­ ­mites ni condiciones, el diálogo sin reglas, sin gramática, sin semántica, sin estructuras, espacio abierto a las exudoraciones de quien habla, aunque no le pueda entender nadie y no produzca más que un monólogo sin sentido, todo lo contrario del diálogo.

Según Joseba el diálogo es algo funcional que no puede convertirse en un fetiche valiosos en sí­ mismo. Y es aquí­ ­, en este punto, en el que quiero pararme a reflexionar un poco.

No sé si el diálogo, ya sea genuino o degenerado en monólogo, tiene futuro como método de erradicación del terrorismo aunque no soy capaz de imaginar su fin sin algún tipo de conversación entre algunos. Tampoco sé quienes han de ser estos algunos; pero lo que no me resulta fácil de aceptar es lo que Joseba parece dar por garantizado: que hay «gramática» adecuada para un cierto diálogo que, gracias a ella, podrí­a ser fructí­fero.

Por un lado me recuerda a la discusión sobre instituciones en Teorí­a Económica. Desde hace unos añoos éstas son la panacea para cualquier cosa y la explicación favorita para el éxito o el fracaso del desarrollo económico. Sin embargo nadie se para a pensar que no toda institución es sostenible o duradera. Y deberí­amos pensarlo porque solo lo son (y nunca del todo) aquellas instituciones que son autosostenibles, una propiedad que no tiene más remedio que atender al romanticismo del sujeto que critica Arregi como ejemplo de decadencia.

Por otro lado, a mí­ ese romanticismo no me parece decadente, sino, más bien, la vanguardia de la radicalidad que por fin nos atrevemos a pensar. La gramática, la semántica y las estructuras no están ahí­, en las baldas de un supermercado intelectual, dispuestas a ser compradas, transportadas y montadas por los bricoleurs de la mente. No, esa gramática, esas estructuras, esa semántica, son el resultado del rozamiento desestructurado de un comienzo.

Citaré a mi favor a un filósofo bien conocido cual es Aute. En una canción a la que creo que ya me he referido en algún momento, nos canta que el pensamiento no puede tomar asiento y que está siempre de paso. Las instituciones o reglas que Arregi echa en falta serí­an como esas sillas en las que, una vez utilizadas, el pensamiento deja de ser tal.

Pero el poeta sigue y nos dice algo así­ como que quien quiere poner reglas al juego es que no ha jugado nunca o que tiene miedo a jugar. Una cosa es que los que se dedican a la Teorí­a de los Juegos piensen en la solución que se alcanzarí­a con unas reglas determinadas y otra menos fácil de atacar y más filosófica es que esas reglas no son obligatorias ni las únicas posibles.

Estudiar esto último y preocuparse por ello no es una muestra de degeneración o de debilitamiento del pensamiento. Es más bien una aventura, más o menos romántica, que solo los muy solitarios están dispuestos a jugar. Es como los medicos que se autoinyectan la droga que creen pude ser útil y salví­fica. Es verdad que esto no suele ganarles el premio Nobel. Y ¿qué?

ARID: FIN

Terminada la miniserie sobre mis particulares matices de las convicciones de Vicente Urnieta, toca que me pregunte a quién puede votar un ARID como yo que es, a su manera, ateo, republicano, independentista y de derechas. Eso es ¿a quién voto yo en las próximas elecciones generales? Bueno, todaví­a queda tiempo; pero hay que empezar a pensar.

No puedo votar al PP, aunque son de derechas, porque no son republicanos y esconden su agnosticismo de facto entre un montón de beaterí­a.

No puedo votar al PSOE porque son de izquierdas y totalmente jacobinos a pesar de las buenas palabras de Zapatero.

IU no está mal pero son, a mi humilde parecer, de una izquierda tontorrona que no es de mi agrado.

Solo me quedan los periféricos; pero hay que distinguir.

ERC es republicana e independentista y sus militantes posiblemente ateos. Me gustan; pero, claro, son de izquierdas.

El PNV es de derechas, pero son unos santurrones (en este caso de verdad), ocultan qué quieren en materia de independentismo y no se sabe muy bien lo que serí­a ese pacto con la Corona que no parece encajar muy bien con el republicanismo.

No hablo de CIU porque no sé si existe y porque le pasa como al PNV, que de tan pragmáticos que son, uno sabe a qué carta quedarse.

Solo me quedan los muy pequeños, los que conforman el grupo mixto. Es decir mi voto está de antemano perdido. ¡Qué le voy a hacer!

ARID 4: de derechas

Simplemente porque creo que el hombre es malo. Esto es lo que dejó escrito Vicente Urnieta. Pero aquí­ me organizo un buen lí­o intelectual. La confusión proviene de que, si esa fuera mi razón para ser de derechas, serí­a consecuente que fuera, lo quiera o no, un pelí­n intervencionista. Los de izquierdas creen que, como el hombre es bueno, solo hace falta dejarle funcionar en un entorno rusoniano. Esto plantea una paradoja pues se supone que los intervencionistas son los de izquierdas.

Pero todo esto está cambiando o, mejor dicho, yo estoy cambiando en relación con estos asuntos. Pienso que los de derechas se refugian en el intervencionismo incentivador a la manera de Sarkozy, para encubrir sus rentas adquiridas de tapadillo. Creo, por lo tanto, que las izquierdas deberí­an atacar estas rentas y el corporativismo de clase en el que están basadas.

Por esa razón recomiendo encarecidamente que lean el trabajito de Alesina y Giavazzi que muestran cómo el liberalismo de izquierdas por el que abogan acabarí­a con la captura de los reguladores y con las correspondientes rentas.

Como de esto ya he hablado ampliamente en un par de posts relativamente recientes lo dejo ahí­ sin entretenerme en discutir sobre el liberalismo que me gusta. También sobre esto escribí­ una cosa larga en CLAVES a propósito del 60 aniversario de Road to Serfdom de Hayek.

ARID 3: Independentista

Cómo evitar ser independentista? Nadie quiere depender de nadie y todos los Estados actuales rechazan ser dependientes de otro. ¿Quién querrí­a ser dependiente de otro?
Es una cuestión de libertad. Esto último es lo que decí­a Vicente Urnieta.

Por mi parte me parece que la cuestión es un poco más complicada y ya he explicado en Polí­tica Exterior porqué yo defiendo el Principio Confederal. Básicamente se trata de preferir un entorno polí­tico que respete el principio de subsidiariedad y de que se descentralice la organización ( de cualquier tipo) y, sobre todo, la regulación pues esto último es la única garantí­a de que no se capture al regulador eliminando así­ el origen de toda renta. Ya se que estas ideas son mí­as, pero me solazo pensando cómo las hubiéramos discutido Vicente y yo siendo como son totalmente heréticas.

Pero fuera la nostalgia. Continúo. Este Principio Confederal, tiene la ventaja de no olvidarse de lo que se olvidan los independentistas a secas, como Vicente, al menos en esos escritos póstumos difí­ciles de fechar. Esta ventaja que no se puede olvidar es que la seguridad, además de la libertad, está bien atendida bajo el Principio Confederal precisamente porque no hay seguridad sin interdependencia. Es ésta la que asegura la paz entre comunidades.

Y lo curioso es que tanta más interdependencia hay cuanto más grande sea el número, y menor el tamaño, de los Estados o de las correspondientes unidades polí­ticas de que se trate. Ya sé que me estoy aprovechando de lo que nunca dijo Vicente para introducir de matute algunas de mis ideas, pero yo lo tomo como un homenaje a su forma de pensar, siempre a contrapelo.

ARID 2: Republicano

¿En este punto del llamado «problema de España» no se trata de ser antimonárquico o de sentir nostalgia de la segunda república y mucho menos de ser más o menos ingrato con una persona en particular. Tampoco naturalmente de elevarnos al cielo de la politologí­a y pensar en el republicanismo como liberalismo con acento a la manera de Phillip Pettit

A mi juicio de lo que se trata es, en este mundo de las redes distribuí­das en el que nos movemos y en el que todos estamos relacionados con todos, de la ridiculez que significa medir nuestra importancia como nodos de acuerdo con una lógica vieja que medirí­a nuestro poder según la distancia con un nodo irrelevante que algunos llaman Rey.

Así­ se entiende la radical y compacta afirmación de Vicente Urnieta: soy republicano por autorespeto aunque cuando la anotó no creo que hubiera pensado en redes.

Como sin embargo la idea de Corte no se ha plasmado en esta Monarquí­a Parlamentaria, no parece, diga lo que diga Vicente, que esta cuestión sea relevante más allá de la posible herida a la sensibilidad personalí­sima de algunas personas.

Aunque algunos periódicos se entretengan hablando de la pinza antimonárquica que formarí­an la derecha radiofónica y la izquierda testimonial, aquí­ no hay ningún problema significativo más allá del amarillismo de algunos medios on line que especulan con la fortuna de la familia real.

De todas formas no veo nada malo en ser republicano en el sentido de siempre y en que se defienda esa forma de Estado y ni qué decir tiene que pedir once meses de prisión para alguien que quema una foto del Rey me parece un despropósito que indica qué poco se valora por estos pagos la libertad.

Y aun siendo ésta una cuestión menor me pareció feo que el Rey se dedique a defender la Monarquí­a en la apertura del Curso académico en la Universidad de Oviedo. Por un lado me recordó a los pilotos de lí­neas aéreas que son trasladados a otro aeropuerto simpre en primera clase y, por otro lado, si esa fuera una forma aceptable de estabilizar la situación polí­tica, entonces podrí­amos pedirle que intervenga más a menudo. Y casi mejor que no.

ARID 1: Ateo

Vicente (Urnieta) dejó escrito un comentario crí­ptico sobre este punto. Decí­a ese comentario: no me hace gracia el chiste que se atribuye a Buñuel, eso de que «soy ateo por la gracia de Dios». Yo-escribe Vicente- soy ateo por honestidad.

Vaya usted a saber lo que tení­a in mente el pobre Vicente en las fechas en que escribió esas palabras; pero leyéndolas ahora a mí­ me recordaron lo que escribí­a yo hace meses.

Quizá merezca la pena citar los dos últimos párrafos de aquel post.

No basta con suspender el juicio, hay ya que decir en alta voz que, exista Dios o no exista, no hay manera de saberlo y que afirmar su existencia es un simple abuso del lenguage. De acuerdo con lo poco que sabemos y las reglas del lógica nuetra obligación moral es, dado el estado presente de nuestro conocimiento, defender su inexistencia.

Que el ateismo se ponga de moda es un buen sí­ntoma de que la libertad de pensamiento se impone.

A la luz de la palabra sentenciosa de Vicente Urnieta y de las cosas que decí­a yo hace bien poco, quizá podrí­amos hacer algún comentario sobre este aspecto del presunto problema de España.

No somos los ateos lo suficiéntemente numerosos, entre todos los inumerables agnósticos de facto, como para poder zanjar la cuestión del laicismo de una vez. Si fuéramos más acabarí­amos forzando una denuncia del famoso Concordato con la Iglesia Católica para que ésta pase a ser en el ámbito público lo mismo que la iglesia de los Adventistas del Séptimo Dí­a.

Una de las ventajas de esa denuncia serí­a que la educación volverí­a a recaer sobre los padres y no sobre la instrucción impartida por los colegios concertados, casi todos ellos relegiosos. Es demasiado cómodo quitarte de encima tu propia responsabilidad delegando en una orden religiosa la transmisión de los valores que han de sostener nuestra forma de convivencia.

Y todaví­a me parece más objetable la postura de los que defienden esa elección suya pretextando que es peor dejar que sea el Estado a través de los colegios públicos el que adoctrinen a nuestros hijos, como si la educación religiosa no fuera adoctrinamiento.

Ateo, republicano, independentista y de derechas (ARID)

Hace unas semanas me invitaron a una comida en la que degusté, además de unos excelentes chipirones, una conversación interesante e inteligante, dos cosas que no siempre van juntas. Esta conversación era más bien polí­tica y se desarrollaba perezosamente en torno al «problema en que nos encontramos».

Sin necesidad de precisar mucho parecí­a ser conocimiento común que el problema de España es si se rompe o no, si la asignatura de Educación para la Ciudadaní­a es respetable o no, si la transición se ha acabado o todaví­a tiene algo que ofrecer y si tiene sentido la extraña reacción antimonárquica, amén de no pocos problemas concretos que van desde la Memoria Histórica a la subvención por hijo, pasando, cómo no, por la situación económica. En resumidas cuentas, que pasamos revista a los temas que están siendo objeto de la larga campaña preelectoral que estamos viviendo.

Las cuestiones son tan sabidas, habiéndose ya dicho sobre ellas todo lo que cabí­a decir, que solo dan para una comida entre amigos a no ser que nos las tomemos más personalmente y nos decidamos por realizar un ejercicio de introspección. Pues bien, quizá es el momento adecuado para contarme a mí­ mismo qué es lo que soy, en términos polí­ticos y/o ideológicos, después de una vida bien llena de acontecimientos y a la espera de los que todaví­a han de sorprenderme.

Y cuando he comenzado mi introspección me encuentro, sorprendentemente, con que la mejor manera de condensar el resultado de la misma es a lo largo de los mismos cuatro ejes que intentó utilizar Vicente Urnieta hace años, según los papeles póstumos que obran en mi poder. El paso del tiempo exigirá sin duda que añada una coda final a cada uno de ellos para aclarar porqué es posible que esos ejes ya no sirvan o que no sirvan de la misma manera que hace treinta años cuando probablemente los pensó Vicente por primera vez.

He aquí­ los cuatro ejos de la confesión de juventud de Vicente Urnieta: soy ateo, republicano, independentista y de derechas.

Espero contarles en sucesivas entregas porqué yo me reconocí­a en esas cuatro extravagancias de mi amigo y porqué sigo haciéndolo en cierta medida a pesar de que ahora tengo una perspectiva más amplia que me obligará a cualificar esas declaraciones de principio. afirmaciones.

Parcheando los efectos de la última crisis financiera

Los mercados financieros siguen en condiciones de alarma. Los bancos no confí­an unos en otros y por dos buenas razones . Porque no saben hasta qué punto está cada uno de ellos cargado con los malos créditos relacionados con las hipotecas que todos temen sean non-performing en poco tiempo. Y porque no saben tampoco cuanto valen los vehí­culos especiales en los que se han instalado las asset-backed securities a pesar de que todos los adelantos de la literatura técnica de finazas parecerí­an ser capaces de valorar cualquier cosa.

Sin embargo hay un malentendido en esto último. Todo se puede valorar en función de un subyacente cuyo comportaminte se cree conocer. Pero nada es conocido en los mercados ( y si no que se lo pregunten al LTCM y a sus socios especialistas en valoraciones de derivados; les mató un black swan). Pero cuando el subyacente ni siquiera tiene una historia como es el caso de muchos de los tí­tulos sintéticos donde se introducen toda clase de activos para dispersar el riesgo, no hay manera de alcanzar una valoración aceptada unánimemente.

En estas condiciones lo importante era y es la propia dispersión del riesgo. Podrí­amos imaginar que conseguimos dispersarlo hasta sus últimas consecuencias llegando, como si dijéramos, a que cada ser humano soporte la parte alí­cuota que le corresponda.

Es importante recordar esto porque el fondo que acaban de constituir Citi, BofA y J.P.Morgan (M-LEC, Master Liquidity Enhencement Conduit) abierto a otros muchos, es la manrra de seguir por la la senda de la redisribución del riesgo. Si llegáramos al final de esa senda, no se necesitarí­a un prestamista de última instancia que discriminara al menos un poco entre los fantasiosos y los que han tenido mala suerte. Bastarí­a en realidad con que este fondo capitalizdo por esos bancos admitiera comprar los créditos dudosos de algunos colegas y, a su vez, los empaquetaran correctamente para que la confiaza se recupere.

Esto valida la tesis de que en buena parte la naturaleza de la crisis actual está relacionada con la innovación financiera. Sin duda en su origen detectamos la interconexión global del sistema financiero, lo que por un lado facilita el contagio y, por el otro, dispersa el riesgo haciendo el sistema más resistente que hasta ahora. Esto, incidentalmente, apunta a un nuevo capitalismo en el que las crisis son frecuentes y menos duraderas colaborando a la circulación de las clases ricas y poderosas. Los cinco minutos de gloria que a todos nos van a tocar.

Pero todo esto tiene también una lectura adicional menos pretenciosa. Por primera vez es el propio sector, sin ayudas de los reguladores, el que está dispuesto a sacar las castañas del fuego aun a riesgo de quemarse las manos. Merece la pena este empeño desregulatorio.

¿Y qué pasa con el azar moral? Pues nada siempre que los bancos que han sabido ser prudentes y que básicamente conocen bien la gestión del riesgo y no se meten donde no entienden su naturaleza, van a salir bien parados porque no necesitan ese fondo que es costoso y porque pueden, si lo entienden y lo desean, quedarse con parte del beneficio del esquema. El que les correponde por ayudar a la salvación de un sector al que pertenecen.