El metro y el encierro:cuestión de distancia

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 11:05 am el Domingo, Agosto 19, 2007

 Con el calor y el síndrome vacacional se me había olvidado esta impresión ya pasada, pero  el final del calor, al menos, en esta bendito Baix Empordà, me recuerda que no quiero olvidarla hasta que vuelva al trabajo o hasta el verano que viene.

La salida del metro en los Nuevos Ministerios a las 8.30 de la mañana se parece al encierro de los Sanfermines. Todos los mozos y mozas llevan el periódico en la mano enrollada en una especie de testigo de una carrera de relevos sin relevos. En Pamplona será  sin duda ese periódico, el Pensamiento Navarro, del que Pío Baroja decía cosas que no quiero reproducir, mientras que en ese trozo de la Castellana se trata seguramente de uno de los gratuitos.

En el caso navarro es una cuestión de distancias. El toro no ve bien y lanza su cabezazo contra lo que ve de cerca que mejor es que no sea tu espalda. En Madrid en un día laborable es una forma de mantener las distancias en el metro, y más allá de su salida, una manera de sostener o continuar una conversación con un amigo reciente sin acercarte demasiado justo antes de ser engullido por el monstruo.

Lo curioso es que un periódico sirva para mantener las distancias. Y sobre esa especie de paradoja merece la pena reflexionar. Otro día

Technicalities sobre la crisis

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 7:11 pm el Sábado, Agosto 18, 2007

El otro día se trataba de efectuar unos comentarios bárbaros sobre la crisis. Hoy se trata solo de llamar la atención sobre la última entrega de Buiter y Siebert. En ella se entiende mucho mejor lo que querían decir cuando escribían sobre la FED como market-maker de última instancia.

Aparte de eso siguen insistiendo en el problema de moral hazard; pero aunque sé de lo que hablan y no necesita explicación para cualquiera que lea los periódicos estos días, no me parece muy relevante pues me pongo en la piel de un banquero y los riesgos de verdad, y no meramente rutinarios, que estoy dispuesto a tomar me parecen independientes de que haya o no una red para mi institución. No la hay para mí y eso es lo que importa para mi decisión.

Es mucho más importante las oportunidades que genera la innovación que serán aprovechadas haya o no red de protección.

Sarkozy se enreda y Krugman patina

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 12:24 pm el Sábado, Agosto 18, 2007

Sigue de vacaciones pero ha escrito una carta a Angela Merkel, presidente de turno del G-7 para convicar una reunión sobre mercados financieros, una cosa anglosajona que no le gusta al francés de origen húngaro.

Protesta contra las agencias de rating, aborrece la especulación y solicita medidas consensuadas para regular los mercados de forma que sean más transparentes.

Pero resulta que la transparencia no es la purga de benito y puede ser contraproducente, que la especulación no es sino parte central del funcionamiento de los mercados a no ser que queramos volver al crédito oficial y que la regulación siempre llega tarde y mal. Enron acabó con la falacia de que las compañías de accountancy son infalibles y la crisis actual parece que puede hacernos recordar que las agencias de rating nacen por iniciativa privada y que se mantiene por pura reputación, justamente lo que ahora parecen estar perdiendo.

La heterodoxia de Sarkozy reaparece bajo un disfraz muy antiguo, el sdsfraz de la razón burguesa a la francesa que cree que todo tiene una solución racional  ( lo que puede ser verdad) que lleva al mejor de los mundos ( lo que nunca es cierto).

Pero, en cualquier caso, nada ocurre de golpe. Las cosas mejoran poco a poco, en tiempo real  y solamente como  media, lo que, naturalmente, no excluye batacazos como el de estos días que no podrán ser evitadas en el futuro por mucha razón que se le eche al asunto, por mucha comisión del senado (Sabaness-Oxley) que se monte o por mucho código de buen gobierno ( el refundido por Conthe) que se nos venga encima.

Lo que la experiencia enseña es que no enseña nada excepto a que cada uno  funcione nosiguiendo al rebaño sino solamente cuando esté convencido que entiende el mecanismo y conoce su capacidad de asumir riesgos y su voluntad de hacerlo. Esta es la única regla posible y ninguna otra resistirá el empuje de la innovación. Enron inventó cosas de interes y los derivados o las asset based securities están aquí , y espero que se queden, para repartir el riesgo.

Esta es una lección a aprender que Sarkozy parece no querer enfrentar. No hay que regular o cerrar fronteras en ningun sentido, ni real ni figurado. Lo que hay que hacer es todo lo contrario, llevar al paroxismo el reparto de riesgos, tal como trataba yo de subrayar hace poco al hablar de sexo y decir que cuanto más menos peligroso, glosando lo que había escrito no sé quien, y en base a un artículo muy antiguo que quizá aparezca pronto en una nueva colección de mis columnas.

Y tampoco estoy seguro de que Krugman tenga razón en su última entrega en la que aboga por que no se saque de apuros a los bancos excesivamente ambiciosos o arriesgados y porque se apoye al ingenuo ciudadano que ha sido captado por un malévolo banco con sus redes hechas de hipotecas adornadas falsamente. Me parece que no hay más remedio que ayudar a los bancos en apuros comprándoles sus créditos malos y no dejando que se seque el crédito. Las cosas son así y nuestro único consuelo es que a mediada que el capitalismo toma velocidad, los heridos no son siempre los mismos y las ganacias de la innovación recaen sobre una población cada día más amplia.

Desde mi Blackberry

Clasificado bajo: postales — Juan Urrutia a las 8:21 pm el Viernes, Agosto 17, 2007

Aprendiedo a aprender el manejo de la blackBerry

¿Es un fraude el posmodernismo?

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 10:55 am el Viernes, Agosto 17, 2007

 Leer los periódicos en verano, debería decir con más propiedad en las vacaciones de verano, es una tarea dificil porque cambian de naturaleza, pasan a ser escritos por becarios y hablan de cosas que no parecen noticiables. Esto es lo que hace de ese ejercicio una aventura peligrosa.

Una entrevista en la Vanguardia al ensayista argentino Juan José Sebreli me ha puesto en funcionamiento despertándome por un momento de la somnolencia que me proporciona la belleza de lo que Pla llamaba el Empurdanet y me ha conducido por caminos llenos de minas.

Dicen que Sabeli dice: ” El Posmdernismo es un gan fraude”. Muy apropiado para echar la siesta; pero a mí me ha disparado y me ha irritado. Como se trata de una entrevista destacaré solo lo que el que ha compuesto el texto destaca. Además de criticar la oscuridad de los pensadores posmodernos franceses como Derrida, Barthes, Deleuze o Lacan y olvidarse del terible Foucault añadiendo al pobre Althuser,   les acusa de antirracionales ( cuando lo que son es precisamente hiperracionales) aunque admite que  “es positivo criticar los excesos del racionalismo, pero para eso se recurre a argumentos racionales” . Su leitmotive es muy sencillo: ” Lo que se llama posmodernidad es en realidad antimodernidad: estar en contra del mundo moderno”, algo que debe de ser muy grave porque la modernidad es lo único que tenemos de respetable como herencia de la Ilustración, ese proyecto que no deja de ser liberador a pesar de todos sus defectos, dice Sebreli.

Tendría que darse cuenta, sin embargo, de que no hay irracionalismo posible, que no tenemos más remedio que ser racionales; pero que  el racionalismo se dice de muchas maneras, algunas de las cuales parecen tan raras que las mentes científicas se irritan hasta extremos csi ridículos como les ocurrió a Brickmont y a Sokal. Pero no es eso lo que quiero defender del posmodernismo o para lo que quiero utilizar la entrevista veraniega con Sabeli.

Lo que quiero es ponerla en relación con otras dos lecturas veraniegas de esas que parecen que resbalan pero que acaban perfilando tu sensibilidad. The Black Swan es una demostración de que la literatura de aeropuerto mjora sensiblemente. Su autor, N. N.  Taleb ya saltó a la fama como autor de otro best seller, Fooled by Randomness, y en esta ocasión quiere llamar nuestra atención sobre las implicaciones de todo tipo del problema de la inducción yendo más allá de las obvias.

Una de estas implicaciones que me ha llamdo la atención y que, como ahora veremos, tiene relación con el posmodernismo es lo que llama a Narrative Fallacy, es decir esa creencia extraña de que para que algo tenga sentido, es decir se entienda y vaya a algún lado, debe formar parte de una historia o de un cuento con todas sus formas tradicionales. Según Taleb es que estamos hechos así neurológicamente para comprimir la información y hacer más fácil su recuerdo. Yo me atrevería a interpretarlo como diciendo que la teoría es solo una regla nemotécnica que a menudo nos engaña y nos vela visiones alternativas.

Pero no creo que sea solo un problema neurológico, sino también una manera de acumular conocimiento socialmente compartible. Sin la narración no somos nada, esto justamente es lo que están diciendo los posmodernos quienes lo aprenden de los hermeneuticos como Gadamer quienes a su vez parecen haberlo entendido de esos dos monstruos con los que soñamos en nuestras más cobardes pesadillas como son Nietsche o Heidegger.

Y sin embargo su apogeo coincide con la muerte de la gran narración, abriendo la puerta a las interprtetaciones neurológicas. He aquí justamente lo crucial de la distinción. La gran narración de la aventura humana como un camino lineal de liberación parecido a la gran emigración hacia el oeste americano, es un cuento que ya no nos lo tragamos sobre todo porque no hay aventura común y porque cada grupo tiene su mito fundador que le refleja y sostiene, algo de lo que se ha ocupado el gran Levy Strauss a quien Sabeli parece respetar. La gran narración se desmiga en pequeñas e irreductibles narrativas a las que presta toda su atención esa corriente que los americanos han dado en llamar la French Theory y que a mí me parece tan liberadora como para permitir que me sienta al mismo tiempo totalmente prescindible y parte imprescindible de un grupo humano específico y diferente.

Por lo tanto a mí no me parece el posmodernismo un fraude sino más bien la consecuencia paradójica de la honestidad intelectual y de un saludable escepticismo. Exactamente lo mismo que me parece la citada hermenútica de Gadamer y Ricoeur que entendieron y me hicieron entender la distinción de Dilthey entre Verstehen y Erklärung, entre comprender y explicar, algo sobre lo que he vuelto a leer en ese libro antiguo y raro que se llama Economics and Hermeneutics y que fue editado por el difunto Don Lavoie.

Quizá con estas dos nociones que enseguida trataré de explicar, podamos entender, como un subproducto interesante, algunas extrañas maneras de hacer economía que llevan ya tres décadas perfilándose como el paso de la Ciencia Económica desde una afición intelectual a una verdadera ciencia.

Comprender es hacer tuya una idea propia o de otros ubicándola en la tradición de las que formas parte, mientras que explicar es dar razones para que creamos como plausible un conjunto de factores interconectados que darían cuenta de una realidad aunque esa explicación sea un sinsentido para la tradición en la que comprendemos.

El posmodernismo es afirmar que la explicación suele estar tintada de tradición y que mejor haríamos en saberlo y tenerlo en cuenta, sin creernos que los datos son puras reliquias arqueológicas que no mienten a quien sabe leerlas. La cuestión es que hay muchas maneras de leer todas ellas dependientes de quien nos enseñó a leer.

¿Nos dice algo todo esto sobre el sutil o no tan sutil cambio que se está operando en el quehacer de los economistas? Yo creo que nos dice algo que no se entiende muy bien todavía.Parecería que la dsponbilidad de datos y la facilidad de su manipulaciñon esté haciendo de la teoría económica una ciencia como las naturales que no tiene trasfondo cultural, sino solo hechos que han de ayudar a  perregeñar una explicación libre de supesticiones. Y sin embargo yo creo detectar en los viejos rockeros, con excepciones, una nostalgia por la historia que da cuenta de esos y otros datos de acuerdo con un cierto a priori dificil de justificar.

Es como si uno echara de menos la sociedad intertemporal de los economistas de todos los tiempos y se encontrara en un territorio desconocido que debe volver a cartografiar cuando ya a penas le quedan fuerzas. Pero el caso generacional y la sensación de inconsecuencia que acompaña a la vejez no debe ser obstáculo par entonar un cántico de alegría por las novedades que las generaciones nuevas nos traen consigo. 

Topillos o swarming contra swarming

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 6:54 pm el Miércoles, Agosto 15, 2007

Parece que, con el cambio de los retenes de periodistas por esto de las vacaciones ya se hubiera acabado el problema que causan esos pequeños roedores.

 Sin embargo el problema está ahí y no es dificil relacionar la plaga que representan, metafóricamente al menos, con”el poder de los pequeños”.

En el libro de este título  de Andrés Ortega editado por Galaxia Gutemberg-Círculo de Lectores, hay una explicación repetitiva, parcial y poco inspirada de una idea cierta y vieja ya: la imposibilidad de sostener durante mucho tiempo el poder, de cualquier tipo, en un mundo en el que la gente está conectada de una mannera distribuída. El libro de David de Ugarte es mucho más perceptivo e informado en este y otros respectos.

Pero lo de los topillos en Castilla-León me ha recordado lo que es más interesante del verdadero poder de los peqeños: su capacidad para rebelarse y eliminar cualquier ventaja que nadie pueda tratar de acumular y hacerlo mediante una ciberturba o equivalente.

Unos 70 millones de topillos son como el número de blogs en el mundo, una cantidad que supera la imaginación, que no toda ella es operativa , pero que cuyos constituyentes sirven como nodos de una malla tupida. Pueden acabar con la ventaja de situación  de varias denominacines de origen de la zona.

Si queremos evitar ls consecuencias de la plaga-y claro que queremos-hay que luchar en sus términos. No valen para nada las campañas oficiales que apelan a “todos contra el topillo”. Un protección civil calcada de la lógica militar no sirve de nada y la famosa Agencia de Crisis que reclamaba el PP hace días con ocasión de los fuegos en Canarias; pero que no parece reclamar para el asunto más reciente de las infraestructuras catalanas,  es una ridiculez en este caso.

La única forma de lucha es la que a su vez esta sea distribuída, con cada trabajador del campo, equipado con su móvil, encargándose de un trocito del campo y reportando sobre los movimentos de cada topillo a sus vecinos inmediatos.

Swarming contra swarming.

Anotaciones bárbaras a una crisis anunciada

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 5:34 pm el Lunes, Agosto 13, 2007

Es hora de ser un poco osado y decir algo un poco más radical y bábaro que las explicciones estándar que leemos todos los días en los periódicos y que se copian unas a otras sin que se vaya al fondo de la cuestión. Y es hora de que no se separe la opinión de un observador teórico de la  de un simple inversor. Ambas deben encajar la una en la otra.

Bien cierto es que se me han adelantado Buiter y Siebert y que su conclusión es perfectamente compartible:

Monetary policy is easy; preventing or overcoming a financial crisis is hard; managing the exit from a credit squeeze without laying the foundations for the next credit and liquidity explosion is harder still. Central bankers should earn their keep by acting as market makers of last resort.

Su análisis es suficientemente sofisticado como para dejar espacio a unas anotaciones más bárbaras que deben empezar por reconocer que la situación parece no muy halagüeña, aunque las bolsas parecen haber resistido bien hoy, cuando se admite un artículo como el citado, que rompe los límites fijados por el editor de este intento de debatir con un público amplio problemas de política económica delicados.

No hay manera de no poner en el origen de esta crisis dos fenómenos cruciales. Los movimientos migratorios y los bajos tipos de interés reales propician desde hace unos diez años una demanda espectacular de viviendas en ciertos lugares, como las dos costas estadounidenses y casi toda España entre otras, una demande que a partir de un momento determinado tiene mucho de meramente especulativa basándose en la creencia que el ladrillo es una buena inversión porque su precio parece crecer sin límite.
Por otro lado nos encontramos con una nueva arqitectura financiera resultado de la crisis anterior, de la globalización y de los descubrimientos en materia de nuevos productos financieros derivados que pretenden mitigar los riesgos distribuyéndolos de manera menos concentrada y que parecen fáciles de valorar.
La primera anotación bárbara, dados estos dos factores, es que los bancos comerciales encuentran una vía de mejorar sus márgenes en esta época de tipos bajos aumentando el volumen de su actividad crediticia, especialmente la hipotecaria que parece no tener riesgos mayores ya que el colateral amplia su valor debido a la innombrable burbuja inmobiliaria. Pero no solo eso, sino que, además, de acuerdo con las formas nuevas de hacer las cosas estos créditos se pueden titulizar, es decie empaquetarlos y venderlos a terceros, fondos por ejemplo, que los usan para diversificar sus inversiones con un activo que parece bastante seguro pues está garantizado con un colateral que, a falta de otro análisis más profundo, está de moda. El hecho de que se puedan hacer paqutes favorece la mezcla de dudores buenos y menos buenos y esto, a su vez, anima a los bancos a seguir con esta estrategia.

Esta es básicamente la situación y a la vista de esta decripción descarnada o bárbara nada más natural que lo que pasa luego. No hay que ser bárbaro para darse cuenta que a medida que los bancos centrales subían los tipos de interés, el valor de los créditos concedidos, empaquetados o no, de buena o mala calidad, ha de ir disminuyendo y empeorando los balances de los bancos o de los inermediarios que compraron los créditos iniciales. Cuando eso ocurre los impagados suben, los intermediarios quieren deshacerse de sus paquetes antes tan deseados y comienza la carrera hacia la liquidez que, sin embargo, no puede conseguirse facilmente precisamente porque no hay nadie que quiera comprar. La iliquidez está servida y, en consecuencia, la desertificación del crédito. No hay manera de sostener una demanda efectiva a base de crédito nuevo. La Bolsa se resiente y las perspectivas macroeconómicas se revisan a la baja.

A partir de ese momento lo importante es el contagio pues de cómo funcione depende que el pánico se generalice o no. El segundo comentario bárbaro es que los instrumentos financieros que han surgido de la teoría financiera y de su práctica no son una nadería sino que realmente sirven para redistribuir el riesgo de forma que no hay porqué temer al contagio. Este, de ocurrir, lo hará solo por razones psicológicas; pero éstas se desactivan en cuanto aparece un prestamista de última instancia o siplemente asume públicamente su capacidad de serlo sin límites.

Esto es lo que han hecho los bancos centrales principales la semana pasada y el examen de su comportamiento puede llevarnos a un tercer comentario bárbaro.  Dicen los mencionados Buiter y Siebert que el papel del banco central en una ocasión como la presente no es el de pretamistas de última instancia sino el de creadores de nuevos mercados de última instancia y tiene razón porque los instumentos que debe utilizar un banco central para esta tarea de no dejar que se desertifique el crédito no son los mismos que utiliza para inyectar o drenar liquidez en tiempos normales mediante operaciones de mercado abierto. Ahora ,efectivamente, han de hacerse cargo de los paquetes que los intermediarios no desean tener porque lastran su capacida de continuar con el negocio. Cabe que digamos que esos bancos centrales no saben ben las caráterísticas , el riesgo y el valor de esos instrumentoe, pero no me parece muy relevante pues si hay alguien que pude enterarse rápidamente son ellos. No me parece por lo tanto que caben excusas para no actuar. Un banco central será o no al mismo tiempo el supervisor del sistema o de parte de él; pero es el único que puede frenar en seco estas estampidas Mi tercer comentario barbaro es justamente que, en las circunstancias actuales y tal como decía el otro día, y parecen corroborar Buiter y Siebert, es mucho más fácil contolar la inflación que mantener la tranquilidad en un sistema financiero novedoso.

Por lo tanto y a mi juicio no cabe discusión sobre la oportunidad de actuar por mucho azar moral que se pueda generar y por grande que sea el empeoramiento del balance de un banco central. Como dicen en su útima frase Buiter y Siebert:

Covering the central bank’s posterior is less important than preventing avoidable financial instability.

 Pero no solamente está en juego la estabilidad financiera, sino que está en juego el funcionamiento suave de todo el sistema económico global incluyendo el aparato productivo y la rápida incorporación generalizada de las nuevas tecnologías que en este su segundo intento parece que tienen buenas perspecticas de ser entendidads en su verdadeo potencial.  Si quieren pueden considerar esta afirmación como una cuarta anotación bárbara aunque a mí me parece muy civilizada.

Y llega el momento de entroncar mi análisis bárbaro de lo que pasa con mi opinión como inversor. De lo que he dicho se desprende que la crisis no se hubiera producido si los intermediarios financieros hubieran sido menos prudentes y se hubieran lanzado de cabeza a una promiscuidad sin freno repartiendo realmente el riesgo. Pero como las cosas son como son ahora termino con la notación más bárbara y al mismo tiempo la más esperanzadora.

Ahora nos acordaremos de Africa ( o de proyectos de infraestrutura de largo alcance) como posible oportunidad de inversión ya que con la crisis desaparecerán las oportunidades que desviaban la liquidez hacia otras inversiones aparentemente mejores. Y los más prudentes y conservdores como parecen haber sido nuestros bancos nacionales comerciales se tomarán su equivodada venganza intelectual y saldrán reforzados. Luego como inversor llamo a mi gestora y le recomiendo que compre BBVAs en cuanto frenen su caída y que se endeude a largo para invertir en fondos africanos aunque los emita un banco chino o en proyectos de largo alcance que ofrecerán una rentabilidad razonable que ahora parecerá muy sustancial.

Y después de esta homilía me tumbo a contemplar a lo lejos la Bahía de Rosas y me dispongo a esperar acontecimientos a esperar acontecimientos.

Odett, una comedia……

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 9:45 am el Lunes, Agosto 13, 2007

Ir al cine una noche de verano en Girona es un placer, pero pasar dos horas contemplando esta película es una extraña experiencia difícil de describir.

Uno cree que va a ver una de esas comedias francesas que están en el lote obligado de cine europeo y que solo aparecen en los meses de verano para dejar cupo a las que dan dinero pues encajan con el gusto de la gente. Es aparentemente un cuento fantástico y con toda certeza una de las cosas más cursis que uno puede echarse a la retina. La protagonista, la inefable Odett Toulemonde es tan parecida físicamente a la Aida de la tele, con su familia cutre y su incombustible e injustificable optimismo que se hace muy dificil no estar esperando la aparición del frutero de la esquina.

Ella, Odett,  viudad  del plomero Antoine, es feliz viviendo con su hijo mayor, peluquero homosexual en plena efervescencia  y con su hija semiadolescente que cobija como compañero a un zángano fumado y maloliente, en un pisito lleno de recuerdos espantosos en el peor barrio de Charleroi. En medio de este ambiente quizá berlanguero se podría haber desarrolado un canto a la felicidad tonta de una ex-cupletista que, de vez en cuando, se lanza a imitar a Josephine Baker y que sublima su pobre vida con novelas de amor y una increíble puesta de sol que surge en  un paño de pared de su habitación en cuanto apaga la luz.

Su presencia física es lo mejor de la película, piensa uno, pues el espectador ve en ella a la descarada que va a misa los domingos a pesar de que lo que le sigue apeteciendo es el mundo de las plumas y las lentejuelas y sueña con el amor desbocado aunque con faldita tubo y chalequito de punto.

Pero cuando uno está a punto de levantarse para ir a pasear al fresco, aparece el terror belga en toda su desnudez, entreverado con un Jesús fumado que sufre con ella y le acompaña en su pensamiento como un extraño alterego. Este terror belga conforma un surrealismo demasiado aprés la lettre. Desde el lesbianismo reprimido de su compañera de trabajo que le lanza miradas de deseo cuando se encuentran entre la seción de cosmética y la de libros o se lanzan a una visita clandestina a la sección de lingerie, hasta la disertación sobre cañerías masculinas y femeninas o la inceriblemente escabrosa traducción de una película japonesa que se pasa en la tele del pisito o la cruel manifestación de repudio de sus compañeras cuando, instigadas por la lesbiana despechada, le hacen el vacío ruidoso, solo falta un toque de pederastia secilla y pura. 

Cuando parece que se nos va a decir algo que merece la pena escuchar resuena como una flatulencia indecorosa. Y cuando parece no querer decir nada aparece el verdadero humor surrealista del jóven fumado que, para encontrarse a sí mismo y encajar con el mundo, se lanza a viajar desde Charleroi a Valenciennes (unos 1.000 kms. calculo yo) en mobilitte.
Uno sale de la sala completamente despistado. No sabe si ha visto la definición de lo cursi o si, por debajo de esa coartada, acaba de asistir al mayor acto de rebeldía o de disidencia que uno puede esperar o permitirse.
Parece ser que Bélgica es más que la Grand Place de Bruselas y sus restaurantes de moules frites y no solo el escenario del mayor lío lingüistico del mundo. Quizá es un ensayo de una verdadera acracia cursi y deseperada.
En cualquier caso yo no volvería a ver Odett. No se trata de una comedia sobre la felicidad. Es más bien una blasfemia que chirría tanto como repele un zumo de acibar por mucha azucar que le pongas.

Apuntes perezosos de fin de semana

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 4:31 pm el Domingo, Agosto 12, 2007

Apunte 1. El infinito, ese sueño de un matemático enamorado.

Apunte 2. Nature se hace eco del caso de Hans Werner Gottinger, un economista de mi edad al que conoce de antiguo Salvador Barberá y que parece ser, además de un inquieto profesor que cambia a menudo de centro de trabajo, un plagiario y haberlo sido desde hace al menos veinte años. Está feo lo que hace; pero ¡qué le voy a hacer! a mí me parece un héroe, un plagiario solitario que utiliza las redes sociales y su falta de completitud en su propio beneficio y yo diría que en el de todos pues descubre la pobreza de nuestra profesión. En efecto, si no le han cogido hasta ahora es porque los lectores de diferentes revistas en las que publicaba, no precisamente entre las mejores, no se relacionan entre ellos, ni la memoria de las generaciones vence en potencia a la de los peces, ni los miembros de claustros más o menos marginales se relacionan demasiado entre ellos. Pero no nos demos demasiados golpes de pecho. Si falsear resultados puede resultar indirectamente productivo, tal como acabamos de saber en relación al caso del famoso coreano con la clonación, ¿porque habría de extrañarnos que un simple y modesto plagiador que actua como “el solitario” sirva para extender el conocimiento? Además habría que estudiar con cuidado lo que ahora se llama un plagio y reconocer que esta figura puede representar al nómada que transmite conocimiento y guarda la memoria del saber.

Apunte 3. ¿Se puede ser un sibarita espartano? Desde luego que uno puede regalarse un Dom Perignon en un apartamento minimal, pero ¿ es esto de lo que quiere hablar Fdz.Galiano en El País de ayer sábado al presentarnos la figura de Rudofsky? Creo que no , que lo que pretende es una continuación de su artículo anterior, del que ya me hice eco hace unos días en el que asociaba la verdad con la austeridad. Ahora le toca el turno a la belleza como inseparable de la austeridad, a la relación entre la “ética del despojamiento” y la “estética de la sensualidad”. Pues, otra vez no. O no siempre. La sensualidad puede ir unida a la voluptuosidad y ésta no siempre encaja con la austeridad. Aunque sí es verdad que a veces sí se complementan  la una y la otra. Como tomarse una butifarra en el Mas de Torrent.

Apunte 4. Me muero de ganas de jugar con la blackberry. O, más exactamente, de que Itziar se cabree conmigo por mi torpeza en aprender a cómo hacerlo. Mientras llegan Rafa, Marta, Itziar y la blackberry dedicaré mi tiempo a pensar sobre la Big Science.

Estrenamos aparato

Clasificado bajo: postales — Juan Urrutia a las 11:09 pm el Sábado, Agosto 11, 2007

Desde Madrid gestionamos el estreno de la blackberry Urrutia

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