Educación para la ciudadanía

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 7:46 am el Miércoles, Julio 18, 2007

Mejor que no hubiera una asignatura así, sino que su contenido se difundiera mezclado con otros contenidos curriculares que no pueden evitar hablar de ello como serían, por ejemplo, la  filosofía, la historia, o la biología.

Naturalmente pienso lo mismo de aquellos contenidos éticos que suelen acompañar a la enseñanza de la religión.

Y respecto a ambas creo que son los padres los que debieran responsabilizarse de la transmisión de los valores sin delegar en otras instituciones esa tarea delicadísima. Porque los padres renuncian al ejercicio de su responsabilidad nos encontramos con aprovechados que pretenden arreglar la mala conciencia que les aqueja precisamente por esa dejadez. 

Ahora bien, si ya se ha votado en el Parlamento que una de esas dos asignaturas, Religión y Ciudadanía, es opcional y la otra obligatoria poco más hay que decir. Algunos creen que cabe la objeción de conciencia como cabría, por ejemplo, en el caso de un  funcionario de prisiones reconvertido en verdugo en un país que instaura la pena de muerte.

Pero el caso es distinto pues en el caso de ese verdugo el que puede objetar es una persona y en el caso de la Educación para la ciudadanía es un colegio, es decir sus propietarios, sin consulta con sus profesores. Como en este caso esa institución podría perder su habilitación para enseñar, la patronal mayoritaria de la enseñanza católica se ha apresurado a decir que no objetará, máxime cuando se pueden adaptar los contenidos.

Sin embargo la jerarquía pone el grito en el cielo y llega a denunciar, por boca de su inefable potavoz, que la educación para la ciudadanía representa el mal. Debe referirse a lo que concierne al sexo y específicamente a la homosexualidad y los tipos de familia.

¿Por qué esta obsesión?

More sex is safer sex

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 6:14 pm el Lunes, Julio 16, 2007

Aunque sea muy feo eso de decir “ya lo dije yo”, me he llevado una sorpresa tan grande que voy acaer en la grosería que suelo afear.

En Economía en Porciones incluía un articulo aparecido en EXPANSION titulado Virtudes Privadas, Vicios Públicos. Explicaba allí el porqué de los contagios financieros y lo hacía de tal manera que, casi al final, me permitía afirmar que”la causa de la invasión del SIDA no era la promiscuidad sexual, sino su falta. En efecto, si la probabilidad de contagiarse crece  con la repetición de encuentros sexuales con una persona afectada, esta probabilidad permanercería pequeña si la frecuencia de encuentros se mantuviera pero nunca se repitiera con una misma persona”.

He recordado este asunto al mirar al post de Mankiw que un día de estos me propuso  mi feevy y que les transcribo:

David Leonhardt reviews Steven Landsburg latest book ( More Sex is Safer Sex). He suggests it won’t become a megaseller like Freakonomics. David is probably right, but I don’t think he quite puts his finger on why.
Here is my hypothesis: Freakonomics was light on theory, heavy on (quirky) facts, and that is why it appealed to so many people. Landsburg is lighter on facts, heavier on (quirky) theories. He revels in the sometimes surprising logic of economics, which is not nearly as compelling for laymen as it is for econ professors.

By the way, I have read the Landsburg book and recommend it. But, then again, I am an econ professor.

No me siento mal compartiendo con gentes así la lógica de la teoría económica por muy sutil que ésta sea y por mucho que yo ya  hubiera dicho hace bastantes años que more sex is safer sex.

Fisiognómica perezosa

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 9:54 pm el Jueves, Julio 12, 2007

Estoy volviendo a engordar debido a que me forro a degustar diversas combinaciones de  dulce y de amargo. Ya confesé que, desde que perdí la vesícula biliar, esa combinación despierta en  mí una increíble capacidad fisiognómica. 

No tengo pues más remedio que, de tiempo en tiempo, darles a conocer los últimos descubrimiemtos anotados en mi Goulue concernientes a parecidos que me saltan a la vista sin que crea que implican ninguna similitud de carácter.

Primero Miguel Angel Quintanilla, Secretario de Estado de Universidades e Investigación, se parece mucho a Miguel Arias Cañete ( portavoz de economía por el PP en el Congreso de los Diputados ) aunque no es de esperar que hay ningún rasgo de caracter en común entre el castellano y el andaluz.

Segundo, no me dirán que Roger Federer, tan elegante, no se parece a Tarantino, tan sanguinario él.

Y quizá les sorprenda saber que los parecidos a veces son híbridos. Si han visto ustedes Belle Toujours y han observado al gran Piccoli  ( el que en su día se aferraba a una muñeca hinchable) se habrán dado cuenta de que es una mezcla sorprendente de Urgoiti  ( Presidente del Patronatodel Museo Nacional Centro  de Arte Reina Sofía) y del inteligente coleccionista Plácido Arango. Según el ángulo de la toma aparece el uno o el otro. En este caso les une a los tres el amor al  arte.

Y finalmente lo que más me ha sorprendido es la casi perfección de la similitud enre Carlos Espinosa de los Monteros (presidente de Mercedes y ex-presidente de Iberia) y Luis Mariano, aunque no veo al primero luciendo una boina vasca como era el caso en el “chansonier” de Irún.

Claro que debería mostrales los rostros de todos estos personajes, pero me da pereza. De todos modos he confirmado que todos están en Google Images. Bueno, no todos, me falta la foto de Urgoiti. Agradecería que alguien me la consiguiera. Gracias por adelantado.

Los sapos de Santiago de Chile

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 7:32 am el Miércoles, Julio 11, 2007

 Es el momento de contar esta historia de sapos ahora que Bachelet parece encontrar dificultades para su mandato precisamente en el sector del transporte público de la ciudad de Santiago que, de denominarse Transantiago, está pasando a ser conocido como transtortuga.

Pero la historia tiene también otras connotaciones interesantes que van más allá de la posible crisis de la coalición entre socialistas y democristianos, la Concertación, que ha gobernado el país desde el derrocamiento de Pinochet.

La de los sapos es una historia preciosa que me contó David de Ugarte después de su primera visita a Chile. Quizá yo no  la recuerde con precisión; pero creo no desvirtuarla demasiado si cuento que los autobuses privados de transporte  no tienen porqué tener un trayecto fijo; sino que llegados a un punto determinado de su línea, deciden cómo continuarla dependiendo de la situación de la demanda de destino que les comunique el delegado del empresario dueño de la flota. 

Cuando me la contó pensé que se trataba de un perfeto ejemplo del Capitalismo que Viene. En una situación así todos los elementos de la competencia perfecta están presentes incluyendo el desprecio por los costes hundidos. En una situación así las posibles rentas originadas  por la ventaja logística de un cierta línea se han disipado y se logra una asignación optima pues, aunque algunos se quedarán sin poder volver a casa a la hora prevista, no podrían ser mejorados sin empeorar a  aquellos otros que se han beneficiado de la respuesta instantánea de los autobuses que van dando saltos tan imprevisibles como los de los sapos.

Ya sé que, tal como he indicado,  quedarán  desatendidos ciertos destinos poco usuales y que la aparente locura se podría poner de manifiesto si pensamos lo que ocurriría en aeropuertos o estaciones de ferrocarril si aplicáramos la misma lógica. Pero esto es lo que trae consigo la verdadera competencia y la consecuente erosión de las rentas de situación o de otra naturaleza. Y no es tan terrible si reconocemos que lo natural sería paliar las disfunciones mediante modificaciones de los precios instantáneas tal como ya se hace en algunas líneas aéreas. Es porque esto no se puede hacer en el Transantiago que se modifican las líneas siguiendo la información que ofrece la demanda.

Podría pensarse que hay un cierto  paralelismo entre esta historia y el gregariso o hearding effect  en general y en particular con los carritos de la compra inteligentes que te dicen qué se está comprando más en ese momento. En nuestro caso lo que se sabe es qué línea se está utilizando más en ese momento de forma que el conductor se lanza a cubrir esa línea altamente demandada. El paralelismo se agota en el hecho de que con las TIC podemos tener información insántánea de la situación de la marginal willingness to pay. Pero a partir de ahí todo son diferencias. No se trata, como en el caso del efecto gregario de utilizar la información que el comportamiento de los otros revela. Se trata de entender cómo funciona el mercado y cómo, ante la imposiblidad de modificar los precios sobre la marcha, es eficiente acudir allí en donde está la demanda, es decir modificar la cantidad.

Ignorar estos efectos colaterales de la regulación sería tonto. Si los precios no estuvieran regulados es posible que el “salto de la rana” de los autobuses de Santiago de Chile no solo fueran óptimos sino que, además, no dejaran desatendido del todo ningún destino en particular.

E incluso es posible que el Gobierno de Bachelet no estuviera pasando el mal rato que parece que le aqueja.

Un comentario final. Notemos  que el hearding effect parecería contradecir The Wisdom of Crowds, mientras que nuestro fenómeno de los autobuses que saltan de una manera tan impredictible como lo hacen los sapos, es compatible con esa sabiduría de la muchedumbre que bien sabe dónde quiere ir.

ATM kafkiano

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 7:59 am el Lunes, Julio 9, 2007

Introduje la tarjeta en su ranura y tecleé mi clave. Ante mí se abrió el abanico de posibilidades y elegí sacar dinero. Tenía que acudir a una cena de amigos e iba un poco justo.

Lo quería de mi cuenta corriente en la que les aseguro hay dinero suficiente según el último estracto que me ha llegado a casa por correo. Pues bien, una vez elegida la cantidad, presioné el botón correspondiente y esperé un momentito hasta que apareció ante mí una pantalla que nunca había visto. Decía que no tenía saldo suficiente y me sugería que rebajara la cantidad solicitada. Así lo hice preguntándome cómo era posible que el papelito correspondiente que escupió la máquina indicara que no había efectivo disponible para mí.

Decidí correr el riesgo de no poder contribuir a mi parte alícuota de la cena del viernes, riesgo que no sé materializó, y el sábado fui a hacer la compra con el miedo de que no me admitieran la tarjeta , pero no tuve dificultades. Supuse que no es lo mismo dispensar efectivo que pagar con plástico ya que al fin y al cabo ese plástico es una tarjeta de crédito y no de débito.

Así que el domingo, después de un buen desayuno con los caprichos comprados el sábado en ese super que me encanta, salí a comprar los periódicos con el poco efectivo que me quedaba para pasar el día

Al pasar por delante de mi sucursal bancaria se me ocurrió intentar otra vez hacerme con un poco de dinero en efectivo; pero la historia se repetió. Ya inquieto decidí consultar mi saldo. Es posible que sin darme cuenta haya gastado más de lo habitual o, lo que sería peor, que algún pirata me haya saqueado mi cuenta corriente. Pero me he llevado una sorpresa mayúscula al contestarme la pantalla que no me pueden decir mi saldo por razones técnicas.

Hoy es lunes, el banco está abierto y me enteraré de lo que pasa; pero creo que merecía la pena comentar que las máquinas automáticas pueden ser tan repelentes como los seres humanos

Ley de Igualdad y cuotas

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 9:03 am el Domingo, Julio 8, 2007

Parece que esta ley se paraliza al menos momentáneamente. Sin embargo, este verano tengo que decir algo sobre paridad en los cursos de verano de El Escorial. Tengo un borrador de ideas propias y ajenas en favor de las cuotas; pero ahora me gustaría ensayar dos ideas nuevas para mí.

La primera es una idea más bien de tipo político. Me pregunto si las cuotas pertenecen al paternalismo libertario, que no reduce la lbertad de nadie, pero salva a incautos de sí mismos como cuando en Londres se permiten aconasejarte “Look Right” al cruzar una calle. O si quizás las coutas forman parte del republicanismo cívico que cree que el Estado está obligado a salvarte de la dominación por parte de cualquiera, incluído el propio Estado. Si hay discriminación y esta no es funcional (y por lo tanto no es más o menos voluntaria) el republicanismo creería obligatorio el evitar que cualquier mujer fuera discriminada en el ejercicio de su libertad. Y no parece dificil argüir que su libertad está amenazada siempre que no tenga las mismas oportunidades de encontrar trabajo, con un salario no discriminstorio, que tendría un hombre.

Yo me atrevería decir que las cuotas participan tanto del paternalismo libertario como del republicanismo cívico. Anuncian a los que llegan de otros ámbitos culturales que aquí se circula por la izquierda, es decir se explora cuidadosamente a toda la población para cada puesto. Pero también protejen a la mitad de la población contra la discriminación que sufren disfrazada de libertad de elección aunque realmente basada en la ignorancia y la inercia.

La segunga idea que quiero ensayar aquí es más bien de tipo económico. En el reciente workshopo sobre Propiedad Intelectual al que ya me he referido en un post anterior en el que reproducía una especie de recensión hecha por  Miranda del Corral, trataba de resalatar un resultado específico que me llamó la atención. Hoy quiero volver sobre él para comparar la duración del copyright con la proximidad del acceso de la mujer a la paridad perfecta.

Lo interesante del trabajo al que Miranda se refería era  la duración de los derechos de autor. Las dos novedades a incorporar a la reflexión eran la dimensión intertemporal  y el salario de las estrellas.

La primera novedad hace ver inmediatamente que la duración de los derechos de autor ha de estar relacionada con la calidad de las obras protegidas y la segunda  relaciona esa duración con  los ingresos de los  autores de esas obras de calidad, autores que son como estrellas y que reciben unas cantidades desproporcionadas porque eclipsan a los otros autores menos mediáticos o menos promocionados por sus casas editoriales.

Allí veíamos que cuanto mayor era el mercado y cuanta mayor era la ratio de estrellas que queremos tener, menor debería ser la duración del copyrght. Aquí, en el caso de las cuotas que propone la Ley de Igualdad, podríamos pensar que cuanta mayor es la calidad que deseamos en el mundo de la empresa o de la política, mayor debería ser la igualda entre los sexos y que cuanto  más cerca estemos de la paridad perfecta mayor será la proporción de estrellas en esos mundos.

Allí la razón del resultado era que los gastos de promoción, que son los que sostienen a las estrellas, serán menores cunanto menos dure el copyright. Aquí la razón del posible resultado estaría asociada a que, al poder elegir entre más gente con una calidad media mayor es más fácil que nos topemos con verdaderas estrellas de una manera sostenida.

El orgullo del derrotado y la hermeneútica

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 4:02 pm el Viernes, Julio 6, 2007

 Como buen alumno de los jesuítas prefiero vencer a ser derrotado; pero curiosamente es posible que las derrotas hagan emerger en cada uno de nostros extraños reflejos que nos condicionan para toda la vida de una manera subconsciente y que muy bien pudieran ser más respetables que los que surgen de la victoria.

Pondré como ejemplo  indirecto mi propia esperiencia infantil. Como a todo niño me marcaron para siempre las historias que me susurraban para que me durmiera.  A escondidas de mis padres, quienes guardaban un silencio extraño respecto a la guerra, al menos delante de sus hijos, Carmen Arteaga Ormaeche (sin hache por favor, no hay haches en euskera) me contaba, con una voz acariciadora que nunca podré olvidar y con la luz ya semiapagada, historias de heroicos gudaris que, con un solo avión medio averiado, mantenían a raya al ejercito nacional mucho mejor equipado y beneficiario de la traición del inventoror del cinturón de hierro de Bilbao.

La historia no fue tan heroica como ella me la contaba; pero lo que mi cuidadora me transmitía no era rigor histórico, sino el orgullo del derrotado. Hay en este orgullo, que desde entonces he presentido en muchos corazones, pocas disculpas y las que hay son como si deaccidentes naturales se trataran. No hay nada de odio, ni siquiera sed de venganza, sino como una especie de esperanza mística de que un día la justicia será hecha de manera natural dando a cada cual lo suyo. Sí, aquello que no se puede discutir, aquello que es evidentemente nuestro ( el plural es imprescindible) como la hermandad, el gusto por lo sencillo, por la verdad, los sentimientos dulcemente recogidos y expresados con sobriedad, la dulzura de vivir sin grandes aspiraciones pero con amor por tus hijos y respeto por tus padres junto con una insobornable independencia. Naderías que solo un artista como Atxaga podría reflejar.

Pero como yo no soy artista no tengo más remedio que ir por otro lado. Querría decir que lo que parecen recuerdos nostálgicos de viejo tienen, creo yo, su enjundia filosófica. En este caso influída por mi lecturas recientes de viejos empujes hermeneúticos a los que aludía el otro día al hablar de Amos Oz.

Mi horizonte interpretativo resulta ser este extraño orgullo del derrotado. Lo que pienso, lo que elijo pensar, mi pensar a la contra o a contrapelo, mi falta de amor por la autoridad, mi gusto por seguir contando historias para que esa autoridad no me corte la cabeza, todas estas cosas son las formas de entender las cosas de las que no me puedo librar.

He ahí mi horizonte hermeneútico. Y es esta carcel del pensamiento la que condiciona mis intereses. Es la fuente principal de mis interpretacines del mundo y de la sociedad. No me interesa la historia en sí, me interesa el desprecio a la injusticia y a la desigualdad de trato, la terquedad resistente en general. Mala suerte para un sprinter como yo.

Y, por lo tanto, me interesan las historias que se cuecen en ese ambiente, historias como las que intercalaba Bernardo Atxaga en su conferencia de inauguración de los cursos de verano de la UPV/EHU: la otra mirada, la que crea, innova y descubre. Lo que no le oí; pero se que estaba allí es la firme creencia que no hay mirada renovada si no proviene de nuestro inevitable horizonte hermeneútico. Pretender lo contario, desear la originalidad radical, es citar peligrosamente a la esterilidad.

Nada nace de la nada. Y lo mejor nace de la derrota. Ay de aquel que no se permite el beneficio del fracaso!

Liberalismo y conservadurismo

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 4:30 pm el Miércoles, Julio 4, 2007

Mi crítica del liberalismo aparece en mi trabajo sobre sobre Hayek que se publicó en CLAVES de Razón Pratica y sobretodo en un trabajo posterior que tenía el revelador título de A la Individuación por la Pertenencia.

Es en este último trabajo en el que se muestra con claridad que el desideratum de la individuación no puede alcanzarse así como así, sino que debe ser conquistado pagando el precio de la disidencia o, dicho de una manera más fuerte, tricionando las señas de la identidad en la que estoy inmerso.

Vista así mi posición podría aparecer como conservadora o, al menos y desde luego, poco revolucionaria. Mi intención era dejar en evidencia que el mantenimiento de los principios de la Ilustración suelen ser una coartada para no hacer nada.

Y me encanta poder mostrar que estoy en buena compañía tal como G.B. Madison muestra en este trabajo que les ofrezco.

Amos Oz

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 5:34 pm el Lunes, Julio 2, 2007

Me gustaría comentar aquí el contraste entre los comentarios de Mario Vargas Llosa y David Grosman a propósito del premio Príncipe de Asturias de las Letras concedido a este autor israelí.

Viajaba de Copenhagen a Madrid y me ofrecieron periódicos españoles que no había encontrado en el aeropuerto. Elegí el diario de PRISA y me encontré con la noticia del premio y con los dos siguientes comentarios.

Por un lado, David Grossman, un conocido intelectual israelí decía que Oz ”ha ayudado a formular la identidad israelí”. Por otro lado el gran escritor peruano afirmaba que “su  (de Oz) compromiso no está de moda en esta era light”.

Mi cabeza se negó a entender ambas cosas simultáneamente como si mi ordenador corporal hubiera entrado en un extraño loop. Parecería que el compromiso es para Vargas Losa una cosa buena, especialmente en esta época posmoderna en la que parece que no pega. Por otro lado que la identidad, o al menos su formulación, sería para Grossman algo de agradecer,  parece también claro.

Si no nos gusta el posmodernismo, según el cual “todo vale” (dicen) nos debería gustar eso de la identidad porque pertenecer a una prohibe muchas cosas. ¿Por qué entonces mi mente se paraliza como ante un problema contradictorio? ¿Dónde está la contradicción?

Creo que la clave de mi parálisis intelectiva está en que compromiso e identidad no parece que encajen muy bien. Cuando hablamos de compromiso interpretamos que estamos hablando de una idea  propia de Sartre y de caracter individualista como corresponde a aquellas épocas existencialistas. Pero cuando nos referimos a identidad nos resuena en la cabeza el ruido  del comunitarismo, algo sin punto de contacto alguno con el existencialismo.

¿Habría alguna manera de hacer compatibles el compromiso y la identidad? Para alguien como Satre no habría problema alguno si nos permitimos pensar en una clase social como en una identidad. Para Grossman tampoco habría problema si admitiéramos que la ciudadanía  puede ser también una identidad.

Aun así mi máquina cerebral da vueltas en el vacío sin tener visos de detenerse. Abro el libro que he llevado para los tiempos muertos de los “negocios” a los que ahora me dedico y me concentro en el artículo que me interesa ( Getting beyond objetivism: the philosophical hermeneutics of Gadamer and Ricoeur, en Economics and hermeneutics, Don Lavoie (ed.), Routledge,1990) un trabajo de G.B. Madison sobre hermeneútica que me abre los ojos. No somos sujetos individuales más que en el sentido de que queremos cosas y hacemos algo para conseguirlo. Somos en efecto individuos intencionales, pero el sentido de lo que hacemos o deseamos, el sentido que nosostros creemos que tiene lo que hacemos o deseamos, viene dado por nuestras relaciones intersubjetivas. Dentro de nuestro grupo, añado yo.

Yo diría que Oz ha sabido interpretar lo que significa ser israelí hoy y que, justamente desde ahí, también ha conseguido simultáneamente comprometerse con la paz a pesar de la posible existencia de derechos, presuntamente anteriores al Derecho, del pueblo judío.

Si mi interpretación es correcta me parece que la condescendencia que, en general, se usa frente a los que se daclaran nacionalistas sin recato, debería ser replanteada. Igual resulta que la única manera de comprometerte con la ciudadanía y con cada ciudadano individual es ayudándoles a que escriban y formulen ellos mismos su propia identidad sin agarrase como naúfragos a la que le venden en el supermercado.

Líbano

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 3:10 pm el Domingo, Julio 1, 2007

A la vuelta de unos días en Suecia y con un terrible lumbago, me encontré con toda la discusión sobre el ataque a los soldados del contingente español que han sido asesinados en Líbano a pesar de estar allí en misión de paz bajo los auspicios de la ONU.

Y recuerdo algo extraño que escribí cuando fueron enviados y como una especie de contestación a un artículo de Emilio Lamo de Epinosa en ABC. Les pido que lo relean antes de tomar partido en esta discusión poco ejemplarizante sobre si estamos ante un acto de guerra o en un acto terrorista. No les explicará nada en concreto; pero les hará pensar, espero.

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