Comentarios de fin de semana caluroso

Releo en mi Goulue dos anotaciones de un fin de semana de siesta y botijo de agua fresca.

La boca de Jaime Mayor Oreja y la de J.L. Cebrián son iguales. No solo por que tiemblan entre dos matitas de pelo entrecano, sino porque ambas nuestran una avidez a punto de perder la compostura.

Ikea entra en razón. Después de hablarnos desde hace meses de la República independiente de mi casa, se acomoda a la corrección “poseljueves” y nos regala con un nuevo poster publicitario que exhibe una corona y que mantiene el antiguo slogan, pero añade: MI CASA MI REINO.

Más sobre paridad

El pasado dí­a 19 asistí­ a una mesa redonda en los cursos de verano de El Escorial sobre la Ley de Igualdad y sobre la paridad de hombres y mujeres en los Consejos de las empresas, en las listas electorales y en algunos asuntos de la negociación colectiva.

Entre las cosas que dije hay algunas que no he comentado previamente aquí­. Por ejemplo porqué no es relevante el espontaneismo o la libertad para decidir sobre esta materia a pesar que son de las señas de identidad básicas del liberalismo.

Ciertamente la paridad impuesta dificulta el trabajo de la libertad. Lo mismo ocurre cuanto se redactan códigos empresariales de buena conducta, cuya puesta en práctica es costosa para las empresas. Sin embargo las protestas son muy tibias. Pues bien si se hace esto en presunto favor de un colectivo como el de accionistas que tiene Voz y Exit, por seguir la terminologí­a de Hirschman, ¿ cómo nos puede parecer mal que se haga en favor de un colectivo como el de mujeres que no tienen o no ha tenido ni la una ni la otra?

También es verdad que como toda imposición la Ley de Igualdad frena un espotaneí­smo que ya está dando sus frutos. Pero ojo, porque lo evolutivo no lleva necesariamente a nada bueno y porque la trayectoria en la que nos introduce puede no se un camino de rosas.

Respecto a esto último recordemos el ejemplo de las elecciones a jueces en las que los tribunales tienen una presencia femnina destacada. Pues bien parece ser que cuantas más juezas hay en el tribunal menor es el número de mujeres que pasan las oposiciones. Y hablando de estas cosas no olvidemos que las que han roto su techo quizá sean sensibles a la ventaja que representarí­a limitar la oferta.

El debate posterior fue significativo de una manera de pensar sobre estos temas. Nadie parecí­a entender que las mujeres representan una comunidad , colectivo o “nación” que no puede compararse al colectivo de zurdos, búlgaros o negros aunque todos estos grupos son más o menos discriminados, todos ellos contienen mujeres y, en cualquier caso las mujeres enfrentan un problema de individuación especí­fico y especialmente peliagudo. Es decir los problemas de antropologí­a tienen su interés pero no deben ocultar el verdadero problema.

Alguien en la audiencia de este curso al que asistí­ preguntó cual era la didferencia y se me pasó ponerle un ejemplo que lo tengo cercano. El problema verdadero es idéntico al que surge en Euskadi cuando se discute sobre el uso del Euskera. Siempre hay alguien que sugiere que mejor serí­a aprender inglés que insistir en la enseñanza del Euskera y en la posibilidad de vivir en euskera utilizando a menudo los argumentos de la libertad y el espontaneismo.

El asunto, sin embargo es de naturaleza distinta. El inglés es la lingua franca y cuanto mejor te desenvuelvas en ese idioma pues mejor; pero el Euskera es la lengua materna de muchos vascos y por lo tanto su horizonte hermeneútico. Compararlo con el inglés es confundir a tu mujer con un sombrero.

Un gimlet de hoy

Muchos no olvidaremos los gimlets del Marlow de Chandler en un lugar reconocible de Los Angeles que algunos visitamos con unción en su dí­a. Es el poder de la literatura.

Pues ahí­ les mando, con el permiso de su autor – Teo Millán-, un equivalente en el Madrid de hoy.

“Dry Martini”

What do I like from dry martinis?;
Es poco que pensar
Ni humillante, nothing very demanding
Mentalmente, por supuesto.
Ni agresivo, ni peligroso.
Mas bien jovial y vitalista.
Y ese rictus de complicidad
Que te hace pensar,
Goodman, here you have a goofriend!.
Not like with gin
But not unlike it.
Algo, como un buen salvoconducto
Que te ayuda a cruzar los Dardanelos
And will always be there.
Relyable, just, fair and definitive,
¿Por qué no?.

(after a couple con Juan Urrutia, en Goizeco Wellington, Jul-07)

Un dimisionario compulsivo

Le conozco bien desde que dimitió como capitán del equipo de baloncesto infantil como protesta por el mal estado del equipamiento deportivo con que les surtí­a el colegio. Más tarde y justo antes de abandonar este colegio dimitió del Indauchu infantil por exceso de exhibicionismo en el vestuario, según él. Casi simultáneamnete se dio de baja como socio del Athletic pues le pareció incompatible con la condición de intelectual que habí­a decidido asumir (aunque me consta que esto se le pesó hasta hace pocos años). Decidió renunciar en el último momento a trabajar en una de las primeras compañí­as de consultorí­a que se creó en Europa con sede en Parí­s sólo para entrar a trabajar en una empresa de tubos de la que se marchó enseguida para ir a estudiar a los EE.UU. A su vuelta empezó a trabajar en la Facultad de Económicas en Bilbao y en la Universidad del Paí­s Vasco dimitió de Decano después de unos escasos dos años, de vicerrector de investigación y, entre medias, de Consejero del Gobierno Vasco. Vino a Madrid y después de unos años en la Comisión Gestora de la Carlos III, de la que curiosamente nunca dimitió, volvió a las andadas dimitiendo de Presidente de su Consejo Social y, obligado, del Consejo del BBVA y, como consecuencia, de algunos jurados de premios cientí­ficos y culturales. Más recientemente acaba de dejar la Presidencia del Consejo Editorial de EXPANSION y de algún otro consejo asesor del que era miembro.

¿Qué le pasa a este dimisionario compulsivo? Es, posiblemente, un señorito caprichoso como lo es Rato al que criticaba yo el otro dí­a y con el que guarda alguna concomitancia. Pero eso, con ser posiblemente cierto no hace sino posponer la respuesta que busco para comprender el comportamiento de mi amigo.

Lo que posiblemente le pasa es que no puede más en un momento determinado. Se ahoga en la maraña de autoridades en las que se encuentra atrapado. Quizá como los neonómadas que pretenden esquivar el poder de imposición de los Estados o se van vendiendo a uno u otro a cambio de concesiones fiscales. Se trata de millonarios excéntricos o de deportistas de élite o de cientí­ficos que con la mochila al hombro van allí­ donde se hace lo que les interesa. Huyen del poder del Estado.

Pero quizás también ocurra que a ciegas va buscando su sitio, un lugar donde vivir rodeado de quienes son sus iguales, aquellos de los que aprende. Es posible que después de tantos años de enseñar lo único que le interese sea aprender.

Pero a mí­ me gusta verle como un ejemplo viviente del coste de la disidencia al que me referí­a en otro lugar. Ese coste de salirte de tu identidad en el que hay que incurrir para ir convirtiéndote en un individuo y no estar mediatizado por el colectivo que absorbe tu identidad individual en la suya haciéndote ver y sentir que no eres tu quien domina tu vida sino que es la identidad a la que perteneces la que toma las decisiones por tí­. Es posible que esté inmerso en un doloroso proceso de individuación que es mas largo y casi tan doloroso como un parto, dándose a luz a sí­ mismo.

Me parece que huye del pasteleo en el que a menudo me ha dicho que cae su buena voluntad de contentar. Se le nota su impaciencia y su irritabilidad que traslucen a través de sus aparentes buenas formas y no tiene más remedio que huir cuando ha sido descubierto. Como esos héroes de celuloide que a pesar de ser queridos por no poca gente sienten la necesida de marcharse a seguir siendo unos hired guns allí­ donde les lleve su caballo más allá del horizonte. Curiosamente un dí­a me confesó su fascinación por el caliente revolver y el frí­o cuchillo.

Cuando veo caravanas de tuaregs o esos éxodos de harapientos victimas de las hambrunas o las guerras, pienso que solo allí­ se encontrarí­a a gusto, a salvo de un picor que le domina y le prohibe resignarse a que nada sea como él quisiera que fuera.

Patinir

No hay teky, freaky o hacker que se pueda permitir no estudiar la exposición en el Prado de Patinir. Hace cinco siglos un tipo perdido entre el francés y el ductch mezclados con el italiano y bajo influencia española, se inventó todo lo que ahora creemos decubrir.

El comic estaba ya en unas telas que contaban unas historias complicadas de forma estereotipada.

Lo modular es obvio en su pintura. Aquí­ se ponen los árboles, allí­ los angeles o un poco más allá una miniatura de criaturas. Y cada uno de estos módulos se encarga al especialista correspondiente que puede formar patte del taller.

Quién firma el cuadro es lo de menos pues no habí­a derechos de propiedad. Patinir era solo el facilitador, el equivalente a un productor de cine de hoy.

Trabajaba sobre pedido y se apoyaba en todo lo que tení­a alrededor sin extraña conciencia de depredador. Era un bricoleur, pero uno de calidad.

Y lo asombroso es que cómo con unas cuantas recetas se adelantó a casi todo. Lo del paisaje seguro que es eruditamente lo mas importante; pero prefiero ver en él al Bosco ( cosa obvia) pero también a Pérez Villalta y su homúculos y hasta al Miró en su famosa granja. Todos ejemplos de horizontalidad y de falta de causa única, muestras de causalidades múltiples que, sin embargo, conforman una extraña unidad.

Mi horror por los belenes y sus figuritas se va a atemperar por este pintor desde siempre en el Prado y hasta hoy oculto a mi ignorancia.

Quizá Rodrigo (Urí­a) haya llegado a formar parte de ese paisaje inusitado que no solo se deja mirar sino que además parece escrutarnos con su aparente sencillez.

Las lenguas y las redes sociales

En la página 30 del The Economist corespondiente a la semana del 21al 27 de julio, la columna Charlemagne presenta un trabajo sugerente sobre Linguistic follies, algo que, de haber sido conocido antes, hubiera mejorado bastante ese trabajo que algunos colegas, bajo el impulso de Martin Municio actuando por encargo de la Real Academia de Ciencias Morales y con la financiación de la Fundación del entonces todaví­a Banco Central Hispano, realizaron sobre el valor del español tratando de cuantificarlo. Asistí­ a la presentación del trabajo y me surgieron muchas dudas sobre la forma de atacar el problema ya que parecerí­a en principio que el lenguaje es un bien libre.

Sin embargo, basta con darnos cuenta de lo que ingresa el Reino Unido por la enseñanaza del inglés y lo que ahorra en la enseñanza de otras lenguas, para reconocer que la lengua tiene valor porque no es, a diferenia del lenguaje, un bien libre. Uno no nace sabiendo hablar en inglés ni lo aprende de sus padres a menos que estos lo tengan como lengua materna.

Por lo tanto es cierto que hablar inglés parece tener un valor añadido por el que la gente está dispuesta a pagar. A pesar de ello la columna a la que me refiero llamaba la atención sobre el hecho de que la concentración en el inglés podrí­a tener algunas consecuencias negativas. Hace años aprendí­ que los taxistas de Berlí­n no están dispuestos a hacer un esfuerzo por entenderlo a menos que hayas pagado el precio de intentar hacerte entener en alemán. Esto no es sino un pequeño ejemplo del hecho de que uno puede imaginar situaciones en las que para llegar a algún acuerdo no es óptimo que ambas partes pretendan comunicarse en un inglés aprendido tardí­amente o sin demasiado cuidado.

Piensen en un acuerdo a sellar entre dos empresarios, uno español y otro portugués. Seguramente ambos prefieren comunicarse en una de esas dos lenguas, en cualquiera de ellas que hacerlo en inglés. Por atender al contenido de la columna de referencia diré que es dudosos que los bruselenses debieran hablar en inglés debido a que hay una guerrita de idiomas entre el francés y el flamenco. Quizá serí­a más razonable que dos personas con ganas de cerrar el trato sin trampa ni cartón hablaran en uno de eso dos idiomas en lugar de hacerlo en inglés. No por razones estéticas o patrióticas, sino por puro interés.

Estar en posesión de una lingua franca como podrí­a ser hoy el inglés tiene sus ventajas; pero es posible que no sea la mejor estrategia. Depende de la forma de las redes sociales y, en consecuencia, de la conexión linguistica entre las personas. Para los temas comunes es bueno tener una lingua franca; pero mientras haya relaciones regionales o bilaterales-y las hay- sigue siendo necesario y conveniente tener una lengua común no aprendida. De ahí­ el verdadero valor del español y no el que le atribuí­a el estudio de la Real Academia. De ahí­ también que el inglés deberí­a ser, ante ciertas conformaciones de una red, no la segunda sino la tercera o cuarta lengua en cada paí­s.

Sin embargo este no es el caso y las familias hacen verdaderos esfuerzos en enseñar un buen inglés a sus vástagos. Si hacen bien o mal dependerá de la configuración de la red social de que se trate. Así­, a bote pronto, se me ocurre explorar la siguiente conjetura. Si la red fuera totalmente centralizada y el centro se expresara en inglés la estrategia familiar serí­a sin duda la adecuada. Si la estructura de la red fuera descentralizada la cuestión ya está menos clara y si esa estructura fuera totalmente distribuí­da entrarí­amos en una casuí­stica sin fin. Habrí­a montones de ejemplos en los que saber bien otro idioma distinto del inglés te podrí­a permitir aprovecharte de ciertos caminos crí­ticos en la comunicación que no podrí­an ser utilizdos por los que han aprendido inglés como una segunda lengua.

Clamar por el inglés se me antoja por lo tanto como un ejercicio en “sentido común” que, como siempre, no tiene garantí­a alguna de ser correcto. Se trata de una reminiscencia del árbol o de le red centralizada que agota nuestra capacidad de imaginar estructuras sociales; de un resbalón de la inteligencia que no parece apreciar las virtudes de las redes distribuidas que, sin embargo, tienen unas propiedades maravillosas tal como les revelará el próximo libro de David de Ugarte.

Eureka

Puestos a hablar de sexo se me ocurre, complementando lo que ya he dicho aquí­, que el miedo del varón al orgasmo femenino, es el miedo a no controlar la medida de las cosas. Para un macho cualquiera, para mi por ejemplo, el orgasmo es la medida del placer como el metro es la medida de la longitud aunque no todos los metros sean exactamente iguales si nos ponemos detallistas. Tanto es así­ que otros placeres se miden por este placer fácil e incontrolable. El que quiera decribir el eureka no tendrá más remedio que acudir al metro del placer.

Ya sea porque finalmente has comprendido algo que se te escapaba, ya sea porque has dado con la expresión feliz que buscabas a tientas, ya sea porque, por fin, eres capaz de aportar un grano de sabidurí­a al acerbo común o un centimetro de leo bien pintado para el disfrute de la retina, o porque quizá allanes tu camino a la seducción mediante la palabra, el gesto o la mirada, la medida de todas estas cosas es el orgasmo. En la eyaculación gritamos ¡eureka!, sea lo que sea lo que musitamos o gruñimos.

Y esto grité cuando, en el camino que va desde la salida a Girona norte de la autopista a Francia hacia Palamós ,y después de haber pasado por Celrá y Bordils y haber dejado a tu izquierda la desviación a Flaí‡a sobrepasas el burdel color trucha aslamonada y tomas el camino hacia Torroella de Montgris y descubres de pronto la belleza de la tierra cultivada, del mar manchado de islas medas y el recorte en el cielo del obispo tumbado. Grité ¡eureka! y me quedé allí­ para siempre, en el pueblito de Foixá en donde me gustarí­a desaparecer.

Y el otro dí­a Félix de Azúa comenzaba un artí­culo en El Paí­s con esta misma descripción del paraí­so antes de enredarse con la destrucción urbaní­stica de la Costa Brava. Volví­ a gritar como quien, sudado, acaba y se tumba boca arriba. Ha sido un orgasmo suave, no el mejor de mi vida; pero encontrar un hermano es siempre una forma de domar el miedo, algo que merece un ¡eureka!

Ablación y zafiedad

No hay hoy periódico que no comente, editorialice o monte un reportaje de opiniones sobre la caricatura de los Prí­cipes de Asturias practicando el sexo a su manera. Pero en medio de eso encuentro en El Mundo una entrevista con una mujer que dedica su vida de arrepentida a predicar contra la mutilización de una fuente del placer sexual de las mujeres.

No entiendo ni bien ni mal esta última práctica bastante extendida. Se dice que es una muestra de dominación masculina transmitida por las mujeres ya domadas. Pero yo no entiendo por qué los machos se privan a sí­ mismos del placer de los ojos en blanco o del desorden absoluto que revela el orgasmo femenino. Como ese placer me parece de lo mejor a lo que uno puede aspirar como macho, debe haber alguna causa profunda para explicar esta costumbre bárbara. Lo único que se me ocurre es que los machos son, o somos, unos remilgados en cuestiones sexuales y que tenemos no miedo, sino terror, al desorden del placer desbocado.

Pero los remilgos no son solo cosa de varones. Ellos y ellas se convierten en cursis señoritas de catequesis dominical en cuanto se trata de hablar de la caricatura de nuestros prí­ncipes. Hay quien está de acuerdo con la decisión judicial y quien no lo está; pero unos y otros, y especialmente los defensores de la primací­a del valor de la libetad de expresión sobre el de la dignidad de la pareja de sangre real y supongo que caliente, se apresuran a decir y afear el mal gusto, la groserí­a y la zafiedad de las viñetas. Y qué, digo yo; ni que el buen gusto sea obligatorio o la buena educación una virtud teologal. Me parece que, en el caso que comento, se trata más bien de una especie de coartada ante la posible represalia del poder simbólico que representa el Rey, el gran macho al que nadie quiere ofender.

No hay postura sexual humillante que ofenda la dignidad de quien la pratique, ni hay dominación que venza el miedo al desorden. Admitamos el desorden y hablemos menos de dignidad en materias sexuales.

Concentrémonos más bien en eliminar el miedo ante lo ajeno o lo extraño, sea por diferencia de color o de costumbres o de creencias y en defender la dignidad de los que no tienen voz ni oportunidades.

La Web 2.0

Es curios que en España la Web 2.0 triunfe, en la medida en que gusta más internet para la relación que para la información, y que al mismo tiempo seamos de los últimos en introducción de las nuevas tecnologí­as. Por un lado estamos en el buen camino al reconocer con nuestros actos que lo importante es la conexión distribuí­da entre la personas; pero por otro nos confundimos al no mostrar con hechos la curiosidad que sin embargo sentimos por las más novedosas de las nuevas tecnologí­as. Haré dos comentarios sobre cada uno de estos aspectos de la Web 2.0

Pensemos para empezar en la convergencia entre dos temas relacionados í­ntimamente: el networking e internet como máquina de netweaving. Ya vimos en su dí­a que por ahí­ iba el futuro y ahora parece que se confirma según el FT que hace un reportaje sobre las declaraciones del CEO de Cisco, empresa ésta que sufrió en la explosión de la burbuja en el 2000, pero que se recupera y reconoce que la forma de trabajar va a ser muy diferente ahora. La potencia de internet ha sido siempre, no tanto la reducción de los costes de transacción, sino sobretodo el generar efectos red o rendimientos constantes a escala por parte de la demanda.

En segundo lugar, y continuando con el aspecto relacional, lo importante no es ya a cuanta gente llegas con tu página o cuanta gente se conecta a tu blog, sino cuanto tiempo permanece leyéndote interesadamente quien te contacta. Es una cuestión de economí­a de la atención, un asunto que no puede pasarse de largo pues es crucial para el apoyo publicitario al crecimiento de este aspecto relacional que es el que finalmente colabora de menera efectiva al incremento del capital social y a su rendimiento.

Y ahora pensemos brevemente en el aspecto de la Web 2.0 que tienen que ver con dos sorprendentes avances tecnológicos: el fabbing y el wii.

Cuando uno ve a Corretza jugando un tenis virtual contra una pared, pero ejercí­tándose tan efectivamente como si estuviera en la cancha de Wimbledon, uno piensa en aplicaciones industriales de esa tecnologí­a. Como me contaba Ugarte uno podrá diseñar sus propios objetos completamente personalizados para que luego les sean entregados, desde una fábrica-almacén, sin necesidad de hacer complicadí­simas combinaciones modulares y finalmente tener que cargar con las piezas y, lo que es peor, tener que ensamblarlas posteriormentr tal como ocurre ahora en sitios como Ikea. El usuario se ha convertido en un elemento importante de la cadena de producción-distribución.

¿Y el fabbing? Aunque sin ese nombre máquinas para la reproducción de objetos en tres dimensiones ya existen hace tiempo y han sido exploradas por artistas con un éxito variable. Lo interesante es que ahora cualquier usuario va a poder confeccionarse pequeños objetos personalizados en su casa desde su ordenador acoplado auna pequeña maquinita. Qizá un regalo para una hija que demuestre no solo su amor sino también su habilidad en la fabricación de una joyita.

Y estas posibilidades que abre la Web 2.0 no son independientes entre sí­. Pensemos, por ejemplo, en un banco. Puede colaborar con un medio de comunicación ofreciendo a sus clientes la posibilidad de hacerse en casa sus propias piececitas de arte o la posibilidad de confeccionarse talonarios personalizados. Puede utilizar sus locales a pie de calle y fuera de horas para montar como una sala wii. Para no hablar de las posibilidades que la Web 2.0 proporciona para el aumento de la productividad, especialmente en momentos de cambio, a través el uso inteligente de las conexiones personales internas.

Estoy como en un trance de entusiamo senil. Me recuerdo a mí­ mismo escuchando asombrado al abuelo de unos amigos que, habiendo sido el inventor del mortero Instalaza, y a una edad provecta, nos avisaba entusiastamente a los jóvenes sobre las cosas que í­bamos a ver tratando de asociarse con nosotros. Es una rabia que esto no me haya cogido con treita años menos.

Sen y la identidad

No se pierdan este post de David de Ugarte. Critica con habilidad y demasiado amablemente el último libro de Amartya Sen sobre la identidad y la violencia.
A mi juicio ese libro es una manera burda de explotar su fama cuando los ecos de su premio Nobel empiezan a amortiguarse. Una buena jugada de su editor.
Pero lo interesante es la simplista comparación que realiza Sen entre identidad y racionalidad. Como si pudieran separarse limpiamente.
Lo que no entiende Sen y sí­ entiende Ugarte aunque no lo diga con esas palabras es la distinción hermeneútica entre el Verstehen y el Erklí¤rung. Esta última noción hace referencia al explicar, para lo que hace falta la racionalidad desenraizada. Pero comprender es una operación mucho más delicada que solo puede hacerse desde el horizonte interpretativo que define la identidad.