Más sobre el Taxi

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 10:44 am el Sábado, Enero 13, 2007

Ocurre que en lo que realmente gasto es en libros y taxis. Los libros me arropan y me protegen; pero los taxis me deseperan…en Madrid.

Ya me despaché agusto contra los taxistas madrileños que llevan la luz verde por si acaso vas en la misma dirección que ellos han tomado para ir a comer a su casa. Es como ese tipo que me envió el seguro para mirar la causa de unas goteras y que entró en casa pasándome su tarjeta para repintar la fachada.

Pero en Bilbao los taxistas funcionan de otra manera. Desde luego no hacen el jueguecito de la luz verde; pero la diferencia fundamental entre el taxi madrileño y el bilbaino es que aunque el banderazo es como 2.50 euros más en Bilbao, no corre el taxímetro durante los primeros casi dos Kms. Es para evitar los viajes demasiado cortos y por lo tanto representa como el gasto mínimo que algunos restaurantes y otros establecimientos exigen.

Me recordó que hay garitos en los que la entrada no da derecho a nada y los hay que, pagando la entrada, tienes derecho a una consumición. Estos últimos son como los taxis de Bilbao.
Peri quizá es cuestión de preferencias.

Lo mejor sería que hubiera taxis de dos clases. Los blancos funcionan como en Madrid con pago de la entrada y sin derecho a consumicion. Y los negros como en Bilbao, con derecho a consumición. El público los elegiría y se impondrían unos u otros sin interferencias de los reguladores. He aquí un ejemplo más de las ventajas de la regulación descentralizada.

Y ya puestos inventemos la luz morada para los que van camino de su casa y están dispuestos a llevarte si vas en su misma dirección simplemente por la voluntad. Esta iniciativa haría ciudad en el mismo sentido pretendido por esa inicitiva europea que sugiere formas de incentivar que conozcas y te relaciones con tu vecino. Y no solo eso sino que mejoraría muy mucho la imagen del gremio, una imagen que no está muy embellecida, al menos en Madrid, a pesar de algunos grandes profesionales que incluso esperan a que abras el portal antes de seguir con su servicio público.

La vuelta de Ugarte

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 2:11 pm el Jueves, Enero 11, 2007

Nos asustó con su desaparición. Pero volvió y ¡con qué fuerza!

Primero nos habló de la bomba terrorista del 30 de diciembre. Lo que nos decía es que ETA se estaba quizá Alqaedizando en el sentido de que las nuevas generaciones ya estaban deformadas por la comunicación distribuída. Sin embargo no decía lo que yo le he oído decir otras veces y que me parece pertinente. ETA se ha convertido, diría DU , en una franquicia. Cualquier grupo de jóvenes alevines de terroristas, quizá motivados por la mirada desafiante que yo proponía borrar al hablar de Txapote, deciden sembrar el terror y presentar su desaguisado como ceremonia de iniciación a ETA para que ésta les considere franquiciados de forma que puedan usar su nombre.

Y en segundo lugar; DU le llama la atención a Zizek por creer que en las relaciones entre las personas se puede distingurir entre las inmediatas y las mediadas. Ugarte desmonta el argumento de un plumazo. Todas las relaciones son mediadas. No hay forma de relacionarse solo entre cerebros y aun si la hubiere…..

Le decía en un comentario que la distinción me parecía tan tonta como la que se usa, como si tal cosa, en el mundo de la crítica de arte. La distinción entre la pintura abstracta y la figurativa. Hay quien cree en que Las Meninas son figurativas cuando no hay nada más abstracto que figuras humanas en dos dimensiones

Wellcome back, David de Ugarte.

¿A qué suena un laboratorio?

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 8:03 am el Miércoles, Enero 10, 2007

Bruno Latour se introdujo en un laboratorio y examinó de cerca cómo se hacen las cosas allí dentro. De allí salió un ensayo herético sobre sociología de la ciencia. Podría haber hablado sobre el olor de un laboratorio. Hubiera estado bien pieso ahora después de haber conocido a un perfumista com Darío Siderol al que me referí el otro día. Pero Latour no dijo nada al respecto ni nadie echó en falta que lo dijera.

Caro que el olfato es un sentido misterioso y profundo; pero tampoco el oído está mal como sentido memorable. Y, sin enbargo entre los estudiosos de las prácticas científicas madie ha escrito nada sobre el sonido de un laboratorio. Esto le contaba a Elena Escudero, un amiga querida que vive prácticamente en uno de esos sitios destripando ratitas y se reía de mí; pero a mi parece crucal descubrir el tipo de sonido que uno asocia a un decubrimiento científico.

Para empezar podría preguntarme si ese sonido podría ser musical. Cuando El Instituto I de gecho cambió su nombre al de Julio Caro Baroja tuve oportunidad de sentarme frente a él en la cena,homenaje y le oí disertar sobre el poder de la música y sobre cómo somos impotentes a las pulsiones que destapa en nosotros. Me pareció bonito eso que decía D. Julio y se me ocurre que igual la investigación científica es también como una pulsión irresistible desatada por el sonido del cubículo en el que se desarrolla un experimento. Posiblemente diversos laboratorios suenen de manera diferenciada de acuerdo con los instrumentos que los adornan.

Pues bien voy a argüir que este sonido que busco no tiene nada que ver con la perfección del Wiener Philarmoniker Orchestra, sino quizá con el ruido de la suaves olas del mar mezclado con sonidos de niños, o quizá con el desgarro de algunas voces humanas.

Parecer ser que el concierto de este último primer día de enero en la Musikverein de Viena ha levantado pasiones en los melómanos. Menos Johan y más Josef y fidelidad a la partitura por parte de Zubin Metha parecen ser las claves del éxito; pero hagan lo que hagan los músicos, lo que la gente que asiste a ese concierto y quienes se levantan a escuchearlo después de los excesos de nochevieja, están ahí, creo, para sentir la pasión secreta del mimetismo maléfico de acompañar con palmas acompasadas la marcha Radetski, un ritmo que incita, diría don Julio, a la marcialidad de un pueblo en armas. No podría creer que un ritmo así pueda estar por debajo de ningún descubrimiento científico. Es demasiado homogéneo y repetitivo, a nadie se le puede ocurrir nada independiente de lo que se le ocurre a cualquier otro.

En cambio cuando recuerdo un atardecer de verano en un buen día de una playa del cantábrico, con la brisa del terral agitándome la pelusilla de los brazos y un lejano sonido de olas calmadas mezclado con los grititos de los adolescentes rezagados, rememoro un estado de ánimo semiincinsciente en el que se forjaron todos mis sueños. Así, pienso ahora, debe ser el sonido en el que surge el eureka.

O quizá la idea feliz, la visión profunda que en un instante todo lo ve, proviene de la deseperación desgarrada que suena como la Weinwright que homenajea a Lehonard Cohen en el primer corte de I am Your Mann. Cuando canta, con una voz reminiscente de la Piaf, que “paga su renta cada día en la torre del canto”, uno piensa que esa renta diaria es el precio del invención.

No hay invención, descubrimiento o iluminación más que con la compañía del sufrimiento metabolizado y con la ensoñación que en algún instante aislado te dice, como una amante después del placer, que eso es tuyo, que se te debe. En paricular no hay idea nueva asociada a una marcha militar que acompasa la actividad de todo el auditorio.

Sí hay sabiduría en las muchedumbres; pero solo cuando cada miembro que las forma es independiente. Lo demás hay solo comportamiento gregario del que no puede surgir algo interesante más que de muy tarde en tarde y por casualidad.

Educación y salud

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 8:21 pm el Domingo, Enero 7, 2007

Es maravilloso. Greg Mankiw se hace eco de un articulo del N.Y times sobre los factores que inciden en la salud.

Según el estudio sobre el que habla el N.Y.Times, y que recibe todas las bendicines técnicas por parte de Mankiw en cuanto al problema de la identigficación, la verdadera causa de la mejoría en la salud de la población es la educación. Es decir cuantos más años de escolaridad tenga una población mejor será su salud.

Es decir no hay que perocuparse por los presupuestos. Gástese más en escolaridad y se podrá gastar menos en sanidad. No hay aquí el trade-off que hace necesarios a los economistas.

Y para ligar con lo que decía el día pasado, me parece óptimo que esta decisión la tomen las comunidadesa autónomas.

Comentarios a la jornada de Ibermática en el Euskalduna

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 11:35 am el Sábado, Enero 6, 2007

En el Euskalduna se presentó a finales de noviembre el olor corporativo de Ibermática y con esa ocasión unos cuantos presentamos algunas ideas sobre innovación desde puntos de vista muy distintos. Sobre la marcha se me occurrieron unos comentarios que no quiero dejar por ahí tirados.

El primero de ellos es sobre olor y perfume.

El olor corporativo de Ibermática ha sido elaborado por el químco perfumista Darío Sirerol quie no quiere hablar de perfume; sino que se interesa por el conjunto de maderas de las que podría extraer lo que él cree que es el olor de Ibermática.

Pero a mí me gustaría añadir por mi cuenta que solo se perfuma el que no acepta su olor. El perfume es una coartada para no lavarse (como se decía groseramente de las francesas no hace tanto tiempo) o para no aceptarse. Se tiene miedo a mirarse o a olerse y por eso se sublima nuestro miedo en aroma impostado, que no otra cosa es el perfume.

Aquí me gustaría también recordar un cuento que escribí para conquistar a mi mujer y que ella con buen criterio extravió inmediatamente. Se trataba sobre el carisma del Cristo que provenía de su cara desencajada por el excesivo desarrollo de su olfato, un sentido que está sepultado, que no nos sirve para mucho; pero que está en el origen de que nunca olvidemos algo que podemos asociar a un olor y que lo reconozcamos en cuanto nos topamos de nuevo con él. No es solo la magdalena de Proust; pensemos en el olor de nuestr@s amant@s.

Dice Darío que decía Kipling que el olor llega al corazón más que la imagen y es verdad. Por eso nuestro corazón teme a nuestro propio olor. Este nos produce verdadero pánico. Yo creo que el olor está en el irracional horror a la descentralización o la individuación. La sublimación consiste en inventar la patria sagrada o el colectivo primigenio.

El segundo comentario es el orden y el desorden de los que habló Daniel Innerarity.

Daniel ordena los libros por colores y siempre encuentra el libro que quiere.
Yo no los ordenaba- o mejor dicho, no los he ordenado en cuatro años por razones psicológicas que no vienen a cuento. Prefería atrincherarme detrás de ellos, de forma que las montañas de papel han crecido hasta la insalubridad en mi dormitorio. Los ácaros se reproducen sin piedad.

No encuentro los libros que quiero en un momento dado porque han sido adquiridos por compulsión, apenas ojeados y depositados en cualquier sitio. Pero encuentro otros y de ahí surge la chispa.

El tercer comenterio se refiere a mi sorpresa frente a una pregunta inesperada.

Alguien que sí entendió mi intervención preguntó si mi defensa de la descentralización regulatoria como una manera de disipar rentas no encontraba su excepción en la corrupción urbanística de los ayuntamientos. Me sentí cogido e improvisé que, obviamente, dejaba de ser una excepción desde el momento en que se ha descubierto. Pero mi improvisación creo que es correcta más en general. La corrupción que hemos descubierto en el último mes del 2006 es justo un ejemplo de que es más fácil capturar una agencia regulatoria independiente descentralizada; pero que también es más fácil que se descubra la trampa por la existencia de una opinión pública que es más eficaz en lo local. El otro extremo, al que me debía haber referido era al de la corrupción de las dictaduras. Estas capturan directamente todo y suelen durar lo suyo.

El último comentario es sobre un pequeño trocito del discurso del Lehendakari.

Aprovechó la ocasión para hablar sobre lo que entonces era el proceso de paz. Lo cito en lugar de callarme prudentemente porque me sigue pareciendo relevante. Ibarreche aprovechó la ocasión para comparar la tolerancia de Erasmo con el belicismo de Lutero quien aborrecía aquella virtud. La referencia iba destinada a atacar, aunque con elegancia, a la conferencia episcopoal y poner en evidencia a los que predican la guerra para alcanzar la paz. A mí me pareció muy bien.

Kontraren Kontra

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 1:18 pm el Miércoles, Enero 3, 2007

Esto es lo que yo era para Micaela Urberuaga Sansebastián: un kontraren kontra. Frente a lo que pudiera creerse, ser un kontraren kontra no quiere decir, según la lógica del euzkara, estar en contra de los que están encontra, sino llevar la contraria por sistema.

Me llamaba Kontraren Kontra especialmente cuando a las 8 de la mañana de un día cualquiera de mi infancia, yo insistía en añadir mantequilla de posguerra a un humeante chocolate a la taza, en lugar de untarla sobre un pan negro adquirido gracias a la cartilla del racionamiento.

Parece que, según ella, yo siempre y en toda ocasión, y no solo en esa hora temprana antes de ir al colegio, estaba en contra de todo. He repasado mis obsesiones básicas y he descubierto que aquella mujer áspera tenía razón; pero solo en parte. Hay , en efecto, muchas cosas de las que estoy en contra. De momento he confeccionado una primera lista que puede leerse como un manifiesto. Pero también es cierto que, a pesar de que no lo considero necesario para sentirme un ciudadano responsable, en cada caso estoy a favor de algo que sustituiría con ventaja aquello de lo que abomino.

Estoy:

En contra del sentido común y a favor del pensamiento crítico sea lo que sea esto último.

En contra del condervadurismo y a favor de la experimentación.

En contra de la estabilidad en cualquiera de sus sentidos no técnicos y a favor de la destrucción creativa.

En contra de la propiedad intelectualual y a favor de la rivalidad cooperativa, es decir de desvelar mis logros para que no me pueda dormir en mis laureles ( que por otro lado no serían tales si no desvelara mis dscubrimientos).

En contra del Estado de las Autonomías y a favor de un Estado Confederal.

En contra de la transparencia y a favor del pudor en todos los órdenes de la vida excepto ese en el que usted está pensando.

En contra de las universidades tal como está hoy configuradas y en favor de una universidad emprendedora.

En contra de las capillitas crueles y a favor de la tolerancia y de la igualdad de oportunidades.

En contra del diseñador inteligente y a favor de la evolución.

Para cada uno de estos temas puedo aducir al menos un post y en los casos más sangrientos varios posts; pero reseñarlos me parece una actividad sin interés ya que no se trata de demostrar nada sino, más bien, de recitar una letanía que alivie mi “trancazo” de invierno.

Los toros

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 12:54 pm el Lunes, Enero 1, 2007

No me refiero ahora a los toros como animales que sufren (para eso ya están Mosterín y Gómez Pin) sino al toreo, ese arte que la Ministra Narbona parece no apreciar demasiado.

Eso es lo que me pasaba a mí; que mi madre, una española de mantilla y peineta, me usaba como coartada para ir a la feria de agosto en Bilbao ante la rotunda negativa de mi padre a acompañarle. Lo que me pasaba es que me daba un poco de vergüenza la exhibición de mi madre y que, en consecuencia,me daban rabia los toros. Pero curiosamente me fascinaba el lenguaje de la crónica taurina, especialmente la verbal que escuchaba en una pequeña radio de galena por las noches y a hurtadillas.

Luego vinieron años de olvido y de absoluta falta de interés en la fiesta nacional, muy probablemente por lo que tenía de exhibicionismo patriotero. Hasta que un día de la Feria de San Isidro del 91 llevé a un matrimonio americano, muy querido para mi familia, a su primera experiencia taurina. Entre mi desprecio y sus prejuicios la corrida transcurría aburrida, las mujeres hablaban de los pobres animales y yo de economía con mi amigo hasta que llegó el quinto toro y salió un jóven Aparicio de ojos azules a bailar con un animal cuyo nombre no recuerdo.

Con la muleta en la mano el jóven torero y el toro sa abrazaron a la distancia justa y durante un par de minutos la plaza en pié dejó de respirar. Cuando terminó el acto el torero agotado no sabía dónde estaba y tuvo que buscar con la mirada al ayudante que le tendía la espada de matar. La usó bien y el toro cayó fulminado.

Se rompió el silencio, arreció la salvaje ola de gritos y aplausos y mi amigo quedó tan fulminado como el toro. Quedó perturbado y conmovido sin saber porqué. Me retuvo hasta el amanecer hablando de la vida y su sentido. No mencionó al toreo; pero allí, en el fondo de la conversación, estaba esa condensación de sentido inexpresable que le rompió el alma.

Desde ese día ni escucho las crónicas taurinas ni opino sobre la fiesta llamada nacional. Sigo quejándome del uso que mi madre hacía de mí; pero sé que en ese mundo al que renuncio hay verdades que no tienen nda que ver con la lógica, verdades a las que no accederé.

Estas navidades se ha roto ese silencio, aunque solo por un instante. En estas fechas siempre exploro la biblioteca de mi juventud y allí esta rebosante de ácaros una vieja copia de Ortega y los Toros de la colección austral. Me bastó una ojeada más que rápida para entender que Ortega había captado la geometría del toreo, las figuras dibujadas en la arena por el baile de hombre y bestia unidos para siempre. Unidos pero distanciados, sin embarullamientos, cada uno a lo suyo. Guardando las distancias

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