El dueño de los timbales

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 12:54 pm el Jueves, Diciembre 14, 2006

Continuo con el primer párrafo de la gran novela de Bilbao que presentaba ayer

…….y tiritan de miedo dos naufragos.

Sus ventanas daban al sureste de la plaza, con un colegio de chavales vacío a la hora de comer y con un restaurante lleno de pobres hombres orgullosos de verse como la España que trabaja y que solo son funcionarios al dictado del Boletín oficial. Pero no hubo ocasión de discutir donde pasar la noche, cojimos nuestros bártulos y nos largamos a su casa, a la que había sido de sus padres, y antes de su abuelo, y que ella heredó de aquellos y en donde había vivido todos sus recuerdos bajo la tutela de este abuelo todavía firme y con camisa blanca impecable que no dejó traslucir su desencanto por nuestra deserción. Pero yo sabía que no había opción. Mañana después del concierto todo volvería a una normalidad relativa. Solo relativa porque al día siguente ella volvería por nuestros pasos, aunque solo hasta Munich y yo saldría para Madrid camino de California. Esta separación que creíamos entonces temporal y que nunca llegó a ser total aunque sí muy puntuada por largas temporadas de alejamiento, en muchos sentidos, podía muy bien haberse iniciado en mi habitación con vistas al parque o en ese salón de etéreas huellas de presencias pretéritas. Pero esta noche tenía que ocurrir, no transcurrir, no deslizarse, no pasar plácidamente entre entre el sueño y el placer y el amparo, tenía que ocurrir, como un acontecimiento fundante, en esa habitación fría, cursi y desangelada que había sido de sus padres y que ocupaba toda la segunda planta de una casita de obreros pegada a otras que, a su vez, acariciaban otras que conformaban un barrio de una sola calle más pendiente que la subida al Mönchberg al que tantas veces habíamos trepado sin aparente esfuerzo, enfrascados en una conversación alegre y lenta. Pero ni flores ni hierba en esta casa del Barrio Obrero de la Ciudad. Solo una calle en cuesta, estructurada en peldaños, casa por peldaño, con aceras estrechas y una calzada con rozas a los lados por donde se despeña un torrente en cuanto caen dos gotas.

Continuará…

La gran novela de Bilbao

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 9:37 am el Miércoles, Diciembre 13, 2006

Desde que en la primavera del 2002 me empecé a encontrar mal, revuelto y desazonado, por razones que ahora no vienen al caso, decidí levantarme todos los días a las 6 de la mañana y escribir durante dos horas. Escribir nada menos que la gran novela de Bilbao como quien suspira por escribir la mítica gran novela americana.

Esta gran novela tendría tres volúmenes.

El primer volumen se llamaría El Dueño de los Timbales, se centraría hacia mitad de los añs 60, una época gris, y se localizaría sobre todo en el Casco Viejo.

El segundo volumen, Remolcadores de Altura, estaría localizada en la Margen Izquierda y tendría una tonalidad más bien roja correpondiente a mitad de los 70, época de transición y de reconversión.

El Síndrome del Capataz sería el tercer volumen de esta gran novela de Bilbao. De tono marrón, la margen derecha sería su escenario y acabaría hacia finales de los años 80.

Como es el caso de muchos de los autores noveles, mi gran proyecto, lleno de ambición literaria tendría un gran componente autobiográfico; pero es que yo soy un bilbaino de los de verdad, de los que solo se dieron cuenta en la transición de que el País Vasco no se encontraba entre el Serantes y el Pagasarri.

Pero todo esto no importa mucho porque las buenas intenciones se acabaron pronto y solo llegué a escribir unas sesenta páginas del primer volumen. Nadie las ha visto nunca, ni a nadie se las he leído. Lo que sigue es parte del primer párrafo y lo transcridbo hoy aquí para conjurar la inspiración y quizá conseguir volver a tomar el poyecto.

He aquí ese comienzo que a hora no me parece tan malo:

Pudimos quedarnos a dormir en la casa que mis padres habían habitado en el ensanche más reciente desde después de la guerra. Mi antigua habitación había sido conservada esperando mi regreso. Era una habitación amplia y la cama suficiente para para dos, mucho más amplia que el catre que habíamos compartido con placer durante el último año. Pero esta posibilidad nunca fue una opción a considerar desde el mismo momento que enfilamos la plaza después de un viaje complicado: tren hasta Ginebra, otro hasta la frontera y el viejo coche de su abuelo hasta el portal mismo de una casa sólida, vieja y callada como la misma Ciudad. No llovía, pero la humedad era tal que el destartalado salón donde su abuelo había puesto a punto los timbales durante años, y que parecía llorar su ausencia en un silencio espeso y en una mancha de sequedad en el centro lindante con una cama recién instalada, podría habernos parecido como el cuchitril con estufa y café caliente en el que se protegen y tiritan de miedo y frió dos naúfragos.

Quizá algún comentario me decida a seguir o a romper y quemar la preciosa agenda gris en que están escritas esas primeras páginas.

En realidad de verdad: un añadido

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 9:34 pm el Lunes, Diciembre 11, 2006

Mentar a la madre es siempre origen de conflictos. Justo nada más terminar el post anterior ya me dí cuenta que me había metido en un lío. Pero no el posible lío entre dos catedráticos, sino algo mucho peor.

Decía, en efecto, que era mi madre la que decía esa frase de “en realidad de verdad”. Y lo era; pero la interpreté de una manera que no sé, ahora mismo, si es la correcta. Me lancé sin más a interpretarla como una frase a favor de una concepción de la verdad, la que la entiende como correspondencia, y que yo no compartía. Lo hice conscientemente para poder introducir mi defensa de la otra manera de mirar a la verdad y, de paso, meterme con las relecturas históricas que no me gustan y con los sedicentes expertos que no se miden con los que deberían ser sus pares.

Pero quizá subconscientemente lo que quería era ridiculizar a mi madre por falta de sofisticacíon. Pero una vez examinado ese subconsciente resulta que igual tenía razón.
Miremos a su frase al revés. Dada la famosa sintaxis vasca ocurre que igual lo que quería decir no es que hay dos tipos de verdad, el buen y el malo; sino que hay dos tips de realidad, la de verdad, es decir la buena, y la impostada, es decir la mala.

Y aquí sí que no podría repudiar a mi madre.

Mis aficiones epistemológicas quizá viene precisamente de querer seducirla . Quizá le hubiera gustado saber que me interesa mucho el construccionismo o construtivismo, es decir esa historia que nos dice que es posible que la realidad sea esa que ella no hubiera llamado de verdad, sino de pega.

Y es que “en realidad de verdad” las burbujas o las manchas solares son realidades de otra naturaleza. La diferencia está en lo efímero de la segunda realidad. Una realidad construída es una realidad objetiva pero su duración puede ser muy corta pues hay muchas realidades posibles de ese estilo. En cambio la otra, la de verdad, es mucho más estable.

El mundo construido es un poco como la ficción que curiosamente cada vez se lleva menos o cada vez se entrevera más con lo documental ( a su vez real o ficticio). Hay multitud de ejemplos. Pensemos en las novelas de Javier Marías o en las de Vila-Matas, o en las de autores ingleses de moda aquí como MacEwan, que deben documentarse para escribir su obra de ficción. Pensemos en el cine. Acabo de ver IBERIA de Saura a la que ya me he referido en este blog. Se trata de undocumental sobre la música de Albeniz recreada por el cineasta. Medem hizo la Pelota Vasca y he leído que ha filmado otro documental sobre la esquizofrenia. Me dice mi mujer que la última de Spike Lee es otro documental “ficcionalizado” ( o al revés) sobre New Orleans y el Katrina. Y eso sin mencionar al Baron Cohen de Borat o al Mike Moore que lo que hacen son realmente documentales ficticios.

Mi sospecha es que estamos sedientos de realidad porque vivimos en el mundo construído por nurstras propias creencias. Hemos descubierto que éstas son manipulables por nosotros mismos y nos gustaría anclarlas. Justo lo que mi madre hubiera hecho sin ningún esfuerzo. Algo parecido al informe Baker-Hamilton sobre la situación de Irak, un jarro de agua fría sobre una apreciación de una cierta creencia que no estaba basada más que en esa creencia.

En realidad de verdad

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 12:57 pm el Sábado, Diciembre 9, 2006

El título de este post corresponde a una expresión que utilizaba mi madre cuando quería comunicar que ya bastaba de especulaciones y que la verdad era la que ella se aprestaba a enunciar. Para ella la verdad tenía que ver con esa realidad que ella podía discernir y que podía contárnosla si, de una vez, dejáramos de especular.

La frase que tantas veces oí, me he vuelto a las mentes al seguir la polémica en EXPANSION entre Roberto Centeno y Juanjo Dolado en relación a los efectos de la inmigración en España y, secundariamente, sobre la capacidad como economista del candidato a alcalde de Madrid Miguel Sebastián.

Dijo Centeno que el informe con el que la Oficina Económica del Presidente conmemoraba el cambio en su dirección exigida por las aspiraciones políticas de Miguel Sebastián, era mediocre y cometía errores de bulto. No tardó mucho en responder Juanjo Dolado afeando a Centeno su falta de profesionalidad y su manera poco educada de referirse a Sebastián. Respondió Centeno sin argumentos serios y con su sanguinolencia habitual. ¿ Cómo podría el lector de EXPANSION hacerse una idea cabal de la problemática de la inmigración en España?

En realidad confrontamos este problema todos los días al leer los periódicos y es horrible imaginar el pavoroso vacío en el que se encuentra quien lee varios diarios y no tiene otros elementos de referencia. No citaré las teorías conspirativas sobre la tragedia de 11/M, pero podría hacerlo, lo mismo que podría hablar de la discusión sobre el creacionsmo o sobre la existencia de Dios o sobre el revisionismo histórico respecto a nuestra guerra civil liderado por historiadores poco reconocidos por la profesión aunque últimamente sostenidos como por un hilo por Stanley Payne. O podría referirme incluso a la negación del holocausto.

Cualquiera de estos casos plantea un idéntico problema que mi madre hubiera tenido que zanjar con su autoridad de matriarca vasca. Pero si de momento, y solo de momento, precindimos de la autoridad como forma de discriminación de teorías ¿ cómo podemos elegir entre ellas?

El elemento de autoridad no es nunca eliminable en mi humilde opinión. Solo lo sería si tuviéramos una teoría sobre la verdad que insistiera en que ésta es una correspondencia entre la toría y lo que realmente ocurrió. Esta es la única definición de verdad acepatable; pero esto no zanja el problema, sino que lo pone de manifiesto. Pues es eso justamente lo que no sabemos de primera mano, sino solo por testimonios obtenidos, tratados y luego expuestos a la luz pública por los historiadores profesionales. El problema, insoslayable e imposible de solucionar del todo, es el problema propiamente epistémico: cómo saber que sabemos.

Y yo no veo más que una solución que no sea una mera definción de verdad reiterada hasta el infinito. Lo único sensato y yo diría que honesto, es atender a la coherencia de lo que se plantea de nuevo con lo que ya cremos saber. Es decir, la verdad como coherencia que, ineluctablemente apela a la autoridad de los que se asocian como profesionales de la especialidad que nos concierne. Estas profesionales tienen sus filtros y aunque estos no sean perfectos y, como en todas las profesiones, haya compromisos y alguna trampa, la competencia entre ellos es la única manera quese me ocurre de decidir lo que creemos. No podemos, en efecto, decidir por nuestra cuenta que tal y tal cosa se explica a mi manera en contra de la opinión informada y solvente de la profesión correspondiente. Sí podemos pedir audiencia a los miembros de esa profesión y pasar por el filtro de sus reuniones científicas.

Pero lo que no podemos, no es honesto, es intentar ganar una batalla dialéctica ante una audiencia de personas repetabilísimas que, sin embargo, no están entrenadas a pensar en los términos exigidos por la práctica habitual de los expertos que se quema las pestañas trabajando y leyendo a los demás.

De ahí la responsabilidad de los medios no especializados en la elección de sus colaboraores de opinión. Pueden modular lo que ofrecen a los lectores y pueden hacerlo desde distintas perspectivas de interés; pero lo que no pueden es dar la misma audiencia a Dawkins que al cura de la parroquia, aunque éste se un poco como mi madre y esté dispuesto a zanjar la cuestión de realidad y la de verdad.

Pues lo mismo pasa con Juanjo Dolado y con Roberto Centeno. Busquen su c.v. y comparen. No lo hago yo para no privarles del placer del descubrimiento.

El malestar en la cultura innovadora

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 4:10 pm el Viernes, Diciembre 8, 2006

Quiero recordar aqui mis últimas palabras en la jornada sobre Innovación, Cooperación y Diversidad que organizó el Instituto de Innovación de Ibermática el pasado jueves 30 de noviembre en el Euskaluna. Las inicié con un recordatorio explícito del último o anteúltimo trabajo de Freud, cuyo 150 aniversario pretendía conmemorar.

La innovación organizativa y regulatoria que he preconizado implican la descentralización y la regulatoria implica competencia entre jurisdicciones regulatorias. Sin embargo, la competencia es menos aceptada de lo que parecería a juzgar por las declaraciones retóricas que se oyen a menudo y la descentralización que la hace posible es muy molesta en cuanto contradice algunas pulsiones muy básicas y quizá primitivas.

La competencia, en efecto, parece violar la seguridad que asociamos a la autoridad única, al Leviatán que con su fuerza frena nuestros impulsos agresivos. En realidad, sin embargo, la seguridad esta ya más en manos de la interconectividad que se produce a través del comercio; pero éste exige competencia, algo que puede ser muy desagradable si no está bien regulada. De ahí que más de medio mundo haya querido durante años un estado grande y fuerte e incluso la planificación central.

Hoy estoy pidiendo todavía más, que la regulación de ese comercio desaparezca para fomentar la competencia y que, la que reste o haya que inventar para evitar trampas, se descentralice. El malestar aumenta en un orden de magnitud: el poder que nos protege parece disolverse y la competencia regulatoria parece romper la unidad el mercado. Y, sin embargo, mi opinión es que estas innovaciones descentralizadoras, incluyendo, en su nivel, la descentralización organizativa, son la mayor garantía de seguridad que podemos proporcionarnos a nosotros mismos en base a la tupida trama de la interdependencia que les acompaña y en base a la igualdad de oportunidades que surge de la disipación de rentas que la competencia trae consigo.

Pero esto último no parece ser fácilmente aceptado. Es como si prefiriéramos estar sometidos al statu quo definido y detentado por el capturador del poder que ser libres y competir para tratar de apropiarnos de todo lo que podamos. En mi opinión este es el verdadero miedo, un miedo que luego se disfraza de defensa de unidades que, como la del mercado y la fiscal, parecerían favorecer la solidaridad.

El miedo a la cultura de la descentralización me parece por lo tanto miedo a la libertad, recelo ante la espontaneidad, adoración del poder. Como la libertad y la competencia son buenas para cada uno y para todos, hay que eliminar esta pulsiones primitivas que nos llevan a recelar de ellas. Pero ¿cómo? Enseñándonos mutua y cooperativamente el placer de una vida activa y luchadora que, en un mudo sin rentas, garantiza una situación económica que permite el cultivo de la personalidad individual y la autorrealización.

Y todo esto no me parece nada alejado de la contribución que hace Pekka Himanen ( La Etica Hacker como Cultura de la Era de la Información) en el libro recién editado por Manuel Castells, La Sociedad Red: Una CVisión global, Alinza Editorial, Madrid 2006; pero que proviene de un riginal en inglés con un título distinto y complementario: The Network Society. A Cross-cultural Perspective
En cualquier caso mis palabras forman parte de un trabajo que colgaré dentro de unos días en cuanto lo haya revisado y que presenté bajo el título de Innovación Organizativa y Reguletoria.

La orquesta Orpheus

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 10:17 am el Jueves, Diciembre 7, 2006

En un trabajo reciente del CEPR firmado por Klaus Desmet y Stephen Parente se estudian las condiciones bajo las cuales la coordinación, aparentemente necesaria para el buen funcionamiento de la empresa multidivisional, puede hacerse de manera descentralizada. Estas condiciones son aquellas que garantizan que la alineación de incentivos de los jefes de división no son un problema y que, sin embargo, el conocimiento de la idiosincrasia “local” propia de cada división es importante para la innovación.

Pensé inmediatamente en la orquesta de cámara Orpheus. Es una orquesta sin director en la que cada miembro es solicitado para que prepare una pieza del repertorio para ser ejecutada por la orquesta

Esto es lo que ellos dicen de sí mismos:

Founded in 1972, by cellist Julian Fifer and a group of fellow musicians who aspired to perform orchestral repertoire without a conductor, Orpheus is a self-governing organization. Central to its distinctive personality is its unique practice of sharing and rotating leadership roles. For every work, the members of the orchestra select the concertmaster and the principal players for each section. These players constitute the core group, whose role is to form the initial concept of the piece and to shape the rehearsal process. In the final rehearsals, all members of the orchestra participate in refining the interpretation and execution, with members taking turns listening from the auditorium for balance, blend, articulation, dynamic range and clarity of expression.

Como se observará sin duda, no se trata solo de una coordinación descentralizada y de una eliminación de la autoridad, sino también de una mitigación en la división del trabajo. Pero, curiosamente, podemos decir que aumenta la productividad en el sentido de que las piezas suenan ahora más frescas y con matices redescubiertos, según dice la crítica especializada.

Recordemos, por otro lado, que Orfeo bajó a los infiernos para rescatar a su amada.

Innovar puede ser hoy, en efecto, como renunciar a la autoridad de un director y descender al infierno del extaño trabajo de dirigir una piez musical de repertorio desde la sensibilidad de un insturmento específico, es decir aprovechar el conocimiento local.

Innovar es pues bajar a los infiernos de la incertidumbre para rescatar la libertad creadora, una amante inolvidable.

Otra vez Blank Slate

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 10:49 pm el Lunes, Diciembre 4, 2006

Pinker y Rorty discrepan educadamente sobre la naturaleza humana, sobre si es una tabla rasa (Blank Slate), donde se puede grabar todo lo que el entorno sensorial nos enseña, o es una pizarra ya escrita. Es en el último número de CLAVES de razón práctica.

Como ya conocen bien la imagen del gran Rorty, solo cuelgo en este punto la de Pinker Pinker

Sobre Blank Slate de Pinker escribí hace mucho y ahora me encuentro con Roger Bartra, un antropólogo de ideas luminosas que, atribuye a Pinker en su último libro el dudoso mérito de haber derribado un edifiio en ruinas. Sus ideas me parecen más completas, originales y novedosas que las de Pinker o Rorty. Por eso es conveniente que conozcamos su cara.

Roger Bartra

Culture wars III: desenlace

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 1:30 pm el Domingo, Diciembre 3, 2006

Por todo lo dicho hasta aquí, creo que las demandas de recomposición ideológica son una muestra de buena voluntad vacía completamente de contenido alguno. Estas demandas y los intentos que les siguen está tan obsoletos como un retal de una tela vieja que no se vende ni en rebajas.

A los partidos no les queda más remedio que mirar de frente la siguiente alternativa. O bien se debilitan tansformándose en federaciones o confederaciones cambiantes de grupos identitarios, o bien se atricheran en sus principios recuperados y se hacen fundamentalistas.

El futuro tira de ellos hacia la primera solución. El pasado hacia la segunda. Aquí, entre nosotros, parece que Zapatero sería el que se ha dado cuenta de esto y ha comprado futuro reconvirtiéndose al buenismo, al apaciguamento y al apoyo de toda disidencia. Fernando Fernández recomienda al PP que no caiga en algo similar, aunque reconoce que no le será fácil si el PSOE continúa sin definirse a lo largo de las líneas tradicionales y anticuadas.

Un recomendación por parte de Fernando, generalmente tan perspicaz, de volver a lo que eran los grandes partidos vertebradores de la sociedad. La sociedad, en mi opinión, hace tiempo que no necesita vertebración, sino aprender a deslizarse por un mundo desconocido. Mejor dejarse llevar por el viento o las olas que remar contra corriente.

En efecto, lo que la sociedad necesita no es vertebración, sino interacción grupal. La sociedad no se conserva entera en virtud de una autoridad vertical; sino mediante el continuo tejer y destejer de la interconexión horizontal entre, por ejemplo, nacionalistas, cristianos de base, lesbianas y partidarios de acabar con la propiedad intelectual.

Es justamente porque todo esto no se quiere entender que los partidos, o sus analistas o quienes los dirigen, parecen configurarse como fundamentalistas religiosos. El Islam siempre ha tenido el atractivo de ser un credo que organiza la vida entera de una persona en todas sus manifestaciones o avatares sin distinguir lo público de lo privado o lo civil de lo religioso o lo miltar. El Cristianismo, que ya fue así, ha sido despertado de su letargo posterior por el Islam y aborrece ese relativismo que, sin embargo es imposible de evitar en los tiempos que corren, y pretende también reglar todas las actividades cotidianas.

Pero creo que es demasiado tarde. Aunque quizá no sea este el caso en un “país de curas y militares y demasiado pocos comerciantes o artesanos”, por utilizar las palabras de Fernando Fernández. Pero en un país más evolucionado, como yo creo que es ya el nuestro, ya no cabe la Revolución, ni la de siempre ni la conservadora, solo queda la hegemonía como dice Baudillard (La agonía del poder, Círculo de Bellas Artes, 2006). Pero si ésta cree poder basarse en el dinero o en las armas, no tiene porvenir alguno.

Y es que no cabe ni la Revolución ni la hegemonía. Solo cae la dispersión, la diferencia y la identidad grupal o individual. Yo diría que esto se parece a lo que Suso de Toro escribía ayer sábado 2 de diciembre en El País,”Son Molinos”, refiriéndose a aquellos que atacan a Zapatero desde su mismo partido: no entienden nada. De todos formas quizá Suso esté diciendo otra cosa; pero yo acabo aquí, una vez expresado todo lo que quería decir sobre las cultural wars en las que estamos metidos hasta el cuello.

Culture wars II:nudo

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 2:13 pm el Sábado, Diciembre 2, 2006

Los esfuerzos partidistas por derivar de sus principios la postura a adoptar en estos asuntos transversales y propiamente culturales son patéticos pues no es posible hacerlo. No es que haya un toerema que lo demuestre; pero me parece que un poco de retórica basta para admitirlo.

Ser de derechas no significa ser corrupto o capturador del regulador; ni tampoco tragarse el revisionismo histórico, ni recelar de las nuevas tecnologías, ni ser antiabortista, o ser homófobo, jacobino centralista o retardatario científico, o ser teista o enfocar las relaciones internacionales con realismo cínico y la lucha antiterrorista a partir de principios inamovibles. Entre los de derechas (o que así se consideran), las opiniones sobre cada uno de estos asuntos están, como es natural, divididas.

Lo mismo se podría decir de las izquierdas (o de los que se consideran como parte de ellas). Y sin embargo y a pesar de esta simetría, parece haber unanimidad en pensar que son las izquierdas las que han perdido sus señas de identidad y se han convertido en meros atrapadores del poder. Los que así piensan añaden que las izquierdas acabarán teniendo un problema cuando la derecha acabe recomponiendo su agenda porque, hoy por hoy, las izquierdas lo único que aportan es una agenda incoherente que precisamente por ello agrupa a la de los grupos organizados según el principio cultural. Por lo tanto los abortista, los nacionalistas secesionistas, los pactistas o buenistas o los poco religiosos, así como los que no pueden corromperse por falta de oportunidades o los científicos o intelectuales, tenderán a ser de un partido de izquierdas, precisamente por la incoherencia de su ideología o, dirán otros, por su falta de principios.

La lucha partidista ya no es por unas reformas o mejoras, por hacerlas o no hacrlas, o hacerlas de esta manera o de esta otra; sino por engatusar a la mayoría de los disidentes de todos los dogamas. Y, siendo esto así, no es de extrañar que se de la famosa polarización. Esta siempre se daría a no ser que la posición sobre alguno de los asuntos culturales se coma a todos los demás. Esto es lo que ocurre con los partidos nacionalistas. Si uno es abertzale radical, por ejemplo, la posición ante el aborto, el feminismo, la homosexualidad o lo que sea, deja de tener importancia frente a la reinvindicación de la autodeterminación. Si, como otro ejemplo, uno cree en la lucha de clases pasa lo mismo excepto que, en este caso, se siente uno más impelido, supongo, a derivar conclusiones sobre cualquier tema de los que llamo culturales y ello simplemente por el hecho de que uno cree estar en algo científico, en este caso el socilismo científico. No hay un partido feminista; pero si lo hubiera quizá se desentendiera de otros temas. Lo mismo pasaría si hubiera un partido cintifista: pasaraía de otros asuntos que consideraría menores.

Y todo esto tiene consecuencias sobre las que algo diré en la tercera entrega de esta pequeña serie sobre las culture wars

Culture wars I: planteamiento

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 12:58 pm el Viernes, Diciembre 1, 2006

En la tercera del ABC del viernes 10 de noviembre, Fernando Fernández y Méndez de Andés se acerca a la interpretación que me parece correcta de lo que pasa en el estadio cultural el desarrollo social en el que nos encontramos en nuestro país. Viene a contarnos que el PSOE (pero el lector es llevado a pensar que también el PP) han perdido el guión y no saben que les toca hacer.

Pero me parece que Fernando no se ha dado cuenta de que el fenómeno es univesal. Pensemos si no en lo que la prensa anglosajona llama las culture wars a raiz de las elecciones legislativas americanas del martes 7. Tal como se sugirió en el blog de Becker y Posner, estas elecciones nos hacen ver que la política partidista no estructura correctamente la sociedad actual.

Aun a riesgo de ser un pelmazo, empiezo reiterando lo que vengo diciendo hace tres semanas. Según Alain Touraine,en este tercer estadio del desarrollo social el principio estructurador de la sociedad no es ya ni el Poder ni el Beneficio; sino la Cultura. Así como los dos primeros permiten una sociedad jerarquizada que desarrolla sus maneras verticales de gestionar esos asuntos que, aunque parezcan políticos o económicos, son en realidad cluturales, el tercer estadio desvela esta naturaleza última de los problemas acuciantes y tiene que aprender a manejarlos.

Pensemos en los siguientes cuatro temas: aborto, matrimonio homosexual, acción afirmativa, células madre. Este es el listado que mencionaba el FT en su editorial a los tres días de las elecciones americanas. Y ese mismo día Fernando Fernández, en clave aparentemente más local, añadía la organización territorial, la lucha antiterrorista, las relaciones internacionales y la religión. Se trata de temas que podríamos llamar políticos y que tienen ribetes económicos , pero que no se puede negar que son propiamente culturales. Se podría extender la lista incluyendo asuntos como la justicia, la propiedad intelectual, la corrupción, la captura del estado, la inmigración, el revisionismo histórico, o las nuevas tecnologías. Todos ellos transversales a la ideología partidista.

Si derechas e izquierdas se se diferencian básicamente en su concepción de la naturaleza humana (ángel caido o ángel devenido) y sus derivaciones respecto a la autoridad o la propiedad, no parece posible que los partidos que representan esos extremos, derecha e izquierda, tengan nada que decir sobre estos temas que he mencionado. Sin embargo los partidos políticos se se han pasado toda su vida, y continúan haciéndolo, atribuyéndose a sí mismo la defesa de una u otra postura respecto a ellos.

Sirvan estos comentarios para constatar el hecho antiguo, pero solo reciéntemente aceptado de que los ciudadanos ya no confían en los partidos polticos para que luchen por ellos en estos temas y que lo que hacen es organizarse en grupos transversales. Como cada uno de estos grupos no puede dejar oir su voz con suficiente estruendo, se venden al mejor postor. De ahí que los partidos tengan que enfrentarse al problema de conformar una agenda que capture a la mayor parte de esta ciudadanía dispersa.

Continuaré tratando de sacar algunas consecuencias de este hecho.

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