Los científicos

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 9:38 am el Lunes, Noviembre 13, 2006

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El cuadro interpretativo que ofrece la conferencia de Touraine que llevo glosando una semana, no solo sirve para hablar de nuevas formas de hacer política tal como decía hace tres días ; sino que también puede ser usada para pensar sobre otros aspectos de la vida social de hoy en día. Por ejemplo sirve para empezar a pensar sobre política científica a través del examen de las comunidades científicas o, para mayor sencillez, a través del examen de los científicos, así en general.

Yo diría que los científicos contradicen con sus actos la imagen que quieren dar y que todos creemos tener de la ciencia. Presumen de ser el ejemplo de una sociedad que es universal y meritocrática, es decir una gesellschasft. Pero la meritocracia está demasiado a menudo traicionada por la propia parsimonia de la ciencia y la correspondiente inercia de los rankings y el universalismo es contradicho por la práctica diaria tributaria de sesgos localistas. En realidad, forman una gemeinschaft con la pretensión contradictoria de ser lo más universalista. Son de la época del poder en cuanto que conforman una comunidad localista y con miembros situados estamentalmente según el último ranking.

Empleando el simil taurino que usé, siguiendo a Zapatero, para hablar del candidato socialista a la alcaldía de Madrid, podría decir que los científicos se adornan pero no se arriman. Y esto contradice tanto a la gemeinschaft, el la que la gente se arrima sin adornos, como a la geselslhaft en la que la gente ni se arrima ni se adorna.

Y sin embargo en el mundo de hoy, en el que es el principio cultural el que estructura la sociedad, si un grupo quiere ser escuchado como un conjunto con identidad cultuaral propia tiene que adornarse y arrimarse. A pesar de esta evidencia, los científicos como grupo no proceden así; sino que se atricheran formando una comunidad que se consuela gritando sus verdades como adornos. No se dan cuenta que la comprensión del mundo ya no interesa, en general y salvo excepciones, más que de una manera utilitaria y, por lo anto cercana; diríamos que arrimada.

Lo que a ellos, los científicos, les interesaría hoy es la la construcción de una identidad identitaria que hiciera de su colectivo algo reconocible como interesado en la verdad y en lo fundamental (adornos) al tiempo que no renuncia a encontrar aplicaciones que mejoren la salud o salven el medio ambiente (rozamiento propio de lo arrimado).

De esta manera estarían en disposición óptima de convertirse en cazadores de rentas, algo que intentan hacer hoy pero que nos les sale muy bien pues quieren utilizar la proximidad al poder propia de la gemeinschaftt para exigir rentas que se les deberían por su universalismo, algo propio de la gesellschaft. Para conseguir esas rentas tendrían que ser multiplemente locales, arrimados a diferentes imtereses, y adornarse de universales en cuanto que nada les es ajeno pues pueden disfrazarse de lo que sea.

Aunque pueda parecer una boutade yo me atrevería a decir que a los científicos les interesaría feminizarse. Es decir les interesaría presentarse como un grupo que trasciende la separación entre lo público y lo privado tal como hacen hoy las mujeres según Le Monde de Femmes, el último libro de Touraine. Como las mujeres, los científicos deberían ser el ejemplo de que la autorealización como sujetos comporta la importancia política y pública de esa autorealización.

Rezaré por tí

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 11:31 am el Domingo, Noviembre 12, 2006

Donald Rumsfeld

Mi Goulue no miente. Por mis muertos les juro que, en una de las despedidas de Donald Rumsfeld en una cualquiera de las muchas que se habrá obligado a teatralizar estos días, terminó su discurso diciendo que rezará por los muchachos desplazados a Irak para salvar al mundo. El ha sido Moisés; pero el Aarón que terminará la terea será otro, alguien ya designado y de cuyo nombre no me acuerdo.

Donald Rumsfeld es un gran tipo, un Alan Ladd por tamaño; pero un Mitchum por capacidad torácica y uno de esos secundarios del cine americano de los cincuenta por su sobria belleza masculina y por el cariño que suponemos dispensa a sus nietos. No es un Chiney malvado, ni un Rove tramposo. Es un buen hombre que ama a su país. Y si me apuran les diré que yo le veo un toque Redford.

No son esas sin embargo las peculiarifades que ahora quiero recordar, sino las palabras de su despedida. No, no me emocionan; casi todo lo contrario. Pero me han dado una idea.

Ahora ya sé cómo quiero que mi mujer me licencie cuando se agencie, dentro de unos años cuando llegue a la edad de la Lollobrigida, un amante curentón. Le voya a hacer un guión por si acaso esto curre. Ya lo comentaré; pero de momento sé que no quiero que me diga que espera que sigamos siendo amigos. Y sobre todo sé que quiero que me diga que me tendrá en cuenta en sus oraciones.

Es como haber hecho testamento. Ahora ya estoy tranquilo. Si llega ese día en que yo me vea obligado a dimitir para salvar las apariencias, escucharé el “rezaré por tí” casi con agrado. Me habré quedado solo; pero se habrá cumplido mi voluntad.

¡Abajo los principios!

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 9:46 am el Sábado, Noviembre 11, 2006

El título de este post es la conclusión de mi almuerzo con Ignacio Pérez Infante en Las Batuecas, conclusión alcanzada después de emborracharme de hígado encebollado, el mejor que he tomado nunca.

Ignacio, que es un muy buen amigo, me escuchó sonriente el discurso plomizo que le ensarté y que coincide con lo que he escrito aquí hace unos días como resumen de la conferencia de Alaine Touraine patrocinada por PWC. El final, sin embargo, estaba un poco mejorado y consistia en un pensamiento reciente en el que no había reparado entonces.

Cuando como ahora la sociedad está estructurada por la Cultura y no por el Poder o por el Beneficio, lo que importa es la identidad y el reconocimiento de la misma. Nos organizamos por grupos centrados en un rasgo identitario que puede ser el nacional o el sexual, por mencionar los dos más importantes a los que ya hice referencia. Pero hay otros rasgos identitarios como, por ejemplo, la manera de vestir o el tipo consumo que realizamos o la decoración de nuestras moradas.

Pero como ocurre que ciertos aspectos de los estadios anteriores en la conformación de la sociedad subsisten, tenemos que aprender a hacer política o a manejar los asuntos económicos en este nuevo mundo. La economía se configura como la que he descrito en EL CAPITALISMO QUE VIENE; pero ¿y la política?. Tiene que atender, si sigue siendo democrática, a los intereses de todos esos grupos mientras pretende atender a los ciudadanos como tales. De ahí que las medidas políticas tengan que ser difusas, lo mismo que las maneras con las que se pretende hacerlas aceptables

Aquí me paró Ignacio y me dijo que ya, que ya lo entendía; pero que el precio era muy caro, pues todo esto comportaba la renuncia a los principios. Y yo me disparé sustituyendo el discurso plomizo por otro más alocado. Los principios en los que él y yo habíamos creído en nuestra juventud antifranquista eran sistemática y torticeramente desvirtuados especialmente desde ciertos ámbitos que usan el principio de libertad, o bien para justificar la corrupción bien diseñada, o bien para sostener posiciones a mi juicio aberrantes en lo que concierne a las libertades concretas.

En aquel momento me pareció claro que los únicos que hablan de principios son o los izquierdistas irredentos o los jacobinos centralistas o los conservadores ricos que aspiran a serlo más. Así que afirmé con todo candor lo que he tomado como título de este post: ¡Abajo los principios! Prefiero un mundo sin principios que un mundo donde la afirmación de los principios no es sino una cohartada para refugiarse en un mundo que no quiere ni desaparecer ni evolucionar.

Desbarré más, quizá intoxicado por el hígado, pero no me arrepiento porque me quedé satifecho. Tenía ganas de oir cómo sonaba este discurso en los oídos de una persona inteligente y de las pocas que quedan con sus principios intactos. Terminé explicando cómo era este discurso posmodermo, y solo él, el que permitía salvar al mismo tiempo mis proclividades nacionalistas no muy ortodoxas y la política presuntamente herrática de Zapatero, cosas ambas que quiero defender pues de lo contrario volverá el conservadurismo y volverá, como dicen los anglosajones, “with a vengeance”. Pero no solo por eso.

La sociedad cultural y su control

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 10:56 am el Jueves, Noviembre 9, 2006

Resumía hace dos días una conferencia de Alain Touraine. Cabría ahora preguntarse cómo se controla ese nuevo mundo que él veía como ya vigente.

Lo sorprendente es que se controla a sí mismo a través de la interdependencia y de la competencia asociada a la lógica de la abundancia que elimina las rentas justamente porque cada uno de los grupos quiere apoderarse de ellas. Esta forma de control es novedosa y desconocida: no tiene que ver con la autoridad, ni con las rentas artificiales que esa autoridad genera para sus amigotes, no aprovecha la escásez que todo lo condicionaba hasta ahora y permite toda clase de coaliciones, algo mal visto por el poder jerárquico que desea perpetuarse.

Me parece que la crispación que creemos observar aquí en el ámbito político, pero que yo creo universal, vigente en todo país y en todo ámbito, no haría sino reflejar el miedo a este mundo desconocido en el que ya estamos instalados y en el que parecería reinar la anarquía. El orden existente parece precario porque no entendemos su naturaleza y su resistencia, como si estuviera hecho de un nuevo material. Y porque no entendemos la forma de control social, tampoco entendemos este nuevo mundo que Touraine nos presentaba y en cuya descripción y perspectivas incide en su nuevo libro Le Monde de femmes

Esta incomprensión, solo en parte justificada, cambia muchas cosas. Por ejemplo,y en general, hoy pueden brillar personajes que parecerían idiotas solo hace unos años de acuerdo con la forma de control social de esa época. Más en clave local, ese malestar general que llamamos crispación es menos difusa y se concentra en asuntos variados diferentemente tratados. En nuestro entorno observamos hoy, por ejemplo, que entre las personas más sensatas surgen extraños reflejos que les llevan a criticar la presunta falta de coherencia del presidente del gobierno, o que nos comportemos como chiquillos acusándonos de haber empezado la crispación, o que se lleve el proceso vasco fuera de nuestras fronteras, o que el ABC responda al Mundo, dándole así una preponderancia a este medio de la que carecería, o que la lógica comercial conduzca a una exagerada polarización de los medios de comunicación. Todas estas quejas reflejan, con independencia de su mayor o menor pertinencia, la dificultad de darse cuenta que todo ello es inevitable en ese tercer estadio del desarrollo social centrado en el principio Cultural y en la forma de control social que le corresponde.

A mi juicio todas estas novedades son también deseable pues, cuando se consoliden, generarán cotas inusitadas de libertad e irán estructurando la sociedad en grupos, variados y numerosos, de cultura homogénea dentro de cada uno y, lo que es más importante, solapados entre sí en nuna interdependencia imposible de soñar en el pasado.

Por lo tanto, el que quiera conservar sus poderes, rentas o privilegios definitorios del actual statu quo deberá aprender a manejar las instituciones políticas y económicas que no van a desaparecer de la noche a la mañana aunque provengan de mundos sociales pasados. ¿Cómo ganar elecciones en este mundo?, ¿cómo administrar las sociedades mercantiles en este mundo?, ¿cómo conservar el statu quo? En mi opinión las respuestas están en la comprensión del mundo cultural que describe Touraine y en esas nuevas tecnologías que no acaban de aparecer, pero que están ya ahí, a las puertas de convertirse en nuestras inseparables prótesis. Sin embargo, en base a las tecno logías que ya dominamos deberíamos ser capaces de decir algo, cosa que espero ir haciendo aquí.

La conferencia de Alain Touraine

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 8:35 am el Martes, Noviembre 7, 2006

Hace unos días asistí a un desayuno con Alain Touraine organizado por PWC. El resumen de lo que dijo este sociólogo archiconocido francés sería como sigue, expresado en mis propias palabras.

La sociedad como conjunto de individuos tiene entidad propia pero cambiante según sea el principio estructurador vigente. Ese pricipio determina la división en grupos y también si esa división es jeraquizada, simplemente ordenada o caótica.

En el “comienzo” era el principio del Poder el que actuaba como estructurador, los grupos estaban jerarquizados, desde la nobleza a los siervos de la gleba, y se formaba una gemeinschaft con la gente situada, sin meritocracia y sin ningún universalismo, sino más bien con un localismo obvio.

En un segundo momento y con la revolución industrial, el principio ordenador es el Beneficio o la Riqueza o el Control Económico. Los grupos están ordenados y se forman las clases sociales. Simultáneamente empieza a surgir el individuo, se habla de derechos humanos y aparece la Gesellschaft con su meritocracia y su universalismo junto a la idea de ciudadanía.

En un tercer momento, que sería el actual, la ciudadanía ya no surge de la consideración de un solo grupo; sino que el principio Cultural reestructura la sociedad en diversos y numerosos grupos centrados alrededor de ciertos derechos humanos que aparecen no tanto como libertades cuanto como definitorios de una cultura diferente o de un estilo de vida alternativo. Se impone la diversidad y la política del reconocimiento.

Sin entender la naturaleza de este tercer estadio no hay manera, por ejemplo, de dar cuenta de manera inteligente de los sucesos de hace un año en los suburbios de las grandes ciudades francesas y que ahora reaparecen.
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Es verdad también que este tercer estadio parece una vuelta al primer estadio por lo de la dispersión que lo caracteriza; pero ésta está basada en algo muy distinto del Poder o del Beneficio. Es en este tercer momento cuando surgen las cuestiones de género o cuestiones de nacionalismo más allá de las vulgares.

Los nuevos nacionalismos nos llevan a una sociedad organizada politicamente como una confederación, economicamente como un mercado global abierto a la competencia sin demasiadas regulaciones y culturalmente como un conjunto de distintas comunidades identitarias solapadas, algo así como un conjunto de parques temáticos que uno visita a voluntad.

En cuanto al género las discriminaciones se irán eliminando; pero esto no es lo más importante. Lo que interesa es que, por un lado, se rompe con ideas básicas relativas a la psique que parecían inexpugnables: tabues y complejos como el de edipo se van a violar sin traumas pues su funcionalidad ha pasado; pero, por otro lado, se impne un reconocimiento de la individualización del género, algo que hace de éste algo eligible. El género que se impondrá culturalmente será el que sepa simultanear lo público con lo privado aunque ambas nociones cambian un tanto sus límites.

Es en un momento cultural como en el que nos encontramos hoy cuando aparecen el multiculturalsmo, el relativismo frente el universalismo y el tiempo de las mujeres que saben conciliar lo público y lo privado no tanto como una obligación familiar sino como la conquista de un nuevo individualismo. Y todo ello con independencia de la inmigración que, de todas formas, agudiza esa problemática actual.

Hasta aquí el resumen de la conferencia a la que asistí. A partir da aquí seguirán comentarios que esa conferencia me sugirió comenzando hoy por dos asuntos elementales y dejando para más adelante otros más enrevesados

El revival del backoffice

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 11:40 am el Domingo, Noviembre 5, 2006

Otra entrada añeja en mi Goulue. La transcribo tal cual:

De cómo a la velocidad a la que marchan los derivados el backoffice está desbordado y si hubiera un susto nos encontraríamos con que la propiedad es dudosa.

Y añado un breve e inevitable comentario.

Se trata de una cuestiónde velocidades y la más lenta marca el máximo ritmo sostenible. Lo mismo que la tasa de crecimiento de una economía está determinada pr la tasa de crecimiento del factor de producción que menos rápidamente crece.

Y, en el fondo, un ejemplo obvio de la importancia de la ecasez. Los contables pueden llegar a ganar lo que hace algún tiempo ganaban los CFOs.

La bolsa o la vida

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 5:53 pm el Sábado, Noviembre 4, 2006

Una de las entradas más atrasadas de mi Goulue hace referencia a una reflexión sobre la imperiosa necesidad de decir algo sobre el bonito artículo de mi ex colega de la Carlos III Andrés Betancor en la contraportada de EXPANSION el miércoles 25 de octubre.

El artículo de este catedrático de la Pompeu Fabra lleva por título el muy expresivo de O muerte o ruina. Es una manera muy eficaz de referirse al hecho de que, según la legislación americana, el patrimonio de un muerto no puede ser retenido o usado para compensar a los perjudicados por las actividades del muerto, aunque haya sido condenado, sempre que falte algún trámite procesal respecto al cual el muerto no puede hacer valer su opinión.

En el caso Enron, Ken Lay, el Presidente, murió en Colrado antes de que la sentencia se fijara defnitivamente por el correspondiente juez y así sus bienes no se van a evaporar en indemnizaciones. Ahora le ha tocado a Jeff Skilling, el que, como CEO, parecía el cerebro de todas las innovaciones que Enron puso en marcha. Ha sido condenado a un montón de años y mientras la sentencia no sea firme uno puede imaginar el escalofío que el pobre Jeff debe sentir cada vez que se acuesta junto a su esposa o ésta le ofrece una taza de té.

Volvamos a recordar lo que he dicho sobre el caso Enron en un par de ocasiones . No es que los acusdos no sean delincuentes- lo es el que la justicia dice que lo es- ni tampoco que sean virgencitas. Pero son, además, mártires. Lo mismo que un científico se arriesga ensayando sobre sí mismo un compuesto nuevo, estos innovadores visionarios se convirtieron no en vírgenes y martires, sino en aprovechados y mártires. Algo muy en la tradición de los robber barons a los que yo sigo admirando y no porque luego se convirtieran en mecenas, sino porque se la jugaron, en aquellos días de frontera, de la misma forma que se la jugaron, hasta hace cinco años, los que alumbraron Enron, tratando de inventar nuevas formas de mercado y nuevas maneras de asegurarse en esos mercados.

Y hablando de América, origen de casi todas las novedades de los últimos cincuenta años, parece realmente diferente e innovador que uno pueda salvar su patrimonio sucidándose. Se trata de una curiosidad juríco-penal, pero revela algo de la jerarquía de valores que acabaremos aceptando: la bolsa antes que la vida. Parece que ésta está sobrevalorada.

El premio Nobel de Phelps:una esperanza para setentones

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 6:23 pm el Jueves, Noviembre 2, 2006

Edmund Phelps

Hace unos días escribí en EXPANSION, junto con Juanjo Dolado, un comentario sobre el último premio Nobel, otorgado para sorpresa de muchos a Edmund Phelps, profesor de la Universidad de Columbia. Era un candidato eterno del que nadie parecía acordarse este año en las porras que proliferan en estas épocas otoñales.

El articulito con Juanjo era de esos que hay que escribir el mismo día que se anuncia el galardón por lo que no admitía comentarios más personales. Hoy me gustaría ofrecer aqui los míos, unos comentarios evocadores que me retrotraen a épocas de juventud.

El galardón que se otorgó a Edmund Phelps es una alegría para los economistas de mi generación y una esperanza para setentones. Verán porqué.

En años pasados me he quejado sucesivamente de que no le concedieran a Auman el Nobel cuando se lo dieron a tres teóricos de los juegos no más importantes que él y de que se olvidaran de Radner, un pionero, cuando se lo concedieron a los tres mosqueteros de Economía de la Información. El primer error fue remediado más tarde, pero el segundo no lo ha sido todavía.

La discusión acerca de quién lo merece, si el pionero o si el que redondea y profundiza las ideas de otro, es una discusión eterna posiblemente sin respuesta definitiva. Sin despreciar a este último, especialmente si redondea o profundiza bien, yo apuesto por el querealiza trabajo seminal. Pues bien, Phelps tiene trabajos seminales, pero nadie parecía acordarse.

Sin embargo los economistas de mi generación, interesados en teoría del crecimiento y en Macroeconomía nos acordamos de lo mucho que lo leímos a principios de los 70 cuando elaborábamos nuestra propuesta de tesis doctoral. Por un lado estaban su aportaciones a la teoría del crecimiento , solo o con Drandakis, aportaciones que fueron cruciales para entender el sego del progreso tecnológico y la regla de oro de la acumulación, artículos que, incidentalmente, revelaban una manera de escribir alegre y bella.

En aquella época, sin embargo, su nombre se asociaba ya al de Milton Friedman y a la critica de la ingeniería macroeconómica basada en lo que parecía una regularidad en la que apoyarse, la famosa curva de Phillips que relaciona negativamente la tasa de desempleo y la inflación de salarios (en el trabajo original de Phillips) o de precios . El secreto estaba en las expectativas incluso antes de la revolución de las expectativas racionales. Basta con que éstas sean adaptativas, es decir basta con suponer que vamos aprendiendo de nuestros errores, para que haya que distinguir los efectos de una política anticíclica a corto y a largo plazo y se empiece a dudar de las posibilidades de la Política Económica.

Ahora ya sabemos que largo plazo, o incluso a corto si las expectativas son racionales, las autoridades económicas no nos podrán seguir engañando de forma que no podremos “comprar” empleo a base de inflar la economía sea a través del Política Monetaria o de la Fisacal. Friedman ya tuvo su Nobel hace muchos años y los refinadores posteriores de esta idea también lo han tenido hace pocos años ( Lucas). Es como si los hoy setentones estuvieran encerrados entre sus padres y sus hijos.

Mi generación recuerda también que fue Phelps el que nos guió a través de lo que entonces se llamaban los microfundamentos (de la Macro). Esta, la Macroeconomía, no debería seguir siendo una maquinita simple como un cubo de Rubic, sino que debería generar proposiciones coherentes con las maneras de entender el comportamiento de los agentes individuales lo que, de paso, permitiría alumbrar proposiciones de bienestar. Editó, en efecto, un famoso libro en el año 70 que yo recuerdo haber leído con frución con fruición y en el que, además de él mismo con sus historias sobre las islas separadas entre las que la información no fluye instantáneamente, escribían autores como el citado Lucas ( quien casi inmediatamente se aprovecharía de esta idea) y el que este año era mi favorito en las porras, Dale Mortensen que presentaba un modelo para mí nuevo del mercado de trabajo centrado en la búsqueda de empleo. De las páginas de aquel libro surgieron muchas ideas renovadoras sobre el mercado de trabajo o sobre problemas informacionales así como cierto apoyo a posibles ideas de desequilibrio ( asociadas a la modelización de los precios como fijos a corto plazo) en algunos mercados cruciales como el de trabajo y que explicarían en parte la idea de la famosa tasa natural de desempleo. Ideas todas estas que, a su vez, acabaron poniendo en juego no pocas políticas microeconómicas al tiempo que subyacen a la Nueva Economía Keynesiana.

Phelps fue desde entonces un autor prolífico; pero muchos de los seguidores de sus intenciones lo hicieron tan bien que le quitaron el premio Nobel. Por esa razón que lo gane ahora es un desquite para los setentones que se podrían creer olvidados y postergados.

Hace relativamente pocos años publicó un librito corto, resultado de unas conferencias, en el que describía siete maneras de intentar seguir creando ideas en la macroeconomía. Era su manera de decir que la disciplina no estaba cerrada a pesar de que ciertas maneras de mirarla, que también han tenido su reconocimiento, como en el caso de Prescott, no son necesariamente las únicas maneras de pensarla. Quizá por eso pudiera aplicarse a la macroeconomía lo que Pheps contaba con humor de sí mismo en un chiste que ya mencionamos Juanjo y yo. Se ponía en el lugar de un cantante de ópera que agotado de bisar una cierta área pidió respiro al público solo para escuchar desde el gallinero una potente voz que le exhortaba a seguir cantando hasta que lo hiciera bien.

Phelps, después de sus primeros éxitos siguió cantando y, cuando ya algunos se habían olvidado de él, vino a decirnos que deberíamos seguir cantando hasta que hagamos bien nuestros deberes macreconómicos. Yo me quedo con esta admonición y me alegra que alguien que parecía olvidado, atrapado entre sus padres y sus hijos, haya tenido su reconocimiento. Una esperanza para setentones

Sonia Ferrer, dVb y las disfunciones eréctiles

Archivado en: dietario — Juan Urrutia a las 9:45 am el Miércoles, Noviembre 1, 2006

Los chirimbolos de Alvarez del Manzano en Madrid están a rebosar de una fotografía imposible de evitar. Es un anuncio de una línea de fragancias que sacan los Beckham. En esa foto veo yo el síndrome de Estocolmo avant la lettre. El mejor pie derecho del mundo nos mira a los transeuntes mientras acaricia con su mano izquierda ese lugar clave entre la cadera y la nalga de Victoria quien ,a su vez, abandona su cabeza en su pecho de él. El quiere arrancarle el culo y ella, ante la imposibilidad física de librarse del expolio, demanda realmente y no solo finge, protección a su propio agresor. La mejor manera de poder sobrellevar el hecho de que, ni de lejos, es su propia dueña.

En las paginas de cualquier periódico diario podemos observar un annucio de factura anticuada que nos ofrece soluciones variadas a la disfunción eréctil. Un hombre de edad madura y con todo el pelo cano rodea con sus poderosos brazos a una mujer que suponemos la suya. Los lectores imaginamos que él acaba de experimentar un gatillazo y ella le consuela tramposamente acariciando esos antebrazos protectores y perdiéndose en el ensimismamieto de su protección. Su demanda de protección no es genuina como la de Victoria, es una demanda espúrea que finge necesidades más imperiosas que las sexuales.

En ambas situaciones visuales la mujer pide, genuina o falsamente, una protección que es posiblemente innecesaria pero que ellas creen seguir necesitando y quien sabe… Pero aquí llega ella, como una Ursula Andress salendo de las aguas a lo Afrodita, con puñal al cinto y con el poder en la mirada. Así aparece Sonia Ferrer en la portada del último número de Interviú. Y en el reportaje interno nos enteramos de que sale de las aguas con los zapatos en la mano, que se los calza para solazarse en el agua y se los quita para calentarse al fuego o ensuciarse en la tierra. Es la reina de las amazonas en una coleccion de fotos que evocan, no solo al Doctor No frente a 007, sino a esa estética de mujer primitiva y guerrera con arco que nos ha regalado el cine desde hace bastantes años.

Victoria y la anónima esposa madura no se entienden sin un hombre al lado, un hombre que les hace mucho daño o no el suficiente. Sonia aparece sola y sabemos que, a pesar de su juventud, ya ha crecido y va a conseguir lo que quiera. Y lo más probable es que eso que un día querrá no tenga nada que ver con ningún hombre.

Sonia es para mí el territorio inexplorado de la persona que tiene la piel fina, pero que nos sobrepasa en inteligencia (utilizando a la perfección la ambigüedad) y en buena forma física, que no acepta esa división del trabajo que llevada a extremos resulta estúpida, que se puede ganar la vida sin nuestra ayuda pues tiene algo que ofrecer al mundo tal como decía hace unos días y de la que no podemos esperar contemplaciones. Nos dará su cuerpo solo si quiere sin necesidad de recibir a cambio una protección que no necesita y si le fallamos en el sexo nos cambiará por otro a no ser que sepamos llorar como antaño hacían ellas.

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