La unidad de España

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 11:38 am el Viernes, Septiembre 15, 2006

El espectáculo de Pepe Rubianes, Todos somos Lorca, se retira de la programación del Teatro Español, propiedad del Ayuntamiento de Madrid. Soy incapaz de discernir si hay censura, poca firmeza ante presiones determinadas, cobardía por parte del director del teatro, Mario Gas, o todo ello a la vez. No me interesa mucho si alguien debiera dimitir, sea el citado Mario Gas, sea Alicia Moreno como concejala de cultura del Ayuntamiento de Madrid.

Lo que me interesa, aunque tampoco tanto, es el contraste entre dos formas de referirse a la unidad de Esaña. Es cierto que el inicio del problema proviene del uso por parte de Paco Rubianes hace meses de “expresiones escatológicas” para referirse a la unidad de España. Pero también es cierto que tampoco hace mucho los obispos se referían a esa unidad con “expresiones sagradas”. Mi relativo interés en este contraste proviene de mi caprichoso deseo de llegar a saber en dónde está ubicada esa noción de la unidad de este Estado, bien definido en el contexto de la comunidad internacional, en el que nací y vivo y que se llama España, a lo largo del segmento que une imaginariamente lo escatológico con lo sagrado.

Antes de entrar en las elucubraciones perezosas a las que el asunto me lleva, desearía dejar constancia de una asimetría. Mientras por una razón o por otra las “expresiones escatológicas” de Rubianes tienen un coste par él y su negocio teatral ( quizá mitigado por la propaganda gratuita que ha “sufrido”), las “expresiones sagradas” no parece que cuesten nada a los obispos, a la emisoria de radio en la que éstos participan colectivamente o a los nostágicos de otros tiempos que las han utilizado a veces, creo.

Dicho lo cual, y para empezar a refexionar de manera caprichosa sobre el caso que nos ocupa, desearía ahora hacer jugar al concepto de naturalidad para tratar de ubicar la unidad de España un poco a la manera a la que lo haría el magnífico Hume. ¿Cual de las dos maneras de referirse a ella es más natural? A mí me parece que la unidad de España debería estar como hacia la mitad del segmento al que he referido. Ni es algo tan natural como la fisiología ni algo tan sobrenatural como los arrebatos místicos.

Ahora bien, de acuerdo con una utilización seria de este concepto de naturalidad todo lo que nuestros sentidos perciben que ocurre debe ser entendido como natural. Por lo tanto creo que, dado que las groserías de Rubianes y las melosas palabras curiales existen en una proporción sesgada hacia las segundas, hemos de aceptar que la unidad de España está más cerca de lo sagrado que de lo escatológico.

Así son las cosas. Pero siendo así no entiendo bien el argumento económico, esgrimido en el fragor de la batalla, de que no se puede, o no se debe, financiar con dinero público algo que ofende a muchos españoles que son sensibles a lo sagrado. El argumento es cabal siempre que el Ayuntamiento de Madrid, que es el que paga, forme parte de España y que ambos, el Ayuntamiento y España se integren en esa unidad más bien sagrada de la que hablamos. O sea, que ese argumento no vale porque presume lo que hay que demostrar: que España es una por razones sagradas.

Esto es cierto en pura lógica; pero no estaba yo tratando de hablar en ese tono. Lo siento. Solo pretendía pasearme cansinamente por la actualidad.

¿Desenfundar la pistola?

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 11:30 am el Jueves, Septiembre 14, 2006

No es un refrán y por eso no lo odio tanto; pero comparte con esos bocaditos de presunta sabiduría su carácter de sentido común congelado casi siempre desacertado. Me refiero a esa idea que se expresa diciendo que “no saques nunca la pistola si no estás dispuesto a disparar”. Utilizaba esta expresión Emilio Lamo de Espinosa en la segunda parte de una tercera de ABC sobre El 11-S y el nuevo escenario estratégico publicada el martes 12 de septiembre.

Refiriéndose a la vía europea hacia la solución del aparente conflicto con el mundo árabe, más o menos fundamentalista, y más en concreto al envío de tropas europeas bajo bandera de la ONU al Líbano, escrbía:

nada hay más arriesgado que enviar fuezas…cuando no se tiene la seguridad de querer utilizarla, pues la paradoja de la disuasión es que nada llama con más fuerza a la violencia que la apariencia de debilidad ( No saques la pistola si no estás dispuesto a disparar….)

Sin embargo la sabiduría congelada que se expresa entre paréntesis y, por lo tanto, toda la frase me parecen un poco anticuadas. Trataré de encapsular una sabiduría alternativa y luego la defenderé.

Mi sabiduría alternativa sería:

No tengas pistola; si la tienes no la desenfundes, si la desenfundaa no la dispares y si la dispares que sea contra tu cabeza.

Tener pistola es razonable, se me dirá, en un mundo en que otros la tienen; pero si lo que buscamos es la sabiduría general, lo mejor es no tenerla. En un mundo sin pistolas habría violencia, pero sería menos definitiva y sus efectos o errores, legales o no, podrían ser reversibles. Un mundo en el que nadie tiene pistolas es como esa buena solución de un dilema del prisionero que parece que nunca se puede alcanzar. Como hay maneras teóricas de explicar en qué condiciones esa solución buena sí puede alcanzarse y como experimentalmente se alcanza a veces, mi sugerencia no es irracional de entrada.

Si, de todos modos la tienes y la desenfundas es muy probable que el otro sea más rápido que tu y todo acabe fatal también para tí aun suponiendo que el oponente no se vaya de rositas. O sea que estamos como en el caso anterior.

Si la desenfundas y el otro es más lento y disparas liqidándole, no solo el rencor atávico contra tí y tu estirpe será muy duradero por parte de los miembros de la suya; sino que lo más probable es que el enemigo desarrolle un arma que te venza algún día.

Alternativamente, una vez desenfundada la pistola con ventaja temporal lo mejor es pegarte un tiro en la sien. No hay nada tan desconcertante como esta autoagresión letal. No sé lo que el otro quería; pero si ahora lo puede conseguir, estoy casi seguro que no lo disfrutará. Y, en cuanto a tí, habrás ganado una batalla importante que el enemigo no olvidará facilmente de la misma forma que Al Qaeda está ganado algunas batallas a occidente más allá de la destrucción que acompaña al suicidio terrorista. Justamente al estilo de los bonzos que solo se autoinmolan sin arrastrar a nadie con ellos al más allá: una táctica enormemente efectiva en la guerra de Vietnam.

En los párrafos anteriores hay ya una defensa práctica de mi propuesta. Ahora me falta la defensa intelectual.

Esta defensa intelectual de mi propuesta está basada en una limpia utilización de la teoría de los juegos, justamente el instrumento que se está utilizando implícitamente por Emilo Lamo. Si no hay conocimiento común de la maldad ajena ( es decir si todostenemos todavía alguna esperanza de que quizá no somos siempre malvados ) y si alguno de los dos jugadores juegan la estrategia que propongo me parece que existe un equilibrio de Nash en el que nadie tiene pistolas y, por lo tanto, nadie se suicida. También existirá el otro equilibrio, el que parece obvio; ese en el que todo el mundo tiene pistola, todo el mundo la desenfunda y la usa contra el vecino.

Si existiedo mi equilibrio alguien prefiere el otro ¿qué hacemos?. Lo único que podemos hacer los demás es tratar de explicarle que hay otro mejor y que es alcanzable. Lo peor es que no lo entienda pues entonces quizá nos veamos abocados a varios suicidios seguidos hasta que se dé cuenta. Pero bueno, la estupidez no forma parte de la teoría de los juegos o sea que, en ese contexto, no deberíamos preguntarnos por esas cosas.

Nada de lo anterior es una broma retorcida propia de un pacifista o de un moralista. Si se lo pareciera deberían tratar de desmontarla para lo cual enfrentan una disyuntiva. O bien me demuestran que mi análisis es incorrecto o bien me explican que la teoría de los juegos es, en sí misma, una broma. Incluída, claro está, la teoría de los juegos que implícitamente se utiliza muy a menudo por los analistas geoestratégicos.

Si mi análisis no es incorrecto, estos analistas geoestratégicos deberían revisar su arsenal de instrumentos y ponerlos al día y, en cualquier caso, no desenfundarlos con ligereza. Si, por el contrario, mi análisis fuera incorrecto yo haré mutis por el foro, el equivalente de pegarme un tiro en la sien.

¿Es Natascha dueña de sí misma?

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 9:16 am el Miércoles, Septiembre 13, 2006

Imaginen que encuentro debajo de la tierra del amplio jardín que rodea mi casa del Baix Empordà unas restos arqueológicos griegos como los de Empuries. No puedo hacerlos míos del todo en contraste con lo que ocurría, en el derecho romano, con aquella institución, la del Tesoro, que me tocó en el examen final y cuya definición en latín creo que todavía recuerdo (”est vetus quodam dispositio pecuniae cuius non estat memoria ut iam dominum non habeat”).

Mi descubrimiento tiene que pasar al dominio público porque a todos nos interesa lo que mi tesoro nos dice de nuestra común ascendencia. Quizá yo pueda ser el propietrio de esos restos; pero no puedo embellecerlos, ocultarlos, subastarlos en Christies o venderlos a un coleccionista loco sin que los hayan estudiado los arqueólogos, antopólogos o acaso lingüistas.

Natascha es como un tesoro desde otra perspectiva; pero tampoco es dueña de sí misma. Tiene que entrar en el dominio público. Su experiencia es un experimento natural que no puede desvirtuarse en exclusivas, seriales televisivos o en la edición de memorias. Primero tiene que ser curada hasta donde sea posible por los expertos psicólogos como mis imaginarios restos griegos son cuidados por los arqueólogos. Luego tiene que estar a disposición de lingüistas para saber en qué medida el instinto básico del lenguaje puede desvirtuarse por una lengua hablada con una sola persona o una común pero siempre distante; de sexólogos por razones obvias y variadas relativas a ella y a su secuestrador; por los psicólogos adecuados, además de los que le proporciona el Estado austíaco; por sociólogos que exploren el proceso de socialización; por filósofos que destapen el asunto Hegeliano del amo y el exclavo y hasta por militares que aprendan técnicas de resistencia a la tortura.

Y seguramente hay otras muchas cosas más que aprender de este experimento que nadie hubiera querido , pero que es natural e incontaminado como lo es una mosca dentro de una gota de ámbar y que está ahí disponible para ser examinado con ojos curiosos y no exclusivamente codiciosos o terapeúticos. Tratemos de estudiarlas concienzudamente. Seguramente es lo que más debemos a Natascha.

Pero Natascha puede hacer lo que quiera con su tesoro como si estuviéramos en el derecho romano. Parece ser que es mayor de edad, pero ¿lo es realmente? Esa es otra cosa que habría que dilucidar junto a todas las demás que he mencinado o que vayan surgirendo.

Una de las más inmediata es si no tendríamos que modificar nuestras ideas acerca de las limitaciones económicas a la innovación o a la ciencia. Mi reacción inmediata es que en un caso así el Estado debería tener como un derecho de tanteo para salvarla de la codicia de quienes le prometen hacerle rica mientras ellos se hacen todavía más ricos y ponerla a disposición de ella misma pagándole un euro más que la mejor oferta que reciba a cambio de su disponibilidad para colaborar, en condiciones pactadas, con los científicos.

O lo pillo o no lo pillo

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 8:19 am el Lunes, Septiembre 11, 2006

Un día lejano pillé cómo jugar al futbolín. El problema que durante años me impidió hacerlo es que sabía jugar al futbol y, enredado en la representación, creía poder armar jugadas basadas en el posicionamiento en el campo o en el dribling individual. Hasta que un día lo pillé. Se trataba de posicionar de continuo un tocho de madera frente de otro tocho de madera. Desde entonces no perdí ninguna partida.

Mucho más reciente es mi captación del secreto de la pintura figurativa, es decir de la representación en dos dimensiones de volúmenes del mundo natural. Desde que lo pillé me entusiasma ver, en dos manchitas oscuras entre los ojos y la boca, los seductores agujeritos de la nariz de un bello retrato de mujer. Lo pillé, pero no pinto porque no “veo” la realidad aunque podría representarla si la viera.

Este verano he aprendido a nadar. Como todos los de puerto de mar sabía cómo flotar pero no nadar. Como los que saben andar pero no pasean, yo flotaba pero no nadaba. Porque no sabía respirar. Y a últimos de julio, ¿zás! lo pillé. Torcí un poco más el cuello en mi crawl improvisado y ahora puedo machacarme en una piscina para controlar muchos de mis males físicos.

Soy muy torpe y tardo mucho en pillar cosas elementales. Sin embargo desde muy jóven supe que la matemática era cuestión de pillarla y nunca se me ha resistido una prueba, aunque a veces tarde en entonar el eureka. La música es, sin embargo, el claro exponente de mis limitaciones. Me hipnotiza y no tengo tan mal oíd; pero no la pillo y cuando esto ocurre no hay nada que hacer. No caben acercamientos intelectuales paulatinos. No puedo decir que entiendo algo de música porque cuando no se pilla no se pilla y lo que tengo que decir es que no sé nada de música aunque la escuche a menudo y con gusto, quizá a la espera de ese momento mágico en el que algún dios caprichoso se compadecerá de mí y me regalará el don que anhelo.

Y ¿ de la Economía qué ?. Pues aprendí mucha en la juventud y creía saber algo de ese inteligéntísimo pensamiento humano. Hasta que un día la pillé. Desde entonces solo sé que no escribo más que verdades. Como diría Dylan: “at times I think there are no words but these to tell what´s true”.

Los intelectuales y los think-tanks

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 7:19 pm el Viernes, Septiembre 8, 2006

Este verano una amiga psicoanalista decía que qué mala suerte es ganar la guerra. Lo decía en el contexto de una discusión sobre la memoria histórica y hay que entender lo que quería decir. Según ella, que proviene de una familia que ganó la guerra y que no ve mérito alguno en recordar horrores pasados, la victoria priva de la capacidad de pensar. Y de ahí deducía ella la inquina de la derecha contra los intelectuales.

Y así es. Los conservadores odian a esos desarrapados que no entienden de las necesidades y exigencias de la economía o del imprescindible realismo de la política, que proclaman una especie de solidaridad que están muy lejos de ejercer de manera general y que, muy a menudo, es, además, contraproducente. Los que claman contra la guerra o la globalización, los que organizan conciertos solo aparentemente benéficos en favor de Africa, los que pretenden agitar conciencias o se levantan en el Foro de Davos para organizar in promptu una colecta son, todos ellos, parte de esa ralea de intelectuales que infecta el ambiente con su bazofia intelectual.

Pero resulta que, según se reconoce hoy por prácticamente todo el mundo, los think-tanks de la derecha americana son las únicas instituciones que generan ideas aprovechables. Y quienes en su seno las producen no dejan de ser intelectuales.

¿De qué habla pues la derecha cuando habla de intelectualidad? Como no sé la respuesta voy a ver si reflexiono un poco en alta voz o, más bien, en público.

En el pasado he tratado de distinguir entre un intelectual y un experto de una manera ambivalente como si yo no supiera lo que desearía ser. He reflexionado incluso sobre el mercado de intelectuales de los que hablaba Richard Posner. Pero si ahora vuelvo sobre el tema es porque el fenómeno de los think-tanks me parece novedoso, especialmente cuando parece que se da especialmente bien en ambientes conservadores.

Lo que pienso es que un intelectual como conciencia crítica de la sociedad es hoy a un experto que trabaja en un think-tank, lo que un académico es a un consultor. A un académico le interesa explorar lo desconocido y a un consultor manosear lo conocido. Los académicos como intelectuales no existen y su conversión en consultores, o en expertos acoplados a un think-tank ,se efectua de una manera muy lenta y enredosa, llena de traumas personales y culpas bien enroscadas en la psique.

La alternativa que se presenta a alguien al que le gusta sacar punta a las cosas, de esos que se rascan la sien izquierda con los dedos de la mano derecha, según dice otra persona cercana a mí, es una alternativa diabólica. O bien renuncias a la presencia pública en aras de la independencia de pensamiento ( incluso bien financiada por programas públicos o privados) o bien te conviertes en un experto que hace consultoría ya sea para el sector público o para la empresa privada. En ninguno de las dos posibles maneras en que decidas zanjar la alternativa mantienes la independencia aunque es cierto que conservas un mayor grado de esa cosa en unos casos que en otros. Pero en todos hay demasiado en juego como para jugar el papel de intelectual público a la antigua como Sarte o sus imitadores.

Por lo tanto, o eres independiente y entonces haces lo que quieres y expresas sin ningún miedo tu opinión, o trabajas para un think-tank que, aunque se declare independiente, pretende empujar unas ideas o unos valores o una agenda o un proyecto o una manera de pensar determinados.

Los intelectuales solían escribir en los periódicos. Los expertos de hoy raramente lo hacen a no ser que escriban como expertos a menudo asociados a un think -tank. Son por lo tanto esta especie de lobbys más o menos encubiertos los que hoy manejan esas ideas que una vez hechas públicas controlan el mundo, según diría, hoy más que nunca, un Keynes redivivo.

Asistimos por lo tanto a la eutanasia del intelectual, una actividad que endulza su muerte con una maquinaria sofisticada, que casi suena a bélica. Y no me parece mal. Me parece hasta bien esta manera clara que tienen hoy muchos gobiernos, Fundaciones o think-tanks de declarar lisa y llanamente que no quieren explorar lo desconocido; sino trabajar con la cabeza para que se imponga una forma de pensar deteminada. Me parce eficiente siempre que haya la suficiente competencia entre instituciones dedicadas a esta tarea de encauzar el pensamiento.

Sin embargo todo tiene un precio o al menos es lo que dicen los economistas.En este caso de proliferación de think-tanks el precio que pagamos es la independencia de criterio e incluso la identificación personal que se obtiene a través de la elaboración de un pensamiento tan propio como sea posible. Una forma paradójica de alejarnos del verdadero individualismo justamente en la era en la que más más se le canta. Hasta se empieza a tratar de contratra a freakies o weirdoes en las empresas para que enfoque los problemas de manera diferente y fresca. Vuelta al poder de los bufones.

Lincoln

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 4:49 pm el Jueves, Septiembre 7, 2006

Su figura aparece en uno de los ingenuos frescos que adornan el Wachovia Bank en la Lincoln road de Miami Beach. Al verle allí recordé una sesión dedicada a las relaciones entre el liberalismo y el nacinalismo en la que participé a finales de Julio en El Escorial junto con dos colegas. Uno de ellos, Jesús Huerta de Soto, es hoy vicepresidente del Montpelerin Society y me produjo placer oir su defensa encendida, aunque condicionada, del derecho de autodeterminación ante una audiencia convencida de antemano y conformada básicamente por sus propios estudiantes.

Pues bien, creo que no miento cuando doy fe de que en el coloquio quedó claro que este presidente de los EE.UU. de América era una especie de bestia negra para esta audiencia entusiasta de la Escuela Austríaca de Economia.

Dediqué parte de mis vacaciones a leer un librito que, junto con otros más gruesos, me envió como obsequio el profesor Huerta de Soto. Se trata de una muy clara exposición de los principios que definen la manera de entender la Economía de esa Escuela Austríaca, de las diferencias irreconciliables con la Escuela Neoclásica y de los principales errores de ésta, así como del futuro de los nuevos desarrollos de una aproximación que se encontraría tan viva como siempre.

De todo ello merecerá la pena hablar más despacio; pero ahora quisiera volver a la fobia que los discípulos de Huerta de Soto parecían sentir contra el Presidente Lincoln, un icono americano incluso, parece ser, en la conservadora Florida, una fobia que ahora entiendo mejor después de mi lectura veraniega a la que me acabo de referir.

Entiendo que la razón de esta fobia que tanto me extrañó en su momento radica en que este Presidente ganó la guerra de Secesión derrotando al Sur, cuando eran los defensores de ese Sur los verdaderamente anti-intervencionistas, los que creían en la bondad del hombre y habrían acabado liberando a los esclavos porque ya empezaban a no salir rentables, tal como mostraron hace treiticinco años los fundadores de la Nueva Historia Economica que, como Vogel, examinaron con cuidado los detallados documentos que se podian encontrar en las plantaciones debido, precisamente, a que los señores del sur eran asimismo unos devotos contables.

En cambio los yankis eran, en opinión que intuyo austríaca, unos intervencionistas, unos expansionistas, unos inclusivistas y utilizaron la cuestión del esclavismo como una mera excusa para sus ambiciones artificialmente constructivistas.

Creo que hasta aquí entiendo la razón por la que los discípulos de la Escuela Austríaca podrían muy bien despreciar a Lincoln, e incluso siento cierta simpatía por los que no olvidan las derrotas; pero lo que se me escapa es la consistencia de esa opinión con lo que me parece es el rasgo definitorio de esa Escuela Austríaca que, no olvidemos, está asociada al catolicismo en un imperio austro-húgaro que se deshace y en el que los intelectuales eran judíos en una gran mayoría.

Es en efecto caraterístico de esta escuela tener una especie de fe en “lo natural” por lo que estoy autorizado a pensar que, para ellos, Lincoln es lo no natural o incluso lo antinatural. Es en este punto donde cualquiera que se acerque al pensamiento austíaco comienza a rascarse la cabeza. Porque ¿qué es “lo natural”?, ¿es quizá aquello que dice el derecho natural que es lo natural? Pero entonces, ¿quién valida ese derecho natural? Quizá el Papa; pero ¿es el Papa natural? Si lo fuera ¿no podríamos decir lo mismo de Lincoln?

La vida oculta de mi madre

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 7:30 pm el Domingo, Septiembre 3, 2006

Soy tan mal lector de poesía como buen fisonomista. En mi Goulue tengo recogidos docenas de parecidos razonables solo en este recién pasado mes de agosto. Pero todos empalidecen ante las palpitaciones que me produjo ver a mi madre en una fotografía totalmentre inesperada que, justamente, tiene que ver con la poesía.

Solo me he interesado por la poesía no lírica; odio hasta el erotismo si no lo puedo leer de través. Y la poesía, con escepciones, no se puede leer de través. Entre las excepciones está un poeta que aun siendo lírico y dificil de traducir siempre me ha parecido que tenía visiones iluminadoras que recogía en estrofas inolvidables, esclarecedoras y que he memorizado en su idioma original. Así que cité dos de estas joyas de Rainer Maria Rilke en Economía Neoclásica. Seducción y Verdad como entradilla al primero y al último capítulos de esa publicación que fue tan importante para mi vida en general y no solo intelectual.

Así que cuando el 23 de agosto encontré, en la librería de esa joya que es la NEUE GALLERIE en la quinta avenida y un poco más al norte del METRPOLITAN , la correspondencia entre Rilke y Lou Andeas- Salomé, una figura femenina de la que había estado prendado una temporada alrededor de la publicación del libro citado, no dudé en adquirirla sin siquiera hojearla.

Se trata de uno de esos volúmenes pesados, de gran precisión académica y que como única concesión al fetechismo ofrece en medio ( concretamente entre las páginas 172 y 173 ) 29 fotografías de poetas, bellas baronesas admiradoras de su arte, amantes, psicoanalistas y castillos encantados.

La taquicardia se desbocó en la fotografía número 27 en donde aparecen el poeta y mi madre en el castillo de Muzot.

El texto dice que se trata de Rilke y Baladine Klossowska en la terraza del castillo de Muzot. Esta mujer, apodada Merline, es la madre de Pierre Klossowski y de Balthus y, desde luego, amante de Rainer Maria con quien compartió temporadas en ese castillete medieval cerca de Sierre, en Valais, Suiza. Pero es evidente que esa mujer es mi madre mucho antes de que yo naciera y cuando realizaba viajes exóticos, inclído uno mítico a Tierra Santa. He visto las fotos de ese viaje en concreto, además de muchas otras de su juventud, y no tengo duda alguna de que se trata de ella a pesar de dos pequeños detalles sin ninguna importancia poética: las fechas no coinciden del todo y Merline fumaba.

Y de repente entendí muchas cosas de mí mismo y mi corazón se calmó. Ya no puedo extrañarme de que el erotismo y el sexo sean para mí mucho más que placer. Ya no tengo porqué sentirme culpable cuando, por debajo de una pintura de Balthus que visito con extraña asiduidad en La Thyssen, descubro extasiado la aparente, aunque para mí evidente, pedofilia del pintor. Los Klossowski han sido para mí como hermanos mayores y ahora sé que no solo era una afinidad impostada, sino que éramos hermanos por parte de madre.

Tuvo que ser duro para ella, disuelta en la belleza de la decadencia europea anterior a la Gran Guerra, contemplar en silencio el rechazo de mi hermana por el piano así el mío por la poesía y la feldad de las baratas pinturas que adornaban nustro salón, nuestro comedor, el despacho de nuestro padre y la salita de diario . Pobre Anselma Elejalde, pobre madre mía, siempre cuidando de un marido de extraña sensibilidad en un Bilbao lóbrego y recordando, al mismo tiempo, la belleza de una centroeuropa clara y libre que se solaza en el cielo de la Toscana para olvidar su falta de esa energía histórica tristemente dramatizada por la eterna enfermedad de nuestro padre.

Pero la vida oculta de mi madre, esa que ella supo hacer desvanecer en el tiempo, rebrota en mí y le seré fiel aunque no deje de tener algo de enfermizo.

Tenebrosa idea del otoño que llega

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 5:01 pm el Sábado, Septiembre 2, 2006

La desaparición del compañero, pareja o cónyuge, no significa siempre lo mismo.

Ese esfumarse es trágico justo cuando no se trata ya propiamente de un cónyuge, pareja o compañero; sino de un acompañante accidental en la sala de espera de una clínica especializada en un tratamiento eterno de soledad.

Pero ese desaparecer es quizá brutal aunque curable, por lo que a lo mas es simplemente dramático, cuando lo que nos golpea es la simple inexistencia física de nuestro habitual cómplice en el juego del placer.

Deco en mi Goulue

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 2:03 pm el Viernes, Septiembre 1, 2006

Hace unos dias me hice con un buen cargamento de los scratchbooks que este retaurante de Manhattan te ofrece como complemento irrelevante a su menu frances.

Ahora me entero que La Goulue me persigue y abre sus puertas en un gran y descaradamente rico mall de Miami Beach.

Yo le doy la bienvenida con la explicacion de un comentario que escrbi en mi Goulue paseando por Ocean Drive y por Collins Avenue mientras disfrutaba de largas filas de edificios deco. El comentario decia literalmente: si eres deco te haces esquinado.

Este comentario lapidario, como todos los de mi Goulue, se referia a que casi todos los simples y hasta pobres ( a pesar de sus adornos vegetales ) edificios deco ostentan una esquina en forma de torreta o baluarte como muchos de los cines de LA.

Pero ser esquinado es tener vision lateral como la tenia W. Benjamin que quiza hubiera recalado aqui si sus fuerzas le hubieran sostenido mas alla de Colliure. Y esa mirada lateral hubiera hecho de el un individuo deco.

No asi de un pobre Versace que no era deco, no tenia vision lateral y se instalo en medio de Deco Avenue en una casa italiana, como musoliniana, sin torreta o baluarte, que quiza pueda confundir a alguno; pero no a los que sabemos que para ser deco hay que hacer esquina

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