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Oriana Fallaci

Se ha muerto después de ponernos a todos firmes en La rabia y el Orgullo por nuestra postura apaciguadora respecto al islamismo radical.

Se glosarán inmediatamente sus famosas entrevistas a grandes personajes. Entrevistas en las que la estrella era ella y no, digamos, Kissinger.

Era valiente y descarada. Por eso me impresinó profundamente el canto a la dignidad humana que entonó en Un Hombre , una obra que leí­ a aprincipios de los 80. Ella, la estrella, cantaba su amor a su amante, un resistente griego contra la dictadura de los coroneles.

Les parecerá extraordinario; pero en un momento dado yo quise ser ese hombre torturado e imposible de doblegar para que una Oriana me amara.