Regulación eléctrica: una idea rara

Creo detectar una tendencia a pedir una regulación única en lo que respecta al sector eléctrico europeo. Si no fuera única, se arguye, parecerí­a muy dificil construir un mercado eléctrico único cuando tiene que tratarse necesariamente de un mercado regulado.

Que esto último es así­ se debe a que no es polí­ticamente aceptable que el precio de la electricidad al por menor tenga unos picos que llevarí­an a que la economí­a doméstica tuviera que estar pendiente en todo momento del dí­a del precio del kilovato para ajustar su consumo.Eso podrí­a hacerse mediante los contadores inteligentes, pero su mero resultado producirí­a tal incomodidad, con la colada interrumpida inesperadamente, que no hay más remedio que calcular tarifas de forma tal que la recuperación de los costes relevantes se haga sobre un periodo de tiempo y sobre el coste medio.

Que para constituir un mercado único así­ haga falta un regulador único es lo que, en mi opinión, no está claro.

Hablando en general dirí­a que la competencia entre entidades reguladoras serí­a aquí­ también buena como lo es – tal como he argí¼ido en el CAPITALISMO QUE VIENE, para cualquier función reguladora. Y es buena porque, en general, esta competencia reguladora lleva finalmente a la localización más adecuada de la tarea productiva y regulada de que se trate sin que esa localización se distorsione por cuestines espúreas. La regulación es, sin duda, una de esas cuestiones espúreas; pero la competencia entre agencias reguladoras, quizá regionales, minimiza las distorsiones proporcionando un óptimo de segundo orden.

Ahoara bien en lo que respecta a la electricidad las consideraciones que acabo de hacer no tienen sentido a no ser que no haya interconexiones. Dada la velocidad a la que se mueve la eletricidad el problema de la interconexión es real- pues hay pérdidas o robos por el camino- pero no esencial. De ahí­ que la competencia reguladora no nos lleve, en este caso de la electricidad, a la localización más adecuada.

¿Para qué pues la competencia reguldora en este caso? Pues justamente para que funcione el mercado de control empresarial que sí­ es único y está sometido a un regulador de la competencia que también lo es.

Esto último, sin embargo, tampoco serí­a necesario. La competencia en este tipo de regulación llevarí­a a que el mercado de control corporativo fuera más activo.

Rotación y vida media

En la conferencia de Michael Burda a la que me referí­a el otro dí­a se discutió una cuestión interesante.

Ente los factores que explican la ausencia de incrementos en la productividad alemana, como en la española, están cosas como, por ejemplo, el número de dí­as que se tarda en montar una empresa. Demasiados en ambas economí­as.

Sin embargo, mi colega Juanjo Dolado hizo notar que habrí­a que contrastar este dato con la rotación de las empresas. Es posible que las que más tardan en crearse tengan un ciclo vital más largo. Déjenme añadir por mi cuenta que una vida larga de una empresa tiene posiblemente ventajas relacionadas con el learning by doing. Pero Burda querí­a defender su postura y para ello argumentó de una manera de la que quiero dejar constancia.

No negó la pequeña sugerencia que acabo de mencionar ni ninguna otra posible ventaja de la alta vida media de las empresas (y hay muchas ) sino que se refirió a que su visión, un si es no es hayekiana, le hací­a pensar que ahí­ fuera, en un mundo posible, hay montañas de ideas interesantes y muchí­simas formas de hacer las cosas mejor, pero que estas ideas y procesos, de momento solo platónicos, pueden ser descubiertos y hechos realidad por la exploración y que ésta se hace más intensiva cuanto más fácil es montar una empresa, aunque quizá su expectativa de vida disminuya.

Me gustó la explicación en sí­ misma; pero me gustó aun más la tranquilidad con que un autor neoclásico ortodoxo hace uso cuando le conviene de ideas un tanto distintas y alejadas de su escuela y, admás, poco formalizadas o dificilmente formalizables. Me pareció un ejemplo de hibridación creativa muy propia de la era digital.

Hombres y mujeres

Las diferencias neurológicas entre hombres y mujeres es un tema recurrente en los últimos tiempos. Ya me hice eco de él , aunque de una manera transversal, al comentar el porqué de la dimisión de Larry Summers como Presidente de Harvard en un artí­culo de EXPANSION. Pero hoy quiero dejar memoria de algo que leí­ el otro dí­a y que no recuerdo dónde. Posiblemente en el FT.

Leí­a que las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres no son fundamentales tal como lo serí­an si, por ejemplo, las mujeres, no estuvieran tan bien dotadas para las matemáticas como los hombres. Pero haberlas haylas, aunque sean superficiales. Como no tengo el texto delante no puedo precisar; pero no cambiarí­a nada si supusiera, a modo de simple artilugio expositivo, que esas diferencias se refireren a la relación entre el desarrollo del cortex frontal (racionalidad ) y el del lóbulo medio (deseo visceral ). Esta relación serí­a mayor para los hombres que para las mujeres.

Podrí­amos utilizar cualquier otro ejemplo para conducir la exposición pues no estoy interesado en la neurologí­a en sí­ sino, más bien, en el argumento económico relacionado con la ventaja comparativa de hombres y mujeres para circular por el mundo. De hecho prefiero un ejemplo menos comprometido y más convencional; así­ que digamos que los hombres tienen más fuerza y las mujeres más maña. Siempre en términos relativos.

Lo interesante del artí­culo que leí­ tangencialmente es que insinuaba que esa posible diferencia dotaba a los hombres de una ventaja relativa hasta hace poco tiempo; pero que la desventaja de las mujeres se convertirí­a, en un futuro próximo, en una ventaja relativa para desenvolverse en el mundo en el que entramos. Venimos de un mundo muy pesado en el que la fuerza era fundamental y vamos a un mundo liviano en el que lo bueno es tener maña.

Miremos a nuestro alrededor y tratemos de acumular evidencia sobre las caracterí­sticas del mundo que nos rodea para decidir, los que hemos sido educados como varones, si no es tiempo de dejar que aflore nuestra feminidad. Suponiendo que decidiéramos que sí­ que es tiempo de cultivar un poco la maña nos encontrarí­amos con el precio de la disidencia, algo nada despreciable. Así­ que es de esperar que nos resistamos y que, por lo tanto, las mujeres vayan alcanzando las cotas de poder que hasta ahora les eran inalcanzables.

Multipolaridad y límite

El comentario de javi a mi post enrevesado sobre multipolaridad me ha hecho pensar sobre cual serí­a la diferencia entre el proyecto de Eugenio Trí­as con su énfasis en el lí­mite «de las cosas» y mi intento de hablar de periferias con humildad como algo donde las cosas y las ideas se cuecen y, con menos humildad, en EL CAPITALISMO QUE VIENE, en donde persigo, entre otros objetivos, mostrar que la descentralzación de casi todo es buena porque promueve la competencia.

Recuerdo lo de Trí­as como un tratado de metafí­sica complicado para los legos como yo, pero que sin embargo te atrae fatalmente. Que en el lí­mite las cosas se ven mejor, con mayor nitidez, es, en parte, un lugar común si por lí­mite entendemos la abstracción de los detelles y, en parte, algo muy familar para los economistas que están acostumbsos a establecer comparaciones entre mecanismos de asignación de recursos según su comportamiento en el lí­mite.

Pero por otro lado Trí­as introduce otros matices de interés a los que se refiere javi. Primero el matiz polí­tico de los emperadores romanos. Hay que triunfar en proviencias antes de atacar Madrid, dirí­an los actores devenidos empresarios teatrales. Hay que ensayar tus ideas o tu ciencia en los USA antes de ser profeta en tu tierra. Y así­ podrí­amos encontrar otros muchos ejemplos del uso de la noción de lí­mite en su aspecto polí­tico.

Segundo,otra lí­nea que yo creí­ leer en Trí­as es un aspecto no lógico sino epistémico. Algo aí­ como que solo sabemos que sabemos cuando nuestro saber pasa por la prueba del lí­mite. En este sentido se parece a la reflexividad más elemental. Solo me ceeré mi propia teorí­a si da cuenta de sí­ misma. No creeré que la ciencia se mueve por presiones del poder militar a no ser que sea cierto que mi teorí­a sobre ciencia y poder también está condicionada por ese poder militar.

Mi idea de periferia en sus diferentes variantes es algo distinta. Polí­ticamente la periferia no es un filtro para elgir a los mejores para que acaben sirviendo al centro sino un gesto de desprecio a ese centro centro que nos ciega ante otras posbilidades. Y epistemológicamente no se trata de que yo crea que solo sabemos que sabemos lo periférico y nunca lo fundamental; sino de que se trata de una proposición contraria al deslizamiento en la inercia del pensamiento y una llamada a ensayar la novedad arriesgada.

No sé si nada de esto tiene que ver con el comentario de javi, ni siquiera con lo que realmente pretendí­a Eugenio Trí­as en su proyecto filosófico, pero me ha servido para enriquecer mi propia reflexión sobre la periferia justamente desde una periferia que ni recuerda ni entiende , ni sabe si recuerda que entendió.

Razón y fe

No me puedo permitir el silencio en lo relativo a la lección magistral de Benedicto XVI. Así­ que loque hago es colgar aquí­ un breve comentario que hice en el blog de Martí­ Saballs

El Papa es «uno de los nuestros» y hay que defenderlo y Montilla no es precisamente tonto. Sin embargo creo que también caben algunas crí­ticas y una hipótesis.

La primera crí­tica es que la cita es, además de inoportuna, innecesaria para el argumento del Papa aun leí­da en su contexto, cosa que he hecho.

La segunda crí­tica es que hubiera sido más diplomático e intelectualmente más honrado haber recordado también el uso de la fuerza por parte de la cristiandad.

La hipótesis es que Benedicto XVI es un intelectual que se dejó llevar por esa arrogancia del académico que no puede resistirse a aportar una cita culta.

Y no creo que haya mucho más que decir desde la sociedad civil. El resto es teologí­a y labor pastoral.

Conversación y mercado

En la contraportada de EXPANSÍON del lunes 11 de septiembre, Carlos Rodriguez Braun ofrecí­a su columna semanal con el tí­tulo de El fin de la convesación. Hací­a uso del libro de Stephen Miller ( Conversation. A history of a declining art ) para hacer un paralelismo entre la conversación y el mercado: los progresistas abiertos al libre mercado serí­an los buenos conversadores que no imponen ni su voz ni sus opiniones.

En este contexto CRB va un paso más allá y parece afirmar que ambas nociones se implican lógicamente en alguna de las dos direcciones posibles. En efecto, según dice Carlos que dice Miller la situación americana actual ilustra no solo un entusiasmo ingenuo por la comunicación, sino también la «hostilidad general a la conversación y, lógicamente, al mercado».

Esta frase feliz parece implicar que el mercado incluye la conversación ya que si no fuera así­ podrí­amos odiar la conversación y sin embargo ser partidarios del mercado sin violar ninguna lógica. Pero esta implicación no me parece cierta. No creo que mercado y conversación tengan nada que ver.

Creo que los diferencia las maneras. En una buena conversación no cabe, tal como ya he insinuado, la persecución del monopolio de la palabra porque esa actitud acabarí­a con la conversación tal como la entienden Carlos y Miller. En cambio todas las maravillas del mercado proviene precisamente de la persecución insaciable, grosera y ruda de las ventajas del monopolio, persecución que cuando se efectúa por todos a la vez resulta en una asignación de bienes muy satisfactoria.

El mercado es pues como una conversación en la que todos se quitan la palabra unos a otros. En cambio la conversación es como mun mercado en el que nunca pasa nada y todo funciona de manera suave simplemente porque no hay competencia.

En una conversación en la que no haya competencia no aparecerá nada nuevo. En cambio, en un mercado la innovación es el grosero instrumento mediante el cual cada uno pretende quedarse con más que los demás. No hay mercado realmente competitivo sin innovación.

Otra cosa distinta es la conversación cientí­fica que es una noción que se suele asociar a la interpretación del quehacer de la ciencia como retórica. Aquí­ sí­ que hay competencia y rudeza en las formas aunque se mantengan las reglas del juego. O sea que aquí­ sí­ que podrí­amos hablar del mercado de las ideas. Ya se ha hecho y quizá algún dí­a podrí­amos hablar de ello. Adelanto, sin embargo, que tampoco me parece una buena analogí­a

Eficiencia, equidad y el cuarto de hora de fama

La relación entre la eficiencia y la equidad es un tema económico recurrente bajo diferentes disfraces. Para los que hemos vivido la consolidación del modelo de equilibrio general neoclásico , la relación es obvia: una asignación eficiente no será equitativa más que por casualidad.

También aprendimos otras sutilezas. Por ejemplo, si definimos la equidad como ausencia de envidia, sabemos que la asignación de equilibrio competitivo mostrará ausencia de envidia relativa. Es decir aunque en el equilibrio sí­ quisiera cambiarme por Bill Gates, no me interesarí­an sus intercambios netos en ese equilibrio. Una sutileza que no nos dice gran cosa.

La falta de equivalencia general entre el resultado de la competencia en el mercado y la equidad de ese resultado ha llegado a ser la piedra angular conceptual del Estado del Bienestar y más especificamente del intervencionismo fiscal a través del ingreso o del gasto. Sin embargo, a medida que la noción de competencia se hace más sutil en la teorí­a y el mundo se hace más global y menos pesado en la práctica, además de más interconectado, el intervencionismo se hace más problemático.

Quizá por esa razón la última trinchera de los intervencionistas es la llamada igualdad de oportunidades, algo muy criticado por los liberales profesionales que no lo ven justo; pero apreciado por los economistas del corriente mayoritaria. Para no dispersar la atención hacia temas que ahora resultarí­an tangenciales, propongo restringirnos a la igualdad de oportunidades en el sentido especí­fico de que todos podamos apropiarnos solamente de nuestro coste de oportunidad una vez descontadas las diferencias de talento. Como el premio al talento me parece un incentivo fundamental a mí­ ya me va bien esta propuesta interpretativa.

La pregunta ahora es si podemos esperar que la potencia de la competencia nos lleve a esa igualdad de oportunidades. En EL CAPITALISMO QUE VIENE arguyo, por muchas y diversas razones, que así­ es. La clave del argumento es que la competencia en un mundo global, con la mayorí­a del valor añadido incorporado en intangibles y en donde las TIC reinan, todos competimos tan fiéramente por llevarnos las rentas o cuasi-rentas del prójimo y es tan fácil arrebatárselas que, al final, es como si no lográramos apropiarnos más que de nuestro coste de oportunidad. Esto suena muy justo y equitativo en algún sentido; pero se logra gracias a que todos gozamos, digo yo en el CAPITALISMO parodiando a Andy Warhol, de un cuarto de hora de gloria durante el que podemos disfrutar de una buena renta o cuasirenta

¿Tiene alguna relevancia empí­rica la analogí­a con la ocurrencia de Warhol? Hagamos unos numeritos para ver si este cuaro de hora de gloria que genera un cuarto de hora de renta que podrí­amos apropiarnos servirí­a para poder sustituir a un Estado del Bienestar dificil de sostener en ese capitalismo que apunta. Si así­ fuera podrí­amos decir que el dilema entre eficiencia y equidad no es tan fiero y que el Estado del Bienestar no es estrictamente necesario, dos afirmaciones bastante osadas.

Si somos 6.000 millones de seres humanos con una vida media de 60 años y todos tenemos un cuarto de hora de gloria o fama, es fácil calcular los años que necesitamos para que todos gocemos de ese privilegio breve. Necesitarí­amos como unos 16.500 años para que ese privilegio se pudiera generalizar secuencialmente, al menos en principio. Ahora bien si esa gloria se puede simultanear entre 165 seres humanos, solo necesitamos 100 años y si por 16.500 solo un año de forma que todos los años de vida activa cada uno de nosotros consigue un «pelotazatito».

Sigamos. Veinte de estos golpes de gloria durante la vida activa darí­an posiblemente para ahorrar para los últimos veinte años de vida pasiva y para constituir un colateral para educar a nuestros hijos durante sus veinte años de formación. Y si no nos parece plausible supongamos que el cuarto de hora de fama se puede simultanear entre 165.000 seres humanos muy lejos todaví­a de los 2.000 millones de seres humanos que están trabajando activamente. Y si todaví­a no estamos convencidos pensemos en aumentar la simultaneidad a 16,5 millones de seres humanos, a penas un 1% de la población activa de ese mundo que corresponderí­a al capitalismo que viene.

A mí­ me salen las cuentas. Esa competencia descarnada que nos va a imponer el capitalismo puede ser suficiente como para pasar por este mundo confortablemente, sin sobresaltos y sintiendo que no estamos quitando el pan a nadie por nuestra situación privilegiada. Yo me apunto.

Una teoría zanahoria:addendum

El miércoles y jueves pasados, dí­as 13 y 14 de este mes de septiembre, el profesor Michael Burda dictó dos conferencias sobre la economí­a alemana en el salón de actos de la Fundación Ramón Areces. Es un salón enorme y solo estábamos tres de docenas escasas de personas.

Los temas económicos son muy «zanahorios» y parece que la conferencia, por la que habrí­a que agradecer a la Fundación mencionada, no interesaba más que a unos pocos economistas, y no académicos, de los muchos que hay en Madrid y que a esas horas de la tarde realmente no tienen nada que hacer.

Así­ debe ser porque , aparte de estos seres raros, solo habí­a algunas señoras de la comunidad alemana en Madrid cuya presencia se debí­a quizá a que el profesor Burda, a pesar de ser de Nueva Orleans, trabaja en la Universidad Von Humbolt de Berlí­n.

Pues ya ven, a apesar de que por lo descrito parecerí­a que habrí­a acertado si me quedo en casa y navego un poco por la red, la verdad es que aprendí­ algunas cosas que poco a poco iré desgranando.

Una de las cosas que aprendí­ está relacionada con lo que hace como un mes llamaba Una teorí­a zanahoria. Entre las recomendaciones que el profesor Burdá mencionó para que la economí­a alemana encuentre su sitio en Europa estaba, naturalmente, la desregulación del mercado de trabajo. Pero sometido a preguntas de colegas, acabó confesando que serí­a óptimo comenzar, tal como afirmaba yo en esa teorí­a zanahoria, por desregularizar los mercados de productos, aunque no confiaba en que esto pudiera hacerse.

Se trata en efecto, de una cuestión de economí­a polí­tica. y la razón de su pesimismo radica en que liberalizar los mercados de los productos finales exige enfrentarse a una miriada de intereses sectoriales, ninguno de los cuales es muy importante pero que, en su conjunto, conforman una oposición polí­tica potencial nada despreciable.

Sirva este reconocimiento como addendum a ese post anterior que estaba dirigido a explicar porqué las zanahorias se encarecen tanto desde la huerta al puesto de verduras de un mercado minorista.

Multipolaridad

Como no soy tecnológicamente correcto, no soy capaz de traer a este lugar el contenido que quiero ofrecer sin correr el peligro de que desaparezca. Por lo tanto ruego que quien esté interesado sobre la multipolaridad o algo parecido que hace referencia a la idea de Periferia, se tome el tabajo de pinchar aquí­

Oriana Fallaci

Se ha muerto después de ponernos a todos firmes en La rabia y el Orgullo por nuestra postura apaciguadora respecto al islamismo radical.

Se glosarán inmediatamente sus famosas entrevistas a grandes personajes. Entrevistas en las que la estrella era ella y no, digamos, Kissinger.

Era valiente y descarada. Por eso me impresinó profundamente el canto a la dignidad humana que entonó en Un Hombre , una obra que leí­ a aprincipios de los 80. Ella, la estrella, cantaba su amor a su amante, un resistente griego contra la dictadura de los coroneles.

Les parecerá extraordinario; pero en un momento dado yo quise ser ese hombre torturado e imposible de doblegar para que una Oriana me amara.