Get carded

Así reza un anuncio de un almacén cualquiera en la peatonal Lincoln road de Miami Beach a fin de impulsarte a pedir y obtener su propia tarjeta de crédito.

Debo luego existo.

Nadie vea una broma en esta sentencia. Se me representa como una gran verdad. La posibilidad de vivir del crédito divide la población en dos. Los que no deben nada que son o muy ricos o muy pobres. Y los que deben que son ni muy ricos ni muy pobres.

Pues bien en lo que podríamos llamar un «carded equilibrium» distinguimos entre estas dos clases de personas. Un banco preferirá, sin duda alguna, esta segunda clase de individuos a efectos de conceder crédito porque conoce el track record de sus componentes y puede modular las condiciones de acuerdo con ese comportamiento observado. El argumento aplica también a un almacén de ropa o a un hipermercado que finalmente redescuenta sus créditos en una institución financiera.

Entre los miembros de la segunda clase de individuos, ni el banco ni cualquier otro negocio puede distinguir entre los muy ricos y los pobres porque no posee datos sobre ninguno de los miembros de esa clase de gente que no tiene cartas de crédito y paga al contado.

Por otro lado un individuo cualquiera piensa que algún día puede necesitar un crédito y, por lo tanto, desea que se conozca su comportamiento como deudor.

Por lo tanto podemos afirmar que un «carded equilibrium» es mejor para todos que un «cardless equilibrium» en el que las condiciones de crédito serian peores y en donde tampoco seria cierto que los pobres pueden conseguir un primer crédito porque, sin información, se le exige un down payement que tampoco puede permitirse.

Claro que los muy ricos quizá prefirieran el «cardless equilibrium» ya que en el encontrarían alguna manera de distinguirse de los demas y aparecer como gente desinteresada y con personalidad unica. Pero creo que podríamos descartar este pequeño detalle y preguntarnos
como es posible que se haya tardado tanto en poner en practica esta innovación financiera de la tarjeta de crédito

Esperando a Ernesto

El viento silba ya a través de las rendijas de las ventanas del Hotel Tides en Ocean Drive, entre la 14 y la 15, en Miami Beach. Dentro de unas 8 horas llegará este huracan en miniatura y quizá pueda blogearlo en directo.

Pero mientras tanto quizá pueda hacer un esfuerzo y responder a los comentarios que ha recibido mi último post antes de desenchufarme y venir a este continente a visitar a amigos e hijos propios y de los demás. Nada de lo que sigue se entenderá si no se leen esos comentarios previamente.

Empiezo por la hidrologí­a. Me alucina, porque me gusta, esa idea de que haya muchos juegos de parámetros que pueden ser óptimos para simular una cuenca fluvial. Según entiendo, algunos fí­sicos empiezan a estar cansados de las supercuerdas por una razón similar. Parece que hay como 10 elevado a 500 buenas teorí­as M, cada una de las cuales nos llevarí­a una manera distinta de unificar las cuatro fuerzas de la naturaleza. Como dice Lee Smolin «la teorí­a de todo ha devenido la teorí­a de cualquier cosa ( the theory of everything has become the theory of anything)».

En una situación asi, ¿qué podemos esperar de la meteorologia? El otro dia nos amenazaron en la NBC con que vení­a un tornado sobre Manhatan justo antes de que subiéramos a un autobus para desplazarnos hacia el norte del Hudson. No pasó nada. Llevo dos dí­as esperando a Ernesto y esta vez parece que aciertan pero solo en el hecho de que viene, no en la intensidad ni en la pluviometrí­a ni en la fuerza del viento.

Es decir no hay razon alguna para creer en lo que no experimentamos directamente sino a través de los media que todo lo distorsionan y todo intento de entender lo que otras ciencias dicen es estéril.

Esto se parece algo a la eutanasia del filósofo que creí­a ganarse la vida entendiendo a los demás. Bastante es entenderse entre los practicantes del mismo oficio cuando lo único que en el mejor de los casos detectaremos es un cierto aire de familia.

Pero no es cierto que añore a Platon. Me gusta la diferencia y me complazco en la metástasis imparable de lo incomprensible y en la eliminación de las etiquetas y la individualización de los saberes, aunque luego estos se agreguen en un rizoma misterioso a través de la contextopedia. Por eso me gusta que la clarividencia del insomnio le lleve a Teira a desear de manera peculiar la diferenciación de los filosofos.

Quiza el rizoma somos todos, el conjunto de todos y no me disgustarí­a el hecho de disolver la comprension de mi mismo en la multiplicidad del que no sabe reconocerse en una identidad definida. No me importarí­a ser un primate de los tontos si todos juntos llegamos a hacer la vida aceptable. Es decir a contemplar un huracán que te puede estrellar contra un muro como quien contempla el balanceo de una cuerde de tender la ropa. No se si Ugarte llegarí­a hasta aqui.

Caso a caso

Abandonemos toda esperanza de teorí­as unificadoras, al menos en las ciencias sociales. Es la conclusión más pesimista que he sacado de la escuela de verano sobre The New Philosophy of the Social Sciences, celebrada en San Sebastián a mediados de Julio.

Por un lado está la antropologí­a del filósofo mismo que , al parecer, se convierte, o desea hacerlo, en aquello sobre lo que filosofaba, es decir un cientí­fico social. Pero, por otro lado, como tales nuevos cientí­ficos, los nuevos filósofos de las ciencias sociales, se ocupan de establecer nuevos hechos que caso a caso vayan convirtiéndoles en lo que quieren llegar a ser.

Creo que sé de donde viene esta extraña manifestación de timidez de los que eran los valientes unificadores y generalizadores en Economí­a. Los filósofos de la Ciencia Económica se queren convertir en economistas o ciéntifcos de la Economí­a justo cuando ésta pierde sus contornos ní­tidos. Y esto ocurre debido a la corta historia de la Economí­a de la Información.

Esta relativamente reciente rama de la Ciencia Económica nos ha hecho ver que todo depende de detalles muy pequeños. Dependiendo de ellos cabe de todo, desde paradojas a resultados aparentemente inconsistentes entre sí­. Hay que ir poco a poco y caso a caso.

Estarí­amos en un mundo de espejos y sin la ayuda de los que han sido nuestros guí­as.

Téxtil

Así­, con acento. Los catalanes tienen derecho a ponerlo, el acento, porque lo inventaron, el téxtil,y ahora se les escapa a otros lugares.Y, sobretodo, porque es una manera tan bonita de referirse a las playas no nudistas que merece pasar al acervo común de todos los que hablamos castellano.

Y eso, el téxtil, es lo que le preocupaba a Bush en la foto que Juanjo Millás glosaba el miércoles 16 de agosto en mi oponión de forma errónea.

En esa foto se podí­a ver con toda claridad que Bush frotaba sus dedos con la manga del dignatario chino al que, según Millás, o bien pretendí­a atraer hacia algún lado de nuestra insuperable civilización o bien reflejaba el gesto de un alcoholico anónimo que, ya lanzado a la curación, se levanta para llamar la atención sobre sí­ y confiesa: «me llamo George W. Bush y me gustarí­a cerrar Guantánamo».

Esto le da pié a este magní­fico escritor a jugueterar con lo que dirí­an, en esas extrañas asambleas expiatorias, Blair o Aznar. Pero esta vez le sale mal la ironí­a, no porque sus ocurrencias no sean tan atinadas como siempre, sino porque es evidente que lo que Bush mira en la foto no es al dirigente chino para atraerle hacia él y pedire ayuda contra su adicción, sino que Bush mira a la tela del terno del chino y lo hace interesado como quien ha estado buscando de siempre esa tela y por fin la ha encontrado. Un sorprendente tejido inarrugable, por ejemplo.

Bush no quiere cerrar Guántanamo. Lo que quiere es comprarse un nuevo terno y palpa incrédulo el género.

Bush es téxtil.

Chiste Beckettiano

Lo contó Albert interrumpiendo una conversación sobre el tamaño de la presunta finca que Polanco habrí­a adquirido en el término municipal de Rupiá.

Dice uno: «tardo 45 minutos en atravesar mi finca en coche». El otro se queda pensativo y finalmente murmura: «sí­, yo también tengo un coche de ese tipo».

Yo me quedé helado. Ahí­ estaba lo abismal del lenguage, lo que lo hace inabarcable. En efecto, el chiste puede ir sobre fincas o sobre automóviles. Puede ir de pijos o de idiotas, o de un idiota y un pijo. O de payeses o de tontos, o de uno y otro, o de dos listos. Puede, según el caso, que la finca sea pequeña o grande y que el coche sea un magní­fico todo terreno o un cacharro.

Y me sentí­ confundido como ante la paradoja del mentiroso, irritado por mi falta de capacidad intelectual instantánea.

La risotada fue general; pero creí­ notar como un toque de histerismo y una vuelta demasiado rápida a la conversación real, pegada a tierra. Asusta demasisdo no saber en dónde está el suelo, o el norte o un punto fijo. Aterroriza caer en la cuenta de que no hay manera de entendernos solo con el lenguaje.

No es éste el absurdo de Groucho ( «si no le gustan mis ideas tengo otras») Este absurdo acaricia y a mí­ me hace reir hasta desencajarme la mandí­bula. Este otro absurdo me rasca y me hace apretar la mandí­bula hasta sentir dolor.

La alegrí­a de vivir fente al dolor de la vida

Nihilismo terapeútico

Hace un par de dí­as escribí­a de espejos y hoy me pregunto si no será el psicoanálisis un ejemplo particular de este mundo de espejos.

No sé la respuesta; pero esta terapia inventada por Freud hace más de 75 años tiene una ventaja sobre los otros ejemplos que ofrecí­a en relación a la imposibilidad de diferenciar entre una cosa y su imagen o de diferenciar entre dos imágenes que pugnan por realizarse.

Su ventaja está en que rompió en su dí­a el el nihilismo terapeútico que campaba por sus resetos en el Imperio Austohungaro.

Así­ llama Johnston, el autor de The Austrian Mind, ese ensayo al que hací­a referencia el otro dí­a, a un aspecto central de la decadencia de lo que creyó ser la culminación de la civilidad. Es una metonimia de esa capacidad que a la sazón mostraron los médicos de eternizarse en la precisión del diagnóstico y olvidarse de la curación.

Pues bien yo creo que estamos de vuelta en este nihilismo terapeútico. Nos debatimos hasta la extenuación en la diagnosis del terrorismo de uno u otro signo y a nadie se le ocurre hacer nada al respecto excepto poner el dí­a a dí­a de cada dí­a patas arriba, además de hacer imposible un futuro aceptable.

Y sin embargo ya hay ideas suficientes como para imaginar soluciones de tipos muy diversos y como para saber si esas soluciones son artificiales o nos encaminamos hacia ellas, queramos o no

Espejos

La guardia civil atrapa a dos militantes de ETA en Guadalajara el dí­a más inhóspito del año. Se trataba de dos personajes que, por lo que sabemos luego, que es nada, lo mismo podrí­an ser dos infiltrados a los que se recupera mediante esta operación.

El fuego de Galicia bien podrí­a haber sido intencionadamente provocado por alguien o por una red organizada o el resultado natural del abandono del campo tal como me dicen los que saben de los negocios que, asociados al bosque, se han ido abandonando.

El aborto de un plan terrorista infernal en Londres no se sabe si es un éxito policial o un «preemptive move» para abortar la intención de llevarlo a cabo, además de una demostración de eficacia policial quizá falsa. En cualquier caso una forma complicada de seguir haciéndonos creer que el peligro del islamismo es real que no digo que no lo sea.

Y ¿quien ha ganado en el sur del Lí­bano? Los periódicos españoles muestran fotografí­as con soldados israelitas en retirada y se dice que el verdadero vencedor ha sido Hezbolí . En cualquier caso es una muestra evidente de que el que no pasa es el terrorismo territorial a pesar de la apariencia que proporcina el caso de ETA, tal como me aventuraba a sugerir hace tiempo

Seguro que todas estas elucubraciones y sospechas mí­as son ridí­culas; pero es que ya no me creo nada de lo que los medios nos informan, bien porque solo cuentan lo que quieren, bien porque solo les filtran las noticias que convienen. ¿Cómo entender si no la terquedad de El Mundo en seguir desarrollando una novela por entregas sobre alternativas a la explicación oficial del 11M?

Y es que el mundo posmoderno es un mundo de espejos. Como el final de la Dama de Shanghai, en el que Wells «mata » a Rita Hayworth mil veces en mil trocitos de espejo.

Quizá la llamada realidad no sea más que sombras raras- las de los leguados de playa nadando a dos centí­metros sobre en fondo de arena de una playa ampurdanesa- de algo que está entre diferentes espejos que se reflejan cada uno en los otros.

Esta idea estaba ya en Platon; pero ahora parece realizada en lugar de pensada. No es una metáfora; sino un reportaje.

El Prat en mi Goulue

Menos mal que dentro de unos dí­as podré reaprovisionarme de goulues en Madison con la 68 porque ya se están acabando mis libretitas que es lo mismo que decir que se me están acabando mis ideas.

Por eso no me permito escribir pensamientos complejos o argumentos intrincados. Hoy solo me cabí­a el nombre del aeropuerto de Barcelona.

Es que me entero que lo van a traspasar y luego privatizar. Por si me escuchan les diré que eso se debí­a hacer al revés. Primero privatice y luego que se arreglen como puedan los nuevos dueños.

De lo contrario me temo que ya sabemos quién se quedará finalmente con El Prat.

Estado con agujeros

Me entero por ese gran periódico, lleno de amor a la verdad, El Mundo, que miles de inmigrantes ilegales entran por el aeropuerto de Girona . Supongo que luego se filtran en el tejido social y que ya no hay manera de identificarlos.

E incluso votarán en las elecciones locales con papeles falsos y votarán a quien no debieran. Pero basta ya de ironí­a sin gracia.
Me apunto con letra minúscula en Mi Goulue: menos mal que tenemos un Estado con agujeros.

Sí­ menos mal. Así­ pueden entrar los jóvenes no nacionales e invadirnos. ¡Qué esperanza me da esto! A los nacionales no nos quedan más que los papeles; pero éstos son perfectamente tontos y, además, a estos papeles estúpidos no se les ocurre nada nuevo.

God bless Girona y los buenos policí­as que controlan su aeropuerto al que, por cierto, no se puede volar desde Madrid.

Apuntes para una teoría del mecenazgo.

Quiero escribir sobre el mecenazgo en mi artí­culo del mes de septiembre en EXPANSION. A partir de la campanada de Warren Buffet se ha vuelto a escribir sobre esta actividad que nos deja la mente en blanco y no sabemos como interpretar. O al menos yo me siento confuso.

Quiero escribir sobre ella porque, aprovechando el viaje, deseo revisar mis ideas al respecto que ya empiezan a hacerse viejas y a parecerme dudosas. Yo penbasaba que es bien posible que el mecenazgo no tenga nada que ver con el altruismo, especialmente cuando se trata de mecenazgo empresarial canalizado a través de fundaciones relacionadas con empresas con muchos accionistas que apenas notan el sacrificio en sus bolsilllos.

Pero cuando se trata de mecenazgo individual como el de Gates, Soros o Buffet, quien ni siquiera quiere gestionar su generosidad, es más difí­cil abstarerse del aspecto altruista. A pesar de ello lo voy a intentar en EXPANSION; pero por el camino se me plantea una complicación que no sé cómo encajar en mi proyecto desmitificador. Quizá después de un rodeo consiga encajarla.

La complicación comienza con una idea de una amiga, antigua alumna y hoy brillante catedrática, que me comenta lo que una serie de experimentos les van permitiendo, a ella y a sus colaboradores, intuir.

Esa intuición consiste en la posibilidad de que el altruismo dependa de la arquitectura de le red social en el sentido de que los nodos centrales serí­an más generosos que los marginales. Y, como no conozco su trabajo con precisión, me pongo a pensar sobre centralidad en las redes a mi manera artesanal.

Si la centralidad se define y mide según la cantidad de conexiones de entrada y de salida que ese nodo tiene en la red social, podrí­amos pensar que un individuo que corresponda a ese nodo así­ definido como central conoce a mucha gente y, para hacer mi pensamiento plástico, que seguramente organiza muchas fiestas sociales.

En cambio, si esa centralidad se definiera y midiera de acuerdo con la medida estándar de betweeness centrality un nodo será muy central si por él pasan muchas o la mayorí­a de las conexiones entre las diversas personas que conforman la red social y que podemos identificar como los invitados a la fiesta social a la que me referí­a en el párrafo anterior.

Que ambas nociones de centralidad son distintas es bien conocido y se puede ver fácilmente con un poco de imaginación y papel y lápiz. Toma un nodo, haz que salga d él una bifurcación hacia dos nodos y de cada uno de éstos otra bifurcación a otros cuatro y cierra el arbol. Haz esto otra vez a partir también de un nodo inicial. Si el nodo incial es el mismo en ambos casos se trata de un nodo que es central en ambos sentidos. Si el nodo inicial no es el mismo puedo unir los dos distintos entre sí­ y, en ese caso, ese nuevo nodo es central en el segudo sentido; pero no en el primero.

La primera consecuencia inmediata de esta diferenciación es fácil de enteder. Para sacar provecho, o extraer una renta, de su centralidad, el primero, rey de las relaciones públicas, tiene que gastar mucho y, seguramente convida más a menudo a los más centrales. En cambio el segundo individuo potencialmente central no necesita gastar mucho en fiestas sociales. Ni siquiera será invitado a muchas de ellas. Sin embargo podrá extraer una gran renta por su posición privilegiada que le permite poner en contacto a muchas posibles parejas de nodos.

Esto me hace pensar que la conclusión experimental tentativa de mi amiga igual no es tan evidente. El «padrino» es más central que el «festero» de acuerdo con la medida estándar y según los personajes de Mario Puzzo o sus trasuntos cinematográficos de Ford Coppola. Sin embargo, es aparentemente menos generoso.

Notemos que el que gasta más, es decir el más aparentemente altruista, es menos importante que el que gasta poco porque es este último el que puede dañar mucho a las conexiones si desaparece y, por lo tanto, no necesita hacer muchas y caras relaciones públicas. El «padrino» solo invitaba en ocasiones y aceptaba pocas invitaciones; pero recibí­a «diezmos» de todo el mundo.

Solo tengo una forma de recuperar la idea de mi amiga. Consiste en tener en cuenta el ciclo vital de manera que no se llegue a ser central en el sentido estándar si, primero, no se es muy generoso en establecer muchas conexiones que, una vez establecidas, ya puedan ser explotadas.

Si esta manera de entender el aparente roce entre mis ejemplitos y los experimentos de los especialistas pudiera ser tomada en serio, entonces me sentirí­a feliz porque los filántropos individuales que observamos no serí­an sino cazadores de rentas preparándose el terreno para cobrar piezas serias en el futuro. Mi vieja intuición no habrí­a perdido lustre.