La segunda división y la sociedad del espectáculo

En uno de los últimos posts, el de “El arqitecto es la estrella”, está todo lo que tení­a que decir sobre las distorsiones que la sociedad del espectáculo produce en la remuneración de profesionales que pueden ser clasificados como estrellas y los que , por diferenciarles de alguna manera, llamarí­amos de “segunda división”.

El pasado domingo me ratifiqué en las ideas que allí­ presentaba al visitar la exposición temporal del museo Thyssen-Bornemisza, De Cranach a Monet, un aparte de una colección particular de un coleccionista mejicano.

Me ratifiqué, esto es, en que, en esta sociedad del espectáculo en la que podemos ver a menudo lo que nuestros antepasados nunca pudieron soñar en observar directamente, las obras bellas, pero de segunda división según la FIFA del arte, pasan desapercibidas, su diferencia no se percibe y sufre la diversidad.

El museo estaba a desbordar, y las tribus de turistas se agolpaban ante los cuadros de los grandes nombres. Las obras de pintores menos conocidos se podí­an observar de cerca y los escasos prerrafaelitas no estaban ni siquiera diligentemente cuidados por los vigilantes. Supongo que es hasta razonable pesar que “para quince minutos que voy a dedicar a la contemplación de la exposición no los voy a perder ante un rostro turbador de un tal Rossetti”.

Y así­ los coleccionistas siguen atesorando obra de Cranach, Canaletto,el aduanero Rousseau, Cezzane o Monet, paseando una mirada desinteresada sobre pinturas de las que podrí­amos aprender mucho.

Por ejemplo, y dando un giro final al argumento, podrí­amos aprender que, a veces, lo que cuesta no vale y que otra veces hay un valor enorme, econdido y por descubrir en algo que se hizo con la facilidad con la que un niño da un volatí­n.

Las uñas de la monja enana

Encorvada, con su toca a la altura de su puntiaguda chepa y ambas a la altura de la hebilla de mi cinturón, me permito observarle cuando permanece sentada y la liturgia me obliga a levantarme.

Sus manos son como dos sarmientos idénticos entrelazados que solo dejan sobresalir las uñas de dos pulgares delgados como huesitos de pollo. Dos uñas maravillosamente cuidadas que se frotan entre ellas en un gesto de coqueterí­a pecaminosa que un inquisidor con mi vista y mi intución nunca hubiera dejado pasar.

Se embellecí­an mutuamente durante el cántico del Santus y no dejaron de hacerlo durante la Consagración. Lo sé porque ella permanecí­a sentada por privilegio de la edad y yo, por mis pobres rodillas artrí­ticas, me mantení­a de pié detrás de ella.

Pero cuando llegó el Padrenuestro, maravillosa oración que nunca dejo de murmurar en su versión antigua, mi querida,diminuta monjita enana escondió pudorosamente sus dos pulgares en el regazo de sus manos atormentadas.

¿De quién sera hija esta monja vieja que ora sin pensar, que ya no se pertenece; pero que guarda para sí­ misma un secreto que la independiza y la individualiza?

Pobre hija disminuí­da de un “handsom devil” ( como el papá de joan Baez) que nunca supo del fervor amoroso que alguien bien cercano sintió por él.

Esa noche paseé mi vuelta casa con algo parecido a la ensimismada unción de quien ha visto un milagro.

El valor del español

En un reciente Congreso en Sevilla se ha vuelto sobre el asunto del gran valor tiene para nosotros nuestro idioma. Digo que se ha vuelto sobre el asunto porque hace ya dos o tres años la Fundación BSCH financió y presentó un trabajo al respecto que el fallecido Municio, dos veces académico, apoyaba con su autoridad.

Entonces no lo entendí­ y me temo que ahora tampoco me percato de las cosas que se dicen. Dos amigos mí­os trabajaron en el anterior estudio; pero a pesar de ello no he podido hacerme con la publicación que, por cierto, no fué distribuí­ada entre los escasos asistentes al acto de presentación.

Recuerdo que tomé notas de la presentación y recuerdo que me sentí­ confuso pensando en algunas cosas que mis amigos estadí­sticos decí­an. Pero he perdido las notitas tomadas en un pequeño volantito en una época en que todaví­a no habí­a descubierto la Goulue.

Esta vez me ha cogido prevenido pues acababa de asistir a un taller sobre Economics and Laguage y en donde naturalmente a nadie se le ocurrió hablar del gran valor de la lengua y ni siquiera del posible valor de un idioma como, por ejemplo, el español.

Solo creo que hay dos cosas que merezcan la pena ser dichas.

La primera es que si el idioma español resulta aceptado y se usa en las trasacciones comerciales las academias de español, las universidades de verano y el Instituto Cervantes tendrán unos mayores beneficios. Medido sobre el PIB este incremento es de una magnitud despreciable.

Ahora bien también es cierto que un leguaje común puede disminuir los costes de transacción. Esta es la segunda cosa que igual merece ser dicha, que la comunidad de idioma puede hacer que la comunidad hispano hablante pueda desplazar recursos a otros usos no dedicados a precaverse contra el socio.

A no ser, claro está que lo hispano esté desunido precisamente por el mismo idioma, como dicen que decí­a Toynbbe acerca del contacto entre el Reino Unido y los EE.UU de America, que estaban perfectamente alejados por un mismo idioma.

¿Simples utopías digitales?

En respuesta a mi último post, David de Ugarte (DU) responde con una buena explicación de una diferencia que resulta ser crucial para mi comprensión de lo que significan la contextopedia y la Sion digital.

Escribe Ugarte: “En realidad de lo que estamos hablando es de la diferencia entre individualización e individuación. Mientras la primera es en realidad una forma de socialización entre pares, no mediada por instituciones, castas o capas de ningún tipo, la segunda representa una forma de aislacionismo, de separatismo personal que acaba afirmando, al fin, la imposibilidad de la comunicación con el otro en el más puro relativismo cultural. Mientras la primera surge de la posibilidad de renegar de los intermediarios, la segunda surge de renegar de la vida social”.

Creo que la distinción corresponde con la que yo hací­a en mi post entre institucionalización del individuo e inviduación. La individualización de DU corresponde pues a la eliminación de instituciones intermedias tal como creo haber dicho yo.

Ahora entiendo que en el sionismo digital no hay espacio para mi individuación que, como ve él muy bien, se refiere al rechazo del etiquetado a favor de una individualidad irreductible a ninguna identidad colectiva.

O.K.Pero entonces creo entender que mi individuación serí­a en el lí­mite como el bosque encantado de la contextopedia.

Ahora bien, el sioninismo digital es un topos imaginado que no es material; pero que tiene que vivir en tes dimensiones. Lo interesante es ver cómo se desarrollan las tensiones entre la comunidad virtual de iguales, poco condicionada por la escasez y la necesidad de expulsión que surge de la ineluctable presencia de ésta en lo organizado territorilmente.

No consigo ver la diferencia, más allá de las nuevas tecnologí­as entre una Sion y una comunidad hippy en la que algunos de mi edad creí­mos poder refugiarnos hace una eternidad.

El amor universal junto al “do your own thing man” eran entonces el equivalente a la intención de hoy de unir la repulsión por el etiquetado empobrecedor con la no renuncia a la vida social, algo que quizá hoy es más realizable gracias a la virtualidad hecha posible por la digitalización.

No sé si este mensaje en botella que ahora me llega de DU, en amable respueta a mi llamada de socorro, solucina todas mis torpezas de comprensión; pero, además de agradecerlo, creo que simplifica la charla y ofrece ideas con las que, por lo menos, deberí­amos jugar un poco.

Contextopedia o Sion

Me siento como un naúfrago abandonado a su suerte en una ruta poco frecuentada. Y como, además, me empiezo a hacer un lí­o entre lo que tengo que escribir sobre liberalismo y nacionalismo por un lado y lo que le leo a David de Ugarte sobre wikipedia distribuí­da ( ¿o contextopedia?) y el sionismo digital por otro, creo que no tengo más remedio que tratar de aclararme echando esta botella al mar con la esperanza de que la encuentre alguien clarividente y me conteste algo comprensible, aunque me deje en la isla en la que he naufragado.

Lo que escribe Ugarte está en los tres posts que él mismo destaca en su blog. Lo que a mí­ me interesa es lo que el matrimonio Beck llama individualizierung. No es una noción obvia para mí­ y creo que del examen de dos de sus posibles interpretaciones podemos extraer alguna orientación qie me ayude a poner en orden mi cabeza, un tanto borrosa a partir de mis intentos de descodificar las entradas de David.

En una primera interpretación podemos pensar en la institucionalizaí­ón del individuo. Esto querrí­a decir que para su actividad normal el individuo necesita cada vez menos el concurso de las instituciones sociales, esas “cosas” que están ahí­ precisamente para facilitar algunas actividades que no podrí­an llevarse a cabo sin su concurso.

Esta tendencia serí­a el resultado de un mundo global en el que la información es accesible y las TIC permiten la exploración sistemática de lo que pasa en ese mundo. En un mundo así­ en efecto no necesito por ejemplo del Estado Nacional ni tampoco realmente de la fe que otorgan los notarios.

Esto encaja con la diferenciación muy de Ugarte entre una red descentralizada y otra distribuí­da. Esta última es la que no necesita ningún tipo de centro a diferencia de la primera que siempre depende de uno o de varios centros. Supongo que una wikipedia descentralizada no es ya ni necesaria ni suficiente. Puede realizarse una wikipedia distribuí­da en la que, en consecuencia, subsistirán muchas, diferentes y alternativas definiciones de un mismo término, todas ellas disponibles para que cada uno se cueza su propio guiso. Supongo que esto es una contextopedia; pero no estoy seguro.

Pero cabe una segunda interpretación que traduce el término alemán por individuación , una noción que se debe entender como la ruptura secuencial con todos los lazos culturales e institucionales que nos ligan a una u otra u otras comunidades identitarias. En el lí­mite de este proceso nos encontrarí­amos a un individuo realmente indepediente y auténtico. No comparte ningún meme con nadie. Su contexto serí­a único.

Es este un constructo raro pues no se entiende muy bien cómo podrí­a vivir entre los hombres alguien que hubiera llegado al final del proceso de individuación; pero la idea está clara. Este individuo realmente individua(liza)do no es un miembro de una especie sino una especie en sí­ misma. O algo así­.

Pues bien la idea de la Sion digital me parece cercana a una colección de individuos individua(ciona)dos. Yo lo veo como un dicasterio con “monjes” aislados que comparten la memoria de viejas identidades dispares (o de contextos propios), que se relacionan entre sí­ en base a una mí­nima estructura institucional y con unos pocos valores comunes, entre ellos naturalmente el de formar una nueva identidad que más adelante habrá que disolver para ser fieles al proceso de individuación.

Estas dos interpretaciones tienen orí­genes muy distintos y apelan a centros neurálgicos distanciados. A mí­, por ejemplo, no me llama la atención el ahorro de instituciones intermedias entre el individuo y sus posibilidades de desarrollo. De hecho pienso que lo que no me gusta son las instituciones muy grandes; pero las pequeñas y cercanas me resultan útiles y hasta simpáticas. Pero sin embargo no dejo de interesarme en la conformación de comunidades nuevas, y a poder ser alternativas, entre las que el Sion digital podrí­a ser un ejemplo.

Bueno, no se si me he aclarado o me he enredado todaví­a más; pero sí­ que creo que estamos tratando un tema que va más allá y es más interesante que algunos de sus disfraces ya sea como enciclopedia espontánea, ya sea como la posibilidad de desterritorializar una comunidad nueva.

Esperemos que alguien recoja esta botella, aunque no me venga a rescatar.

Periferia 5: multipolaridad

Durante un tiempo escribí­ varias entradas sobre las vetajas de la desaparición de los centros bajo el tí­tulo genérico de Periferias.Haré ahora recuento de las entradas en las que incurrí­. En Periferias, así­ sin número, comienza la serie a través de la utilizción de la figura de de Edvar Munch que me sirvió para evocar la idea de que el genio y la acción están en las periferias, no en el centro. En Noruega y no en Berlí­n.

En Periferia 1 resumí­a algunas de las ventajas de las confederaciones, un tema que más tarde se expandió hasta constituir un altí­culo en Polí­tica Exterior. Periferia 2 contaba las peripecias de Michel Onfray que se aleja de Parí­s y lleva a cabo, poco a poco, un proyecto de rescatar la memoria de los filósofos silenciados y periféricos. En Periferia 3 me limitaba a recordar que la acción ocurre en la periferia, que no pasa nada en el centro del huracán y que, sin embargo, es en la acción trepidante de lo que ocurre fuera del centro donde se encuentra el malestar de la cultura que nos priva de la mediocre felicidad de los notarios. El conficto entre Iberia y Barcelona a propósito de la gestión del aeropuerto de El Prat conformaba la Periferia 4, en donde además insistí­a en las rentas no merecidas que genera un centro donde en realidad no pasa nada.

No es que tenga ahora grandes cosas que añadir; pero se me quedó en el tintero un post adicional que decí­a lo que sigue y que quiero que aparezca en este momento sin que represente el final de la serie ni tampoco me comprometa continuarla.

Si las entradas anteriores ocurrieron en mayo de este año, lo que sigue debe estar ecrito en algún momento de junio. Ahora no puedo precisar la fecha.

Decí­a :

Hace unos dí­as Thomas Friedman el famoso columnista y autor de The world is flat, decí­a en su columna del International Herald Tribune, que se habí­a acabado la unilateralidad de la administración Bush y que el mundo caminaba hacia una multilateralida distinta a la biolaridad de la guerra frí­a.

Ahora se tratá de un a multipolaridad condicinada por los recursos enrgéticos. He aquí­ un ejemplo de el mecanismo dinámico de conformación y disolución de polos y, al mismo tiempo, una plasmación de lo que es una red distribuidad en la que, debido a la proliferación de centros, lo que tenemos es una periferia universal.

A esto podrí­amos añadir el contenido del artí­culo de Moisés Naim en el Finacial Times en el que reconoce que aun el más pequeño de los actores internacionales va a tener algo que decir porque puede romper cualquier cambalache que los del centro quieran montar

.
Lo dejo así­ ,como estaba, no si resaltar que la multipolaridad parece que se vuelve a imponer, que en el mundo actual es muy dificil conservar un monopolio y que el malestar de la cultura que asocio a la intranquilidad que trae consigo la aceleración de la innovación está aquí­ para quedarse ya que la periferia pasa a ser una caracterí­stica general del mundo: todos somos periféricos.

La arrogante mirada de Txapote

No es la mirada huidiza del sacerdote que busca de través a su dios.

No es la mirada asombrada de un niño que solo quiere estrenar el juguete, ni la limpia del desnudo filósofo que aparta al gran Alejandro del rayo de sol que le calienta.

Tampoco es la mirada inerte del condenado a muerte con los ojos desorbitados fijos en el verdugo.

Es una mirada arrogante. Pero no tiene nada que ver con la arrogancia de un Mario Conde, revestido de una toga de Armani, que se sabe más inteligente que sus jueces.

No, no es la arrogancia de la superioridad intelectual. La mirada de Txapote es la mirada de la superioridad moral del que se sabe, como asesino terrorista, jenseits von gute und böse. Sí­, más allá del bien y del mal, por encima de las simples reglas morales que solo sirven para modistillas y de las de antes.

La mirada arrogante de Txapote no es un ejemplo de la banalidad del mal, ese horror que nos mostró, no sin ambigüedad, Hanah Arendt como observadora del juicio de Eichman. En esta banalidad asesina pensé cuando los secuestradores de Ortega Lara, perfectamente afeitados y con camisetas impolutas, reí­an entre sí­ encerrados en su jaula de cristal.

El mal que Txapote representa no es banal. Es la superioridad moral de un Papa sin apoyo teológico. Es la superioridad moral de Lucifer. Arrastra.

Y no se desprecia a Lucifer. Serí­a un error el hacerlo. Uno se protege de Lucifer atándose a un poste porque su atracción es irresistible.

Quien no haya sentido la tentación del desprecio hacia quien ha de juzgarle, no puede imaginarse lo difícil que es no caer en ella.

Créanme, no muestren al público la mirada arrogante de Txapote a fin de promover el odio al delito o al delincuente arbitrario y malvado. Es contraproducente porque atrae a todos los que saben lo que es el vértigo del abismo y desprecian la banalidad del bien.

Me escama

Me escama eso de querer desescamarse. Es como un suicidio si se hace con la ayuda de una roca. Es como una eutanasia mutua si los peces lo consiguen frotándose entre sí­.

Pero es que efectivamente esto de la individuación por encima de todo, esta necesidad de ser único y no un mero ejemplo de la especie, algo tiene de ambos, de suicidio y de eutanasia.

Sí­, es hora también de que se me caigan las escamas de los ojos, al menos de los ojos, para entender la pulsión hacia la muerte. Para que no me coja a traición, para ser consciente de ella, para vivir mi muerte como mí­a y no como un rasgo más de la dificultad de los avances tecnológicos, no me queda más remedio, aunque me escame, que desescamarme.

Desescamarse

El tema del dedo í­ndice será tocado en un artí­culo más largo en EXPANSION, el periódico en el que escribo solo mensualmente salvo que me surja alguna idea económica a lo largo del mes entre artí­culo y artí­culo.

Me falta por lo tanto el asunto del pulgar que deberí­a hacer referencia a Serezade y al peligro que corre su cabeza como calle. Como no puedo callar porque aprecio mi cabeza, de vez en cuando tengo que escribir algo que no entiendo bien, pero que se me impone en la esperanza que el lector esté dormido y con la daga envainada.

Hablo pues de desescamarse.

Pienso que todos somos peces y que yo quiero ser un pez único cuya identidad no se acaba en las escamas que me caracterizan como pez. He de desescamarme. He de traicionar no solo a mi naturaleza; sino también a mis amigos peces.

Pero eso no es nada frente a la dificultad de desescamarme con la única ayuda de mis atributos de pez. Solo lo puedo hacer frotándome con otros peces. Deberé hacerlo con mis amigos más í­ntimos, justamente aquellos que sufren por mi traición.

Trágico destino el de los peces que quieren desescamarse o ayudar a otros a hacerlo.

La Transformación de la Universidad: Movilización de Activos (III)

Publicado en Expansión, martes 20 de junio de 2006

En las dos últimas entregas he tratado de repensar el estado de la Universidad española y sus posibles salidas en este momento que se discute una nueva ley Orgánica de Universidades. Me he atrevido a ser descarado y he afirmado que el problema básico es la falta de competencia entre universidades, que la mutación crucial es la separación radical del gobierno académico del económico-financiero y que sería conveniente transferir activos tangibles a cada universidad para que tengan una fuente de ingresos que les permita ejercer una autonomía descarnada que les puede lleva a declararse en bancarrota aunque no sean privadas.

Hoy quiero acabar con estas reflexiones, urgiendo la movilización de activos quizá intangibles; pero que están ahí esperando a que sean puestos en valor, complementando así los ingresos de una universidad realmente autónoma.

Esta es una idea que, en ciertas aspectos, tiene ya más de veinte años. Se trataba de hacer posible, a través de las Oficinas de Transferencia de los Resultados de la Investigación (OTRIS), que los profesores/investigadores pudieran complementar su magro salario mediante la venta de sus servicios al exterior dejando para la universidad un cierto porcentaje de “impuesto revolucionario” o atrayendo a ella algunos fondos asociados al proyecto vendido, los llamados overheads. Fue una buena idea y allanó el camino hacia la verdadera movilización de activos hecha de manera sistemática y gerenciada de una manera profesional.

Pero para llegar al final de este camino hay que complementar las OTRIS haciéndoles competir con agencias que quieran y puedan beneficiarse del valor oculto enterrado bajo del capital intelectual que acumula un centro universitario. No me cabe la menor duda de que hoy ese capital es enorme y tampoco creo que haya ninguna duda de que su rendimiento actual para el investigador y para la institución es ridículo. Contemplemos un momento los datos más conocidos, aunque los ofrezco sin ninguna garantía de precisión y solo para tener una idea de los órdenes de magnitud.

El número de patentes europeas que se tramitan por la oficina de Patentes de Alicante es aproximadamente de 800 al año, provengan de donde provengan, incluso si provienen de laboratorios extranjeros radicados en España. Estamos, desde luego, a la cola de Europa. Pero por otro lado registrar con total garantía una patente en dicha oficina sólo cuesta unos 12.000 euros, de forma que si quisiéramos escalar puestos en el ranking europeo, incrementando en un 25% el número de patentes europeas, los gastos serían sólo de unos dos millones y medio de euros siempre, claro está, que haya ese flujo de ideas patentables.

Suponiendo una tasa de éxito de la explotación de estas patentes de un 33% (el doble que la actual medida sobre todas las patentes incluyendo las no europeas y que resulta ser de un 16%) nos encontraríamos con que invirtiendo unos 400 millones de pesetas, tendríamos en nuestra mano unas 66 patentes útiles.

El interés del negocio parece obvio. Creo que no sería exagerado afirmar que podríamos tanto encandilar al científico para que genere ideas como recuperar la inversión y realizar un beneficio sustancioso en unos años, pasando esos activos ya solidificados a los siguientes tramos de financiación. Yo creo que los 400 millones de pesetas se convertirán en 5 años en no menos 4.000 con los que remunerar a la institución, al investigador y al inversor. Me parece que éste último tiene incentivos para levantar un capital de unos 2.000 millones de pesetas que le permita resistir los cinco primeros años. De hecho es posible que convenciera a alguna entidad financiera para que le ponga la mitad con un cierto periodo de carencia.

A mi estos números me parecen creíbles y esperanzadores a grandes rasgos y, por lo tanto me pregunto porqué no ocurre algo así. Se me dirá que ya ocurre y no seré yo el que niegue ni el esfuerzo de las OTRIS, ni la eficacia del dinero público que se ha dedicado a incentivar la investigación y la puesta en valor de sus resultados ni la próxima utilización de algún programa inteligente de compras públicas (procurement)

La pregunta que me interesa es, por lo tanto, porqué no entra en este negocio, y de forma sistemática, la iniciativa privada a pesar del florecimiento del capital riesgo y del apoyo inteligente que da el CDTI a cualquier iniciativa que haya fructificado a partir de las ideas generadas en las Universidades o los OPIS (Organismo Públicos de Investigación).

Mi respuesta es que hay dos obstáculos, el de alineamiento de incentivos y el del conocimiento mutuo basado en un lenguaje común que programas como el CENIT tratan de superar. Pensemos sobre estos dos obstáculos diferenciando las ideas científico-naturales por un lado y las ideas humanista o científico-sociales por otro.

El problema en estos casos está en la colisión entre incentivos y valores. Hacer ciencia se ha llegado a considerar como una labor sacerdotal que no puede ponerse en peligro por mácula alguna. No es que se piense que la persecución del conocimiento en sí sea justificación suficiente, que la es. Se trata de que se pretende elevar esa justificación a la única posible, llegando a despreciar al que se preocupa de, o se implica en, problemas de la realidad del entorno.

La única forma que yo veo de salvar este escollo que es muy real, es no solo distinguir fases en la carrera de investigador, sino también promover carreras alternativas. A efectos de la Universidad se trataría de añadir la tarea de transferencia a las de docencia e investigación y de recordar todas las mañanas la distinción de Freeman Dyson entre científicos atenienses y manchesterianos. En la investigación cabrían tanto lo que buscan la explicación de todo como aquellos que se entusiasman con los artefactos. Y estos últimos -los manchestiaranos– están muy cerca del proceso de transferencia. Creo firmemente que estas formas de alinear incentivos aparecerán espontáneamente en cuanto separemos las dos autoridades, la del Rector y la del Presidente.

El Problema con las Humanidades o las Ciencias Sociales es otro distinto. Dejando aparte aspectos del Derecho, la Sociología o la Economía que desde siempre han tenido cabida en la consultoría, lo asombroso es darse cuenta de las ricas vetas de mena que hay en las minas del conocimiento blando. Les recomiendo que accedan al proyecto que están efectuando el Instituto de Gestión de la Innovación y el Conocimiento de la Politécnica de Valencia y el CSIC con el apoyo del Plan Nacional de I+D.

En este Proyecto sobre el “Estudio sobre las capacidades de transferencia de conocimientos en humanidades y Ciencias Sociales“, un grupo de probada calidad en estos menesteres se ha empeñado en explorar sistemáticamente esas vetas en los institutos correspondientes del CSIC. He aquí un par de datos curiosos. Humanidades y Ciencias Sociales en el CSIC y durante el periodo 2003-2005 subscribieron el 19% de los contratos del CSIC obteniendo el 9% de la financiación; pero con una solicitud de productividad media más baja en ambos (11% y 2.4%). Es decir, esta gente trabaja bastante y saca muy poco.

Me atrevería a decir que en este campo del pensamiento blando hay también valor, que movilizarlo cuesta poco y que, en consecuencia, también puede ser negocio. El ejemplo más inmediato sería el de la documentación. Son estos expertos -los documentalistas- los que tienen toda la información necesaria para el éxito de las agencias de intermediación de los que hablaba más arriba. Un buen Presidente sabría sacar chispas a la información que genera su propia gestión.

En resumen y para terminar con esta pequeña serie sobre la Universidad, yo diría que transferir activos tangibles y dejarlos a la gestión (regulada) de la autoridad económica de la Universidad y movilizar los que están ya ahí aunque ocultos y ociosos, proporcionaría unos medios financieros que, añadidos a unas tasas más cercanas al coste y a una buena organización del “procurement” podrían cambiar radicalmente la universidad española. Habría más diversidad entre las Universidades y dentro de ellas.

Y lo que daría es lo mejor, aquellos que quisieran encerrarse en su laboratorio o en su biblioteca lo tendrían mucho más fácil. Es verdad que sus automóviles lucirían menos que los de sus colegas más abiertos a problemas del entorno, pero, por otro lado, se sentirían mucho más asediados y reconocidos aunque, posiblemente, por razones espurias, como posibles proveedores de materia prima.