Alto el fuego

Alto el fuego. El fuego que no quema; pero mata. El de la bala en la nuca. Alto el fuego permanente.

Brindo con Odón Elorza y sus concejales en el Ayuntamiento de Donostia: «por la paz y por los ausentes».

No repetiré lo de esperanza y cautela porque, como todo lo obvio, ya ha sido abusado.

La esperanza es de que la gente no muera por sus ideas y mucho menos porque sí­. La cautela es porque esta idiota posibilidad seguirá quizá vigente durante un tiempo y los guardaespaldas seguirán teniendo trabajo.

Y, dicho esto, deberí­a acabar esta nota porque de lo que no se puede hablar con claridad mejor serí­a callar tal como dijo, aproximadamente, Wittgenstein.

Pero quizá haya un estrecho portillo para decir algo que sea claro, aunque no necesariamente obvio ni admitido por todo el mundo. Aunque no podrá ser una teorí­a cerrada sino trozos de ideas.

Lo primero que tengo que hacer es reconocer el error, visto desde hoy, de la idea que adelanté hace tiempo en Terrorismo,Filosofí­a, Economí­a? y Nacionalismo y que intentaba sugerir, en base a ciertas analogí­as económicas, que el terrorismo de ETA persistirí­a mientras que el de Al Qaeda subsistirí­a.

Sin embargo, y además de que no haya error posible que me sea más gratificante, resulta que podemos aprender algo de él, en caso de que no sea un error total. Debemos aprender que, si algo en mi argumento anterior no fuera del todo descaminado, un terrorismo territorializado ( o nacionalisa si se quiere) mantiene un rescoldo vivo que puede avivarse en cualquier momento. Y apagar ese rescoldo exige una finura y una generosidad que no se pueden garantizar. Quizá porque sean imposibles.

Hablar de precios por la paz para escandalizarse por su posible surgimiento, traducir de antemano las condiciones retóricas del comunicado para negar que nada ha cambiado relmente y exigir desde ya que obviamente cese la extorsión, es totalmente razonable; pero ignora la naturaleza de lo que es es un proceso dinámico, sea esta negociador o dialogante o de toma de temperatura o de lo que sea. Este tipo de proceso es complejo en el sentido técnico del término ( que va un poco más allá de su traducción como simplemente dificil) y puede salir por casi cualquier lado.

Y sin embargo yo creo que este proceso va a ser rápido y definitivo, a poco que se lleve con cautela. Por los términos, no muy bélicos, del comunicado. Pero, sobre todo, porque ETA es una empresa que se ve a sí­ misma como obsoleta. Su producto es ya muy poco demandado cuando hay disponible un sustituto mucho más avanzado; ni los más fieles de entre sus clientes están dispuestos a seguir comprando una anticualla y las ví­ctimas han conseguido vehicular una justa ira que sobrepasa la que ETA cree también justa y que ha sido su sostén durante cuarenta años.

Los verdaderos artí­fices de la paz, si llega, serán infinitos y no seré yo quien les niegue su protagonismo eficaz; pero tengo para mí­ que quien ha derrotado a ETA es una masa difusa de héroes anónimos. Sí­ muchos héoes anónimos que durante estos años han cumplido con su deber cotidiano en silencio y que seguirán callados a pesar de que, en mi opinión, han sido la necesaria infanterí­a en una guerra que ha contado con un número excesivo y creciente de mandos del Estado Mayor.

Yo solo confí­o en ellos.

Francia

Hace unos meses pensé que el único cambio aprecible de Francia era la desaparicion del bidet en los cuartos de bano de los hoteles.

Despues de pasar estos dí­as en Paris creo poder afirmar que no encuentro ningun otro cambio apreciable ni para bien ni para mal.

Internet no funciona bien.Tengo que matener el teclado en alto con una mano mientras con la otra tecleo como puedo. O sea que lo mejor es que diga telegráficamente en qué otras cosas no ha cambiado.

La energia nuclear. A las 7.15 del viernes a 50 kms de Parí­s el sol levantaba un palmo del suelo y ya iluminaba el negro humo de una de las chaparras chimeneas de una ccntral nuclear.

La democracia deliberativa a a la francesa. Una mezcla de parlamentarismo, movilizaciones callejeras y deliberacion mediática. No está mal.

Y nacionalismo a tope. Entre la emigracion que debe integrarse o sí­ o sí­ y los negocios para los que se pasa una legislacion qu defiende las compañí­as francesas a cualquier precio.

Pero hay algo insustituible en Francia, algo que no se ha superado. Les trancribo el articulo 5 del manifiesto surrealista que cuelga estos dí­as de un panel de la exposición artparis06.

Nous ne pretendon rien changer au moeures des hommes, mais nous pensons bien leur demontrer la fragilite de leur pensée et sur quelles assises mouvants, sur quelles caves, ils ont fondé leur tremblentes maisons. 27.1.1925

Ken, Jeff y Andy

El domingo pasado me fuí­ a las 4 de la tarde a ese lugar inaudito llamado Pequeño Cine Estudio en la Calle Magallanes de Madrid y me tragué con atención un documental sobre el caso Enron. Está basado en un libro escrito por mujeres quienes, al parecer, fueron las únicas que tení­a la cabeza en su sitio y que eran capaces de «pitar falta» en medio de aquella locura. Locura por cierto no exclusiva de esa compañí­a.

En un momento u otro los tres personajes principales, Ken Lay (Presidente), Jeff Skilling (CEO) y Andy Fastow (CFO), aparecen con las manos esposadas a la espalda. Esas imágenes son el pago que los productores del documental satisfacen al sistema americano que se supone reconoce sus errores y los destapa públicamnte.

Pero dejando aparte este comentario sobre el sistema americano que muchos admiramos más o menos, diré que este documental me ha recordado un par de cosas cosas que escribí­ en el pasado y que ahora quisiera compartir con los lectores de este blog.

La primera es la que resalté en mi artí­culo ¿Es Parmalat el Enron Europeo?. Ya explicaba allí­ que Parmalat no habí­a aportado nada nuevo mientra que los tres mosqueteros que capitaneaban Enron habí­an cooperado a crear nuevos mercados, desde el trading de energí­a hasta el mercado sobre el tiempo atmosférico. Estas dos ideas esran buenas; pero el documental las trata como trampas propias de tres ladrones.

La segunda tiene que ver con la relación entre mercados completos y fragilidad. Escribí­ sobre este tema espinoso en Terrorismo, Filosofí­a, Economí­a? y Nacionalismo. El mensaje era que completar mercados, tal como acabo de decir hací­a Enron, es algo bueno aunque peligroso porque nos deja sin capacidad de reacción ante cualquier contingencia no prevista. Y nunca se pueden prever todas. El caso Enron serí­a un ejemplo de esto. Pero dificilmente podrí­amos acusar a alguno de los tres jefes máximos de saber algo de esto. Ni siquiera Ken, el Presidente, del que sabemos que tení­a un doctorado en Economí­a.

Parece claro que falsearon cuentas y que se llevaron dinero en cantidades ingentes, aunque el juicio principal todaví­a no ha terminado. Rompieron la vida de 30 000 empleados. El arrepentimiento es bueno cuando es genuino y quizá lo sea en ciertos estratos de la sociedad americana que piensan que se están pasando en la construcción del capitalismo. Pero aprovecharse de ello para presentar a estas tres personas como vampiros es solo adecuado para los adoradores de iconografí­as simplistas.

Acusarles tal como se hace en el documental, de haber robado a los californianos con ocasión de la crisis energética me parece una falsa acusación. Esta crisis estuvo causada por el error regulatorio de poner un techo al precio de la distribución de electricidad, lo que causó un bancarrota de muchas distribuidoras ante el incremento del precio de generación, incremento que nada tení­a que ver con Enron.

Es posible que el capitalismo en su desarrollo cometa muchos errores y que éstos salgan caros a sus responsables y a otros muchos que nada tení­an que ver con el cambalache. Utilizar este hecho para crucificar a los tres ladrones es una necesidad bárbara de buscar chivos expiatorios que se trasmuta en tranquilidad de conciencia para una sociedad o para los crí­ticos de esa sociedad; pero que no plantea ninguna solución para la mejora del sistema más allá que la cansina letaní­a sobre las crueldades de la ideologí­a neoliberal.

Arrepentimiento

El Herald Tribune publicaba hace unos dí­as un artí­culo de Paul Krugman que me parece instructivo. En «The conservative epiphany», comentaba Krugman la conversión reciente a lo obvio de dos neoconservadores notorios, Bruce Barlett y Andrew Sullivan, de cuyas diatribas habí­a sido objeto el propio Krugman hace tres años, cuando estos patriotas encendios le acusaron de antiamericanismo idiota.

Esta caí­da del caballo es siempre bienvenida; pero es comprensible que los ninguneados por haber visto bien la situación desde el principio, se encuentren ligeramente escocidos. Krugman no pierde la elegancia y se limita a recordar la evidencia, que siempre ha estado disponible a quien quisiera encontrarla, referente a la reforma fiscal de Bush y a la entrada en la guerra de Irak.

No tan elegante fue Pedro Schwartz hace muchos años cuando de dedicó un artí­culo titulado «De rodillas» a Julio Segura quien, por aquel entonces, se habí­a desenganchado del comité central del PC español. También entonaba el «mejor tarde que nunca»; pero luego le exigí­a que pidiera perdón, o al menos así­ lo recuerdo yo.

Julio Segura aprovechó sin estridencias su conversión. Parece que Barlett y Sullivan van a saltar a la fama por la confesión mediática de sus errores y no conviene olvidar lo abiertos que han estado siempre los salones madrileños al vasco arrepentido, entendiendo por tal, desde luego, al etarra aficionado que confiesa su error mientras cuenta cosas que enriquecen y dan emoción a las veladas de salón.

Es realmente una suerte que te premien por ejercer tu mala conciencia. Una suerte de la que no podemos disfrutar los que, aun sintiendo la culpa casi todo el tiempo, no tenemos ningún gran error del que arrepentirnos. Y de la que tampoco disfrutó Lord Jim, ese maravilloso personaje de Conrad que, no habiendo podido ser el orgullo de la marina mercante inglesa, busca el pago de su terible error (de abandonar a su suerte a los peregrinos haciendo un uso cobarde del bote salvavidas) mediante cualquier medio a su alcance que, a poder ser, acabe con su vida ya imposible de redimir.

Tampoco Profumo, fallecido hace pocos dí­as, supo poner en valor su genuino arrepentimiento por un desliz en brazos de la Keeler (por cierto, ¿qué ha sido de ella?).Fue perdonado por todos, desde su esposa a la Reina; pero él siguió lavando platos en una institución caritativa.

Esto de la culpa es muy extraño y cada uno lidia con ella como puede. Ahora bien, el hacerse responsable ante Dios y la Historia, tal como ha declarado Blair estos dí­as, no parece la mejor o más respetable manera de cargar con ella.

Y para terminar una simple pregunta final. ¿Qué podemos esperar de nuestros neoconsevadores locales?. Yo apuesto que seguirán el ejemplo de Blair, no el de Profumo ni tampoco el de los neo-cons arrepentidos a los que se referí­a Krugman.

Cinta de Moebius

Empecemos por saber lo que es esta figura topológica, la cinta de Moebius

Alvaro Delgado Gal, en una columna reciente de ABC, pretende utilizarla como metáfora de la polí­tica del momento, al menos en lo que concierne a esas elucubraciones poco discretas que hoy corren sobre la posible de tregua de ETA.

Describe este columnista el desconcierto general que percibe como un «azoramiento cognitivo» y se pregunta si habrí­a alguna alternativa a esa logomaquia observada que, en mi opinión ahora, muestra a las claras que no hacemos caso a Wittgenstein y callamos cuando no somos capaces de decir nada claro.

La contestación que ofrece a su propia pregunta es denominada como La Alternativa Mí¶bius. Dice así­:

«…no existen dos caras de la cuestión, una esotérica y otra exotérica, una invisible y otra visible, sino una sola cara. Ni ETA va a rendirse ni el Gobierno ha tramado la sigilosa entrega de España. Sencillamente El gobierno se ha hecho un lí­o…»

Demos un pequeño rodeo antes de volver al estado actual de la polí­tica.

La diferencia entre lo oculto y lo público es fácil de distinguir en el caso del cilindro que podrí­amos hacer con la misma banda con la que fabricamos la cinta de Moebius. Lo exotérico está fuera y se ve. Lo esotérico está dentro y no se ve. Todo tiene dos caras según esta metáfora y solo conocemos una o eso es lo que imaginamos. Sin embargo en la cinta de Moebius no hay distición entre lo interno y lo externo, entre lo privado y oculto y lo público y conocido por todo el mundo.

En este sentido la cinta de Moebius es una magní­fica metáfora, no solo de la polí­tica española de hoy, sino de toda la época «posmoderna» que nos toca vivir. No hay nada «ahí­ fuera» que se pueda observar sin distorsiones des de «aquí­ dentro». No hay atalaya privilegiada desde la que se puede mirar a la realidad fenomenológica y estar seguros que lo que vemos es la realidad desnuda.

Y ahora podemos volver a la polí­tica. El «azoramiento cognitivo», tan propio del momento, no consiste en que solo hay una cara en la realidad polí­tica española actual y que ésta consiste en que el Gobierno no se aclara. Yo dirí­a más bien que lo que ocurre es que no hay forma de aclararse y que no hay nada peor que intentar hacerlo. No hay manera de tener buena vista o mejor que la de los otros. No hay más remedio que convertirse en un sincretista creativo. Hay que recojer todos los pedacitos de información que aparecen aquí­ y allí­ y tratar de encajarlos en un puzzle sin modelo de apoyo.

Pensar la polí­tica me parece hoy un de un ejercicio sin precedentes, precisamente por el «azoramiento cognitivo» que preside todo lo que hoy tiene que ver con lo polí­tico. Eso por un lado; pero hay otro lado de la cuestión que también rezuma sentimiento posmoderno. No se trata solo de una cuestión epistémica, sino sobretodo de una cuestión de poder, de ese poder que aparece como oculto porque está fragmentado.

Estoy seguro que para mucha gente esta incertidumbre es irritante. A mí­ me consuela mucho. Quizá porque estoy harto que me den lecciones los que dicen saber más que lo que se ve. Y lo que yo veo es un gobierno que, ciertamente, no jerarquiza las cosas de la manera obsoleta de hace años. Esto es, en efecto, algo realmentemuy peligroso. Puede ocurrir, sin embargo, que sea este Gobierno, tan poco apreciado incluso por sus amigos, el único que se ha dado cuenta de que el mundo ha cambiado de manera radical. Esto serí­a lo peligroso…para los demás.

O también puede ser que no se haya dado cuenta; pero que actúe como si estuviera al tanto. El resultado es el mismo: nos ha sobrepasado a todos y nos ha dejado obsoletos. Harí­amos bien en tratar de ponernos un poco al dí­a.

Encadenando Ideas Vagas

Publicado en Expansión, martes 7 de marzo de 2006

El mundo arde por los cuatro costados . En España la cosa se está poniendo caliente aunque de momento nadie, excepto los agoreros de siempre, cree que haya que llamar a los bomberos. Y en medio de toda este desorden yo encadeno ideas. Espero que el vaporoso deslizamiento de la mente me lleve a algún sitio.

Durante más de un año hemos estado hablando del «fontanero polaco» como el paradigma de lo que sería el cierre final del mercado único europeo. Este «fontanero polaco» con habilidades profesionales suficientes podría haberme arreglado la calefacción en medio de la semana más dura de este invierno mucho más rápidamente que el fontanero de Jaén que me envío el instalador. Y, además, me habría cobrado menos porque el coste para su empleador polaco hubiera sido menor. Yo habría salido ganando y el fontanero jienense perdiendo como tal fontanero, pero ganando como consumidor de otro tipo de servicio, quizá el de peluquería que habría podido obtener de un profesional letón desplazado a Madrid.

Pero tuve que arreglármelas con el simpático fontanero de Jaén porque todavía no estaba aprobada la famosa Directiva de Servicios o Directiva Bolkestein. Finalmente se ha aprobado hace unos días aunque descafeinada y desvirtuada. Está descafeinada porque se excluyen de ella muchos servicios, como los de los Notarios (por razones que desconozco) y los financieros, que se regirán por su propia regulación comunitaria. Pero el quid de la cuestión es que la Directiva nace desvirtuada en lo que se refiere a la legislación aplicable.

El problema estaba en que las empresas exportadoras de servicios se regirían por las leyes de sus países de origen y esto soliviantaría a los sindicatos del país de destino que sentirían que se les aserraba el piso. Pero han ganado éstos y se disfraza de prudencia lo que es un oportunidad perdida a causa, en buena medida, de las necesidades de llegar a acuerdos por parte de la gran coalición alemana. Se abren las fronteras; pero se aplicará la ley del país donde se efectúa el servicio.

Lo que hubiera sido una buena noticia para los consumidores, tanto directamente como en razón de un mayor control de la inflación, se ha convertido en una aguada liberalización comercial. Es en ocasiones como éstas cuando se pone en juego el liberalismo económico de los políticos. En su día descubrimos que en Mrs. Thatcher pesaba más el nacionalismo insular que el liberalismo económico. Quizá sea esto mismo lo que le ocurre a nuestro Gobierno en este asunto y en ese otro de la OPA de E.ON sobre Endesa.

Pero vuelvo a la exportación de servicios. Les parecerá infantil pero yo me siento personalmente involucrado en esta asunto más allá de los problemas de mi calefacción. Siempre he querido ser holandés como el Bolkstein de la directiva y como todos los marinos que han circunvalado el mundo, no para convertir a nadie, sino para enriquecerse y tener su casa en Amsterdam y vivir en esa domesticidad burguesa que nos reflejan sus asombrosos pintores.

Mi admiración de siempre se vio reforzada por el impacto que me causó la libertad de un país que, en el 73, permitía consumir cannabis bajo múltiples presentaciones, desde los pastelillos, el té o la pipa de agua, hasta , desde luego, el «porro» vulgar. Pero ahora ya no lo sé. No solo está lo de Teo Van Gogh; sino que, para reducir gastos públicos, comienzan por echar a los investigadores extranjeros, aunque sean europeos y tengan mayores méritos académicos que muchos nacionales.

Esto de la xenofobia larvada es fastidioso. Algo de eso hay, además de la protección de las rentas adquiridas, en la anorexia de la nueva Directiva. O sea, que ésta no está mal pero podría haber estado mucho mejor. Ha quedado como si el «fontanero polaco» fuera un islamita semiintegrado. Quizá este islamita debería estar contento de que le tratemos como un «fontanero polaco» obligándole a admitir nuestras leyes. Y quizá también este «fontanero polaco» debería sentirse como un nuevo ciudadano del país donde ejerce su oficio como queremos que se sientan los islamitas. Pero así como el islamita se irrita por la sátira volteriana, el polaco igual protesta por la falta de unción hacia la iglesia católica que se observa en la Europa occidental.

Pero ojo que aquí entramos en cuestiones sagradas que se solían dirimir con arma blanca. Aquí parece que hay una cuestión de integración entre dos culturas, y el asunto se debate como tal oscilando entre el multiculturalismo y la integración. Entre tanta delicadeza innecesaria se olvida una cuestión importante. La hibridación, o incluso la simple variedad, produce esa promiscuidad cultural que los expertos empiezan a considerar buena para la innovación.

Además pienso que estas cuestiones sagradas no son tan ajenas al asunto de la competencia que parece presidir mis divagaciones: en cuanto las mujeres del islam empiecen a pasarse a otras comunidades que les traten mejor, se acabó el enquistamiento de las comunidades islámicas. Y es que la competencia es sorprendente. Es la gran disipadora de esas rentas que no se justifican por la productividad; pero que son inexpugnables en ausencia de competencia.

Es justamente por eso que no se quiere la competencia por mucho que se le cante. Ya lo decía Milton Friedman en la entrevista que le hacía Juan Llobell en Expansión. Decía este premio Nobel, tradicional defensor de la liberalización del uso del cannabis, que los políticos liberales lo son solo de boquilla y que son los países del este de Europa los únicos que realmente creen en el capitalismo que, añado yo, debería caracterizarse por la eliminación de barreras de entrada de cualquier tipo. Justo lo contrario de la Directiva de Servicios. Y de la actitud de Fazio en Italia. Y de, según y como, la postura del Gobierno ante la OPA de E.ON sobre Endesa

Y es esta eliminación de barreras de entrada la que contribuye a disipar las rentas y la que finalmente justifica la competencia regulatoria. Si se le permitiera actuar, las rentas de algunos oficios se disiparía. Los Notarios serían más baratos y yo hubiera podido pasar menos frío este invierno. Si La Rioja hubiera bajado su impuesto de Sociedades en reacción a las vacaciones fiscales vascas, en lugar de acudir a los tribunales, no habríamos perdido tanto tiempo para llegar a bajar esta figura impositiva para todas las CC.AA. Pero no podía hacerlo porque carecía capacidad normativa en materia fiscal. Cataluña quiere tenerla ahora y yo sigo defendido la generalización del sistema de concierto económico y, todavía más heréticamente, la proliferación de jurisdicciones diferentes para que florezca esta competencia regulatoria entre ellas.

Estos evanescentes encadenamientos de ideas sirven para convertir las discontinuas páginas de los periódicos en una especie de cinta continua que, empiece por donde empiece, nos pone siempre frente a lo mismo. En este caso lo que pasa una y otra vez por delante de nuestros ojos atónitos es que no hay manera de sobrepasar las numerosas pautas de conducta asociadas a la idea territorial. En Francia no quieren para nada una compañía de servicios que no se rija por la ley del territorio donde opera. Lo mismo ocurre en Alemania o en España aunque no del todo en el Reino Unido de hoy a pesar de la herencia del soberanismo territorial de Mrs Thatcher. Y desde luego no es el caso en los países de la nueva Europa.

Pero en Europa en general no estamos dispuestos a dejar que las comunidades de inmigrantes islamistas y sus descendientes se rijan por ninguna ley ni costumbre distinta de la ley de nuestra tierra. Y esto, desde luego, en aras de la integración. Y en el mundo occidental en general cuando queremos conquistar económicamente China estamos dispuestos a aceptar su legislación aunque sea la de un país dictatorial que no respeta los derechos humanos. Seguramente porque nuestra penetración acelerará su democratización.

Hasta aquí me ha traído mi deambular casi inconsciente: el Estado-Nación está ahí firmemente enraizado. La idea territorial que le acompaña puede ser sobrepasada. Yo creo que sería bueno que se sobrepasara. Pero no sabemos cómo hacerlo. La prueba más evidente de este reflejo territorialista anticuado está en el mundo de las llamadas relaciones internacionales. Casi todos sus expertos toman como dado el Estado-Nación indisolublemente unido al territorio y no saben por donde empezar a atacar problemas que ponen en juego este hecho sagrado, primitivo y obsoleto. Pero bien real, dicho sea en su descargo. Quedemos a la espera de la resolución del asunto de la madre de todas las OPAs.

Becker y Posner

He aquí­ una magní­fica introducción a la actividad que llamamos blogging. Se trata del párrafo con el que Becker y Posner comenzaron su actividad en la Red hace dos años.

Blogging is a major new social, political, and economic phenomenon. It is a fresh and striking exemplification of Friedrich Hayek ’s thesis that knowledge is widely distributed among people and that the challenge to society is to create mechanisms for pooling that knowledge. The powerful mechanism that was the focus of Hayek ’s work, as of economists generally, is the price system (the market). The newest mechanism is the “blogosphere. ” There are 4 million blogs. The internet enables the instantaneous pooling (and hence correction, refinement, and amplification) of the ideas and opinions, facts and images, reportage and scholarship, generated by bloggers.

Lo traduzco a mi manera, no sin antes advertir que, en dos años, el número de blogs en el mundo ha alcanzado la cifra de 27 millones aproximadamente.

El blogueo es uno de los fenómenos más significativos en el campo de lo social , de lo polí­tico y de lo económico. Es una ejemplificación asombrosa y novedosa de la tesis mantenida por Hayek y, según la cual, el conocimieto está ampliamente distribuí­do entre la gente de forma que el reto para la sociedad es crear los mecanismos que permitan poner en común ese conocimiento. El poderoso mecanismo al que los economistas en general, y Hayek muy en particular, prestaron su atención es el mecanismo de precios (el mercado). El más reciente de estos mecanismos es la «blogosfera». Hay cuatro millones de blogs. Internet permite la instantánea puesta en común ( y por lo tanto la corrección, el refinamiento y la amplificación) de ideas y opiniones, hechos e imágenes, reportajes o trabajo académico generados por los bloggers.

Mercado y «blogosfera» son dos construcciones posmodernas que se parecen en que pueden ser vistos como una red que no tiene centro y porque, en consecuencia, son muy útiles para aglutinar el conocimiento disperso, a pesar de que se podrí­a pensar que, por el contrario, la falta de centro hace la tarea difí­cil.Esto es lo que dicen estos dos eximios bloggers. Notemos que no dicen que la Red, como elemento básico de la «blogosfera», puede sustituir al mercado.

Parecerí­a que esta sustitución estaba, sin embargo, en la Era del Acceso, obra en la que Rifking insiste en que gracias a la Red vamos a poder sustituir la propiedad por el acceso, el precio por la gratuidad.

Aunque no de una manera tan clara, parecerí­a que, en medio de la burbuja de las puntocom, era eso lo que algunos pensaban, quizá debido a que el uso de la Red podrí­a disminuir los costes de trnsacción. Esta disminución es ciert, pero su implicación es la contraria. Porque los costes de transacción son menores, se utilizarán más los mercados existentes o se crearán nuevos.

Las empresas se decantaron por apostar por la primera de estas dos últimas posibilidades y pensaron que el quid económico de la Nueva Economí­a estaba en lo que se llamó el B2B. Entre las empresas se podrí­an organizar mercados mucho más perfectos y mucho más utilizables que el conjunto de contratos que los remedaban.

Sin embargo se confundieron. La clave del aumento posible de la riqueza estaba en el P2P. Es entre las personas pertenecientes a una comunidad dada que se pueden organizar nuevos mercados y tanto más perfectos cuanto mayor sea el número de esas personas. Esto es el valor oculto y todaví­a no reconocido de las empresas de servcios con millones de clientes que se encuentran atónitas ante la posibilidad real y la dificultad derivada de que comience una lucha entre comunidades a las que un cliente puede pertenecer simultáneamente

Esta dificultad será importante quizá en comunidades poco compactas. Pero podemos pensar en otras comunidades cuya identidad está mejor definida que la de un conjunto de clientes. Pensemos. por ejemplo, en una red de cientí­ficos que ya existe o se puede estructurar con facilidad. Dadas las clasificaciones públicas de cientí­ficos que proliferan por doquier, la fe que todo cientí­fico tiene en su razón y en su método y la facilidad con que podemos identificar a cada uno de ellos, parece que la confianza entre los miembros de esa red serí­a muy grande. Los costes de transacción serí­an en consecuencia muy pequeños y se puede montar entre ellos, con un simple chasquido de dedos, un pequeño eBay con cuyo beneficio podrí­an vivir sus promotores y todaví­a dejar un buen pellizco para las universidades en forma de comsiones que podrí­a compartir con los cientí­ficos.

Algo debe de estar mal en mi razonamiento pues de lo contrario ya lo habrí­an puesto en marcha los innovadores vocacionales quizá a una escala reducida.

Rankings

Technorati es muy instructivo. Resulta que, a grandes rasgos y en números redondos soy el 90.000 de los 27.000.000 de blogs que hay en el mundo. Estoy según eso en el top 0. 4% aprox. Si ahora corrijo por el idioma, y teniendo en cuenta que hay como cuatro veces más blogs en inglés que en español, me apunto como el 23.000 y me coloco en el top 0.1% aprox. Cualquiera de las dos cifras me parecerí­a ridiculamente exagerada y tiendo a pensar que estas cifras solo quieren decir que no sé cómo se hacen estas clasificaciones o que hay como unos 26.910.000 blogs que no lee nadie o casi nadie.

Desearí­a enterarme de qué lugar ocupa el blog a dos manos de Becker y Posner. A mí­ me parece que es muy antiguo en su lay out; tiene un estilo exactamente igual al de las colunmas en papel y los temas son tratados exactamente con la amplitud de frase y la hechura de párrafo que corresponden a un trabajo de divulgación ciéntí­fica o a una motivación de sentencia.

Por otro lado el contenido que discuten es a menudo una noticia de alcance mundial, como la victoria de Hamas o la entrada de Google en China. Siempre naturalmente en un lenguage exquisito y con razonamientos potentí­simos.

Ahora bien los ratings están hechos de acuerdo con el número de sitios asociados y con el número de enlaces efectuados, de forma que no sabemos nada sobre el número de lectores pues puede haber pocos enlaces y muchos lectores. La pregunta es por lo tanto si hay o no hay una ley potencial en el número de enlaces o en el número de lectores.

Mi ranking me hace pensar que debe haber esa ley en cuanto a enlaces; pero que, ajuzgar por el número de comentarios que me llegan, no la hay en número de lectores. Me gustarí­a saber si las cifras de Becker y Posner apoyan esta interpretación. Dada la factura de su blog uno esperarí­a que tuvieran muchos enlaces y pocos lectores. Lo primero porque su solo nombre evoca toda una identidad conservadora que aglutina una comunidad muy grande. Lo segundo porque su lectura es muy aburrida, excepto para viciosos del razonamiento económico.

La reflexión que se me ocurre es, por lo tanto, que sitios asociados y enlaces muestran en qué medida tu comunidad natural está muy centrada o lo contrario. Si lo está mucho estarás muy alto en el ranking; pero quizá a nadie le apetezca oir lo que son lugares comunes. O, al menos, a casi nadie entre los lectores de la Red.

Esto quiere decir que no hay que desesperarse por no estar en las posiciones primeras de la distribución potencial. Quizá atraigas menos publicidad; pero no en proporción al número de enlaces o sitios de donde proceden esos enlaces.

Siendo optimistas podemos decir que es posible que los que estamos al final de la cola de la distribución potencial de enlaces y/o sitios, quizá permanezcamos ahí­ durante mucho tiempo mientras que los asociados a comunidades muy grandes acaben aburriendo y desmoronándose. Y es también posible que nuestra influencia sea mayor porque te leen los que no pertenecen a tu comunidad. Y ya hemos visto que puden ser muchos.

O todo lo contrario. !Quien sabe!

Zarra y Beckham

Zarra

A pesar de la incredulidad inicial, y después de los muchos estudios realizados por sesudos profesores, hoy creemos saber que las TIC han traí­do consigo un aumento de la productividad y no solo en el propio sector de esas tecnologí­as, sino en todos los demás y en proporción al uso que hacen de ellas. Por otro lado sabemos que los salarios reales permanecen constantes lo mismo que la participación del trabajo en el PIB.

¿Dónde se ha ido el incremento de PIB producido por el incremento de la productividad? Quizá al capital; pero en buena parte, se nos dice, al incremento brutal de la remuneración de las «estrellas», sean éstas los ejecutivos de las empresas que han incrementado sus beneficios o se trate de verdaderas estrellas mundiales como, por ejemplo, David Beckham.

O sea que tenemos dos problemas intelectuales simultáneos, por qué los salarios nominales han subido tan poco y por qué las «estrellas» han mejorado tanto sus percepciones. Hay ideas suficientes al respecto de uno u otro de estos problemas como para no comerse el coco con una explicación única; pero a esto nos dedicamos algunos. Por puro vicio supongo. Y tanto más disfrutamos con nuestro vicio cuanto más sencilla es la explicación. Pues bien, creo que lo que nos preocupa se puede explicar con las únicas ideas realmente importantes de la llamada ciencia económica: el coste de oportunidad y la competencia. Y lo más bello de todo es que ambas se reducen a entender bien lo que significa la sustituibilidad.

Pensemos pues en una situación simplificada en la que usted y yo, profesores de universidad, podrí­amos presidir, con igual eficacia, el Consejo Editorial de EXPANSION. Usted y yo somos sustituibles; pero yo estoy en este oficio antes que usted y gozo de la renta que me proporciona el statu quo. Mi coste de oportunidad es lo que ganarí­a en la actividad que mejor se me da, aparte de la de Presidente de esa institución. Pues lo que esa actividad alternativa (que en mi caso es la de profesor de universidad) me pagarí­a es mi coste de oportunidad. El suyo es lo que la pagarí­an como profesor de academia digamos. La diferencia entre lo que usted gana hoy como profesor titular de la Carlos III, por ejemplo, y lo que ganarí­a como profesor de la academia Pepe, en la calle de enfrente, es una renta que usted se apropia por el hecho de que usted sacó su oposición. La mí­a es la diferencia entre lo que gano en mi actual oficio y lo que recibirí­a de vuelta en la Carlos III.

Ahora bien ,en esta situación simplificada,la competencia erosionará mi renta. Usted, dándose cuenta que puede hacer lo mismo que yo porque somos sustituibles, ofrecerá sus servicios a la casa editora de EXPANSí“N por un sueldo menor lo que me forzará a ofrecer una rebaja de l mí­o y, en consecuencia, de mi renta. La puja a la baja continuará hasta que mi renta, tan hermosa ella, se haya disipado del todo. Para mí­ desde luego , pero para usted también porque ahora va a ganar aproximadamente lo mismo que ganaba en la universidad antes de ponerse a competir conmigo.

Pero, ¿y si no hubiera sustituibilidad? Pues entonces la competencia no disipa las rentas. Piense en Telmo Zarraonaindia ( “Zarra ”) y olví­dense del gol de Maracaná a botepronto y a pase de cabeza de Piru Gainza quie, en realidad, tení­a la cabeza solo para pensar.

Zarra era insustituible precisamente por su toque de cabeza. Allí­ surgí­a la suya, en medio de un grupo de adversarios y a pase de Piru poní­a el pelotón en la red el contrario. Se lo cuento como lo he visto con mis propios ojos. No compararé su cabeza con la de ningún estadista porque no hay ninguna a su altura, al menos en términos de emoción de un niño bilbaino que soñó durante años que metí­a un gol en Maracaná. Nadie pudo nunca pensar en erosionar la renta que, presumo, se apropiaba Telmo.

Pero hay otros muchos ejemplos de insustituibilidad y de rentas no erosionables. Pero hay que ser sutil en este punto.

Durante los setenta, los aficionados a la ópera discutí­a sin cesar las virtudes belcantistas de Caballé y Southerlad. ¿Por qué no se erosionaron mutuamente sus rentas respectivas?. Pues porque no eran realmente sustituibles . Por eso se discutí­a tanto sobre sus méritos relativos.

Siguiendo con las sutilezas, espero que no haga falta decir que no basta con la falta de sustituibilidad. Es necesario que lo que hago de forma única sea demandado. Kafka era único pero no habí­a mucha demanda por su obra, al menos en su propio tiempo. Por eso ganó toda su vida su escueto coste de oportunidad sin más. Pensemos en Pesoa que, he aquí­ otra sutileza, se disolvió en varios, quizá como una forma de preservar alguna renta. Es decir no hay que olvidarnos del todo de la oferta y de la diferenciación del producto para acceder a diferentes mercados.

Y sigamos meditando con intención sutil en el papel que puede jugar la restricción de la oferta. Lo que Julen Guerrero gana en el Athletic tiene un componente muy grande renta por la polí­tica de dicho equipo que solo contrata vascos. El universo de posibles competidores sustituibles es muy reducido.

El último ejemplo me sirve para homenajear ahora explí­citamente a mi í­dolo infantil. Zarra pagó mucho más cara la polí­tica del Athletic que Julen Guerrrero porque él si que no hubiera sido sustituible aunque el equipo de Bilbao hubiera cambiado su polí­tica.

Por eso, volviendo a mi pequeña lección de economí­a, quiero decir que si el incremento de productividad no permite que crezca mi sueldo ( que ya incluye una renta) no me importa si eso permite que la renta de un Zarra aumente.

Pero ¿no hay nadie hoy tan insustituible como Zarra? Desde luego que sí­. Yo así­ lo he sentido viendo jugar a Jordan con los Chicago Bulls, u oyendo a Kiri Te Kanawa cantar, por ejemplo, a Bernstein. Y todas estas personas geniales se apropiaban de una renta por encima de su coste de oportunidad.

El fenómeno es bien conocido y , en su dí­a, se pergeñó la teorí­a del salario de las estrellas para explicarlo. Como ahora podemos ver a cualquier genio mundial en la televisión , ya no nos interesamos por nuestro equipo local, sino por el mejor del mundo. Esto lleva a un diferencial muy grande entre un jugador del Receativo de Huelva (el equipo más antiguo de España, incluso más que el Athletic) y los galácticos malcriados por Florentino. No está mal como teorí­a; pero no es nada nuevo pues, como recordarán, ya he dicho que hay que tener en cuenta la demanda. Sobre todo esta teorí­a ingeniosa no hace falta. Basta con las ideas elementales y cruciales de la economí­a que pocos economistas manejan con propiedad.

Basta en efecto con la idea de sustituibilidad para entender el efecto beneficioso de la competencia disipadora de rentas que lleva a casi todos a no ganar más que su coste de oportunidad. Pero el casi es importantí­simo. Si no lo creen piensen en Beckham. Su toque de pie derecho es mágico y lo hace único e insustituible. No es solo que no hay nadie que pueda igualarle. Es que un pase suyo desde la parte derecha de la lí­nea divisoria a la cabeza de un compañero que merodea por el área pequeña enemiga es un ejemplo, quizá efí­mero, de la belleza, menos efí­mera,del David de Miguel Ángel que ha vuelto a presidir la Piazza de la Signoria de Florencia.

Cieren los ojos e imaginen un pase de Beckham a la cabeza de Zarra. Si son buenos lo verán un dí­a allá arriba. Quizá.