Elogio de la traición

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 1:33 pm el Viernes, Enero 27, 2006

La Mirada del EconomistaEn dos ocasiones he elogiado la traición. La primera aparece en un artículo brevísimo de La Mirada del Economista (Biblioteca Nueva 2005) y la segunda en un artículo escrito para la red y que titulé Mirowski y Juaristi.

En La Mirada y dentro de un apartado que se llamaba El Dilema de un Nacionalista de Hoy, hacía la siguiente distinción:

Para el Nacionalismo tradicional, de raigambre política, no hay mayor pecado que la deslealtad ni demonio más perverso que el traidor. Para el Nacionalismo culturalmente prestigioso, el traidor no es sino un explorador vanguardista y un maestro, y la deslealtad no es sino la fidelidad a un cambio.

En Mirowski y Juaristi, publicado en la red el 19 de mayo del 2004, criticaba a ambos autores diciendo que su

autocomplacencia les llevaba a pensar que las ideas felices eran verdad siempre que representen una traición a la tribu (feliz expresión de Juaristi). Creo firmemente que sin traición a la tribua no hay progreso real ni en la ciencia ni en la política; pero no cualquier traición es gualmente valiosa e incluso hay traiciones contraproducentes, justamente aquellas que pretenden fundar una nueva iglesia sobre la paranoia incipiente no diagnosticada.

El asunto de la traición me es muy cercano pues no me puedo quitar de la cabeza la traición que cometí a los seis años en el parque de Bilbao: me pasé a la tribu de los Manane que eran de los escolapios, un colegio que pugnaba con el mío en algunos deportes, mayores que yo y mucho más fuertes. Al mediodía descendían desde La Alameda de Recalde hasta la entrada del parque y allí les esperábamos apostados y con munición acumulada. Pero ellos enseguidadse armaban y no sólo mantenían el frente a pecho descubieto, sino que nos bombardeaban con proyectiles improvisados que causaba bajas considerables en buestras filas. Un mediodía cualquiera me atreví a cruzar la tierra de nadie y a juntarme a su banda. No se cómo me decidí, lo tengo reprimido, y no se cómo fuí recibido ni cómo recuperé mi posición en mi propia tribu, ni si realmente la recuperé. El impacto de la traición fue tan fuerte que no recuerdo nada.

Supongo que es esta experiencia traumática la que me llevo más de cinco décadas después a elogiar la traición y afirmar que hay en ella algo saludable que Juaristi había detectado. Pero Juaristi vuelve a la carga en su artículo dominical en el ABC introduciendo una variante, la del traidor generoso, que diseñada para criticar la estrategia de Zapatero hacia la paz en Euskadi, no entiendo muy bien.

Recuerda en este artículo que la traición puede ser encomiable; pero dice que la que está perpetrando Zapatero no va de de búsqueda de algo nuevo; sino de simple estupidez disfrazada de generosidad. Como si yo arguyera que me hubiera pasado a la banda de los Manene porque, de acuerdo con la evidencia, eran rubios y, despreciando totalmente esa evidencia, ello me llevara a concluir que eran menos agresivos e incluso débiles y necesitados de atención, cuando toda la evidencia disponible me debeía haber hecho reconocer que su crueldad y fortaleza les iba a obligar a cortarme las manos.

Quizá en otra ocasión me gustaría discurrir un poco sobre esa traición delos generosos que Juaristi quiere denunciar como una traición de la malas. Según él esos tridores generosos como Zapatero, se ponen tanto en los zapatos del enemigo que caen en sus redes. Quisiera estar seguro de que esas redes no son el lugar en el que hay que estar y de que los dueños de las redes no son los señores con los que hay que estar, enredados o no.Y, sobretodo, desearía entender porqué le parece tan obvio a Juaristi en su artículo dominical del Abc, que Zapatero nos lleva al desastre. Me resisto a pensarlo porque éste no fue el caso en mi deserción y mi paso inexplicable a la tribu de los Manene. No me cortaron las manos y mi propia tribu no perdió su identidad.

Shylock y Antonio

Clasificado bajo: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 8:07 am el Lunes, Enero 23, 2006

Llevo varios posts espigando lo que el gran poeta y retrógrado pensador social, Ezra Pound, tenía que decir a cerca de los problemas económicos de su época. Se trata de un ejercicio preparatorio para un librito sobre economista esotéricos.

Pero no es este el caso del ciclo que sobre Economía y Literatura se está celebrano en el Instituto de España patrocinado por el Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid. La intención de este ciclo parece ser, más bien, la de rastrear el uso de las instituciones sociales y económicas vigentes en el momento que se refleja en la obra literaria examinada. Sus contornos precisos y cómo se vivían por los personsjes.

Este ciclo es una magnífca idea y me molesta no poder seguirlo en su integridad. Sin embargo tuve ocasión el otro día de disfrutar de la exposición de Carlos Rodriguez Braun sobre El Mercader de Venecia. Carlos, como era de esperar, se lució tanto en la exposición de la obra como en su oficio detectivesco de encontrar en ella ideas económicas y descripciones del funcionamiento de instituciones vigentes en la época y dio el toque maestro y sutil al detectar la falta la mención y uso dramático del aseguramiento, institución ésta que, sin duda, existía a la sazón, pero que no juega papel alguno en la obra, apesar de que podía haber salvado a Antonio de las consecuencias de su presunta bancarrota.

Me veo obligado a destacar críticamente que me pareció que la conclusión que Carlos quería alcanzar y subrayar estaba decidida de antemano y refleja sus convicciones y no tanto el impacto de la lectura de El Mercader. De hecho hay que forzar un poco el texto para destacar que de su lectura se sigue la necesidad, para el buen gobierno de la República, de unir justicia y piedad. Es esta la combinación del conservadurismo compasivo que, aunque me encantaría discutir, sale fuera no solo de mi comentario sino del contenido estricto del ciclo y se acerca más a una consideración de las instituciones jurídicas en Shakespeare.

Creo que Carlos dejó escapar una sunto de enjundia que, a la salida de la conferencia, me hacía notar nuestro común amigo Ramón Botas, y que le hubiera dado muchísimo juego. Ramón me hizo ver que Antonio y Shylock representan las redes sociales y el mercado respectivamente y que este hecho permite distinguir con nitidez un capitalismo de amigotes, que se apoderan del estado y tergiversan las leyes y la moral en favor de los miembros de su red, y un capitalismo “at arms length” en el que uno intercambia con extraños creyéndose protegido por la Ley.

Antonio representa la institución de la Red que permite el acceso a no pocos bienes sin tener que pagar un precio inmediato por ellos, y Shylock representa el Mercado en el que no funciona la confianza mutua que existe entre los miembros de una red y en donde los intercambios están solamente protegidos, en caso de que no se realicen simultáneamente, por la Ley y por la Justicia que la defiede.

Pero la simultaneidad es imposible en el contrato de préstamo. De ahí que éste pueda llevarse a cabo de dos maneras. O bien se presta a los amigos de la Red y sin un interés expreso, pero que se pagará en el futuro de una u otra manera so pena de ser expulsado de esta sociedad de apoyos mutuos constituída en red, o bien se acuerda el pago de un interés determinado, en cualquier forma permitida por la Ley, que deberá ser hecho efectivo en la forma estipulada so pena de caer en garras de la Justicia.

Es esta segunda forma la que está por debajo de la potencia creativa de la economía de mercado y la que representa el judío. El cristiano Antonio es un buen hombre que avala generosamente a un amigo extravagante; pero no parece la punta de lanza de nada.

Lo que para Carlos es un final ejemplar en la medida que combina la Justicia con la Benevolencia a base ,eso sí, de saltarse a la torera la primera, constituye para mí un canto a la realidad misma que puede ceder un poco en el respeto a la Ley a cambio de un bien general. El trampear no me parece teririble ( lo que hace, incidentalmente, que aprecie Crash, un apelícula coral de la que he disfrutado bastante) pero no veo por ningún lado cual es el interés general que se alcanza privando a Shylock de su derecho por bábara que sea su satisfacción
Me parece más bien que la lectura del Mercader de Venecia nos acerca a una comprensión de la naturaleza poco edificante de algunas formas de administrar justicia que , por ambiciosas, acaban cometiendo flagrantes injusticias.

Pensamiento único

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 12:48 pm el Jueves, Enero 19, 2006

La expresión “pensamiento único” ha devenido un insulto y un deseo. Un insulto que oculta un deseo que no osa expresrse y un deseo que, insatisfecho, deriva en insulto.

Fueron los progres, organizados alrededor de la defensa del desarrollo y de los pobres, o de la protección del medio ambiente o del desarrollo sostenible, los que la acuñaron para expresar la incapacidad de la economía de mercado para distinguir entre mercancías y bienes que, a diferencia de aquellas, no pueden ni deben ser objeto de tráfico mercantil. El pensamiento único sería el propiciado por los insaciables capitalistas que pretenden deforestar el mundo o esponjarlo desviando la mirada de la pobreza de Africa.

Pero los inteligentes defensores de la economñia de mercado contraarguyeron como saben. Mostraron cómo el mercado puede solucionar casi todos los problemas de manera óptima y de la mejor manera posible los llamados fallos de mercado. Y pasaron al ataque denominando “pensamiento único” los argumentos a favor del voluntarismo de ecologistas, oenegeros e intelectuales en general.

Fueron los los liberales los que admitieron que la expresión puede ser insultante y los intervencionistas refuerzan esta virtualidad.

Pero sospecho que unos y otros desearía realmente que lo que utilizan como insulto les bendijera con su favor. Unos y otros les gustaría convertirse de verdad en los abanderados de un pensamiento sin alternativa, sin posibilidades de contestación. Una profunda voluntad de muerte porque todo, y especialmente el pensamiento, necesita esa contestación y la confrontación pública.

Cajas y Bancos

Clasificado bajo: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 10:34 am el Miércoles, Enero 18, 2006

Ezra Pound es un pozo sin fondo. Ya en 1935, en pleno auge del fascismo italiano, se marcó una defensa de lo que ahora llamamos cajas y una condena de los bancos que resultan, ambas, totalmente actuales y totalmente problemáticas. Aunque sin el histrionismo del Pound enloquecido, todavía se utilizan argumentos que suenan parecido.

“Han existido dos tipos de bancos” empieza diciendo: “los montes de piedad y los demonios. Bancos creados para la beneficencia, para la reconstrucción; y bancos creados para apresar a las gentes”.

“Los bacos del infierno, desde que tenemos noticia, han empezado como pandillas de acreedores, asociados para extraer de sus deudores hasta la última onza de beneficio. Esto lo han hecho con esplendor y a bombo y platillo. Y han mantenido y defendido la exactitud contable”. El ejemplo sería la Banca San Giorgio de Génova.

En cambio Siena tuvo, según Pound, la suerte de ser conquistada por Florencia y de aprovecharse de tres siglos de experiencia de los Medici que se plasmó en el Monte dei Paschi. Cosimo garantizaba el capital del Monte tomando como colateral la única propiedad viva de Siena…..los pastos que se deslizan hasta Grosseto….. Y la lección resulta ser la mismísima base de la banca a pesar de que sus méritos se atribuyen a los Montes de Piedad. El CREDITO descansa finalmente en la ABUNDANCIA DE LA NATURALEZA, en la hierba siempre creciente que puede alimentar a las ovejas vivas”. Muy distinto de lo que hacía la naciente banca de Génova que alcanzaba su beneficio a base de sinecuras concedidas por las autoridades y basadas en los derechos de aduanas que recibía la ciudad portuaria.

La lección que quería darnos es que el Monte dei Paschi existe todavía (de hecho reparemos en que hoy mismo está jugando un papel en el asunto dela BNL) y que favoreció el ambiente artístico y cultural de la región de Siena, mientras que hemos olvidado la Banca San Giorgio y recordamos que “las artes no florecieron en Génova que apenas tomó parte alguna en la actividad intelectual del Renacimiento”.

Yo diría que cuando en estas épocas se plantea el futuro de las cajas de ahorros los argumentos esgrimidos por éstas no son tan distintos a los que Ezra Pound utilizaba a su favor. Esto demuestra la inteligencia de sus grandes directivos y su valentía intelectual que algunos motejarían de populista. Pero, que yo sepa, nadie les ha recordado la coincidencia de su argumentario con el de Pound. Bastaría hacerlo para desvelar su tramposo rechazo de la comprensión actual y descarnada de la economía de mercado que tan bien entendian los genoveses. Todo ello con independencia de lo bien que se manejan en ella desde su posición especial.

Athletic

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 11:42 am el Lunes, Enero 16, 2006

Es una historia de dependencia morbosa. Me refiero a lo mío con el Athletic. Acudir cada quince días a San Mamés acompañado por mis hermanas, comprar el emblema ( una especie de alcabala franquista), mostrar orgulloso mi carnet de socio infantil, jalear al equipo y disfrutar y sufrir a partes iguales, es una parte de mi infancia.

Qué digo: ¡es mi infancia toda!. Fría y húmeda, menos los domingos después de comer cuando nos disolvíamos en la ríada de gente que, después de la copa y el puro, acudía al campo a rascarse durante dos horas las pústulas que le carcomían el alma. Pero no yo. Yo iba feliz y nunca he vuelto a sentirme tan bien como cuando ganábamos por muchos goles varios domingos seguidos bajo la dirección técnica de Dauicik o como cuando presencié en vivo el triunfo, en el propio Chamartín, sobre aquel Real Madrid de Diestéfano en la final de copa del 58.

Pero me quise convertir en un intelectual y desde finales del bachillerato se fue fraguando en mi alma la ruptura. Finalmente abandoné una carrera deportiva, modesta pero propia, en el Indauchu infantil, en el que corría la banda derecha creyéndome Arteche, y rompí el carnet de socio como más tarde ellos quemaban la cartilla militar y ellas sus sostenes en un país lejano. Empezaba así mi mundo; ahora me tocaba a mí y no estaba dispuesto a empañar mi futuro intelectual por un deporte de masas o a pagar por aquel tipo de emblema.

Pero las malas mujeres son conscientes de su poder y , además, son vengativas. Y esta mujer seductora y mala que es para mí el Athletic se vengó. Me echó los tejos y yo los recogí, en parte como un humillado y agradecido profesor Umrath que ha perdido su dignidad intelectual y se inclina a cambio de una sonrisa de cualquier Angel Azul. Y enarbolé la bandera roja y blanca para acudir, ahora ya a un ampuloso Bernabeu, y derrotar al Barcelona de Maradona en la final de copa del 84.

Satisfecho con mi amante mala y compartida, pero tan seductora , suave y sexy que uno acepta contento ser casi su exclavo, vine a Madrid a la estela de mi intelectualidad. Pero llegó la carcoma del alma y cada fin de semana constituía una tortura que no me dejaba vivir. Mi amante envejecía y no sufría yo ya la dulce humillación de verle con nuevos admiradores. Sus antiguos amantes dejamos de mirarnos de reojo para contemplarnos de frente y saludarnos como colegas que saben que la procesión va por dentro.

Tenía que romper y lo hice. No podía seguir sujeto al duro banco de los disgustos semanales viendo cómo mi vieja amante, la que mejor entendió el idioma de mi cuerpo, se arrastraba humillada por un poco de simpatía. Sí, era cuestión vital; pero tambié había un gesto de desafío hacia todos esos competidores que en su mirada al cruzarnos llevaban ya la oferta de un armisticio, la renuncia a la esperanza del triunfo total, la oferta de pertenencia resignada a la cofradía de exadictos anónimos.

Un conocido escribió que se exiló a París siendo nacionalista y volvió siendo bilabaino, es decir del Athetic. Otro amigo, ante las dificultades políticas en las que nos ponía el nacionalismo, decía que siempre non quedaría el Athetic; pero yo, que siempre me creí realmente el favorito, no podía aceptar estos consuelos de pobre. Se acabó. Para siempre.

Y así fue. Ya no oía los comentarios cada vez más escasos sobre sus andanzas de entretenida en decadencia y a punto de entrar en una residencia para ancianos prematuros. Pero ahora se muere y en donde no quedaba ni un rescoldo de fuego o de amor, surge la necesidad de defender su dignidad.

Llamo a todos los que hemos amado a esta mujer fatal. A este Athletic que canalizó nuestros amores desordenados. Sí ,todos sus examantes tenemos que enterrarle. Lo digo rápido para no llorar. Tenemos que vender San Mamás y construir un campo nuevo, sobredimensionado, eso sí, como todo lo de Bilbao y colocar anuncios del Guggen en las camisetas. Tenemos que romper el monopolio de los jugadores vascos y acudir al mercado mundial como acudimos desde tiempo inmemorial al mercado del bacalao.

Cerremos dignamente la época que dio forma a los bilbainos de mi generación y abramos otra de la que niuestros hijos se puedan sentir orgullosos.

Provincianismo

Clasificado bajo: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 12:22 pm el Sábado, Enero 14, 2006

El enemigo del cosmopolitismo posmoderno o del internacionalismo (proletario) moderno, no es el nacionalismo sino el provincianismo.

Siguiendo con mi proyecto de presentar a economistas exóticos dentro del marco general de las relaciones entre Economía y Literatura, voy a traducir una parte de un texto del muy exótico y políticamente impresentable Ezra Pound que, por razones políticas relacionadas con su fascismo, estaba muy interesado en la Economía a la que dedicó no menos de 100 páginas según mis cálculos, una cifra significativa para un poeta.

El 12 de julio de 1917 escribía en The New Age una pieza titulada Provincianism the Enemy. Después de citar al Flaubert de la Education Sentimentale afirma, como entrada a su ensayo, que el

PROVINCIANISMO consiste en:

a) la ignorancia de las maneras costumbres y naturaleza de la gente de fuera del pueblo, de la aldea, de la parroquia o de la nación de uno.

b) un deseo de forzar al otro a la uniformidad.

Para el poeta de Los Cantos Pisanos toda la Ilustración ( esa que paradójicamente le va a llevar años más tarde al fascismo como expresión de racionalidad) está contra esto, tal como muestran los ejemplos de Galdos (sin acento), Turgenev, Flaubert o Henry James.

Para nosotros tiene interés la referencia a una historia concreta de Galdós:

un jóven ingeniero industrial de Madrid es finalmente llevado a la muerte por los señoritingos de ‘Orbajosa’ simplemente porque es de la capital y posee una educación.

Han pasado unos 90 años y este provincianismo sigue vigente y envenenando las relaciones internacionales y las personales. Muchas de las declaraciones de cosmopolitismo me parece que están efectuadas por provincianos y muchas de los nacionalismos motejados de paletos me parecen lo más opuesto al provincianismo que denuncia Ezra Pound.

Quizá ganaríamos algo mirando a la cuestión del Estatut desde esta perspectica paradójica.

Confederalismo marcha atrás

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 6:56 pm el Miércoles, Enero 11, 2006

Lo que podríamos llamar el principio confederal empieza a hacer una tímida aparición en el debate político español.

Hace unos meses en La Vanguardia el polítologo catalán Carles Boix, profesor en Chicago, se atrevía a decir que la CE 78 era mala y no era dificil entender que esta opinión estaba basada en el hecho de que la organización del Estado no era federal cuando son las constituciones federales las más estables, al menos empíricamente.

Ignacio Sotelo, profesor en Berlin, escribía más recientemente en El País que la CE78 no era estable y que acabaría siendo la Constitución de un Estado unitario o una Confederación, cuando lo bueno, decía él, es ser un Estado Federal.

Parecería como si no les pareciera una atrocidad cambiarla.

Pero no solo los profesores que ejercen fuera se han atrevido a criticar o desacralizar la CE78. Desde dentro se ejerce una presión confederal, según nos anuncian no pocos columnistas, que no se oculta en el caso del llamado Plan Ibarreche y en el del Estatut y que no sería compatible con una lectura honrada de la CE, según dicen otros. Además esta especie de tratado entre estados soberanos con el que se asocia a la Confederación correpondería a una época pretérita, romántica y poco eficaz de organizar la convivencia ciudadana.

Sin embargo estos argumentos por muy prudentes que sean no son del todo irrefutables. En su día argumenté, mal que bien, que la globalización, la sociedad el conocimiento y las TIC hacían probable la tendencia detectada por Alasina y Spolaore hacia el aumento de l número de Estados. Y no solo eso sino que además me adelanté a pronosticar que la exposición de la tendencia se juzgaría poco oportuna. Así fue; pero ya está aquí otra vez.

Yo mismo he argumentado en favor de la generalización del Concierto Económico del que hoy disfrutan el Pais Vasco y Navarra y del que se acusa a Cataluña de querer disfrutar en el futuro. Lo he hecho en dos artículos publicados en EXPANSION y en ambas ocasiones basándome en tres razones que me parecen importantes: el principio de subsidiariedad, la compatibilidad de incentivos y la escalabilidad . Esta tres razones o principios son perfectamente compatibles con la solidaridad aunque muy peligrosas para los que disfrutan de alguna renta relacionada con el centralismo político -administrativo.

A esta especie de confederalismo financiero es posible añadir toda clase de previsiones relativas a competencias o al caracter nacional de cada autonomía que pretende acercarse a la soberanía propia, de forma que lo que se vislumbra al final de esta especie de regresión “infantil” sería un centro cuyas competencias varían y dependen de la voluntad colectiva de los pueblos soberanos que deciden centralizar o descentralizar unas u otras competencias. Un centro que ya no es un jugador independiente del juego político.

Aunque suene a viejo, todo esto está en el aire y no es dificil imaginarse un confederalismo que, en lugar, de representar, como hasta ahora, los primeros estadios en la formación de un estado moderno , represente el horizonte de un mundo globalizado: un confederalismo marcha atrás. De hecho esta especie de nuevo confederalismo parecería estar muy a tono con las ideas recientes sobre redes sociales en un mundo en el que florecen las TIC. La falta de centro de estas redes las hace menos vulnerables.

Lo que ocurre es que nada vuelve al punto de partida y no sería sensato imginar aquí entre nosotros el “Nacimiento de una Nación ” sea ésta la de los EE.UU. de América o la de Suiza. Ellos se dejaron de líos y se deslizaron hacia una Federación en la que la soberanía reside en el Estado central o en el total de la ciudadanía. Sin embargo su origen confederal se nota, lo mismo que en España también se nota su origen centralista francés y el olvido de la muy lejana unión de diferentes Reinos. En Suiza utilizan el plebiscito a menudo y para casi cualquier cosa. En los EE.UU. de América hay (según leo en The Economist) 13.000 distritos ecolares y cada uno decide lo que le da la gana en materias constitucinales como la de rezar en la escuela, exhibir símbolos religiosos en las aulas o felicitar a los padres el solsticio de invierno con nombres que recuerdan a algún personaje religioso (Christmas).

Es esta una tendencia general? Es en todo caso una buena idea? Acabará abriédose paso? No hace falta contestar todo ahora. Ya veremos por donde va la discusión más allá de los antemas de siempre.

Economía y Literatura

Clasificado bajo: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 9:36 am el Lunes, Enero 9, 2006

The Economist, fin de añoThe Economist, en su número de cierre de año, incluye un especial de Navidad y que, en el de este año, daba una pieza curiosa sobre la economía doméstica de los personajes de Orgullo y Prejuicio de Jane Austen. Esta es ciertamente una forma, aunque no la única, en que se relacionan la Economía y la Literatura.

Esta primera forma es de la que se hace eco la iniciativa del Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid cuando organiza para este mes de enero una serie de conferencias sobre este tema de referencia: interesa descubrir cómo las circunstancias económicas de una época determinada se reflejan en las obras de ficción, si se reflejan.

Pero hay otras formas de relación entre la creación literaria y la creación de riqueza.

Podemos preguntarnos por el negocio editorial en general como un negocio más, o por los derechos de autor en particular. Ambas cosas me interesan; pero mi curiosidad ha ido desde hace años por el camino de la Retórica interesándome por los recursos literarios que los economistas usan para convencer al lector: la Economía como narración.

Pero también podemos explorar las ideas propiamente económicas que han expuesto algunos raros creadores literarios. Acaricio desde hace muchos años el proyecto de escribir un folleto sobre “economistas exóticos”; no heterodoxos, sino exóticos. He acumulado material de Saint Exupery, de Battaille y, sobretodo, del fascista musoliniano y magnífico poeta Ezra Pound.

Estas reminiscencias, los buenos propósitos de primeros de año y la euforia de la epifanía, me han llevado ayer a rebuscar en mi desordenada biblioteca tratando de recuperar alguno de esos materiales. Encontré casualmente la prosa selecta de Pound, editada en 1973 y adquirida por mí hacia el 77 probablemente. No resisto la tentación de traducir ahora mismo un pequeño párrafo reletivo a lo que se llamaría hoy Economía de la Cultura.

“Los efectos del capitalismo sobre el arte y las letras han sido, aparte de todas las cuestiones sobre la relación de capitalismo, arte y letras con el público en general o la masa. las siguientes: (1) la falta de empleo de de los mejores artistas y escritores; (2) leaerección de una enorme y horrible burocracia de las letras que se supone actuará como “curators” etc., burocracia que casi sin interrupción ha saboteado la vida intelectual, oscureciendo el recuerdo de las mejoras obras del pasado y llevando a cabo sus villanías hasta impedir el trabajo de los creadores contemporáneos”.

Merece la pena pensar un poco sobre este párrafo y trasponerlo al día de hoy; pero para terminar hoy con esta pequeña nota prefiero describir el contenido del papelito que se deslizó de entre las páginas de este libro de ensayos económicos de un poeta maldito:

Preguntar a Fuentes Quintana por:

  • Lecturas regeneracionistas
    • Joaquín Costa: “mil llaves del sepulcro de Joaquín Costa” ( A. Rojo)
    • Discurso de Fabián Estapé: sobre Senador ( notario en Fromistá: cojo

Para mi trabajo sobre Ezra Pound y Henry George

Termino pues con una llamada general a que algien me diga en qué diablos estaba pensando yo cuando escribí esta nota.

Las cejas de Gustavo Arístegui

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 2:08 pm el Jueves, Enero 5, 2006

No voy a hablar de las cejas puntiagudas del Presidente Zapatero; sino de las perfectamente arqueadas de Gustavo Arístegui.

Entre Navidad y año nuevo tuve ante mi vista, durante media hora, a este jóven diplomático, persona inteligente, hombre guapo de ojos azules y barba cuidada, hijo de un embajador de España muerto violentamente en la embajada del Líbano hace muchos años. Estaba siendo entrevistado por San José en el cara a cara de CNN+, pero no podía oirle porque el sonido llegaba solamente a los oidos ya cansados de una persona muy querida a tarvés de unos auriculares , mientras la sosa y aburrida conversación ambiental propia de esos días transcurría por otros derroteros.

Sabía yo que la entrevista se centraba en el terrorismo islamista y, de vez en cuando, los ojos se me iban a la pantalla muda. Cada una de las veces que desvié la mirada estaba hablando él, nunca el entrevistador e, indefectiblemente, las cejas de Gustavo Arístegui perfilaban un perfecto arco a dos centrímetros por encima de sus ojos mientra hablaba sin parar y sin apenas gesticular.

Elevar las cejas y disertar con tono plano es una forma de retórica encaminada a convencer al espectador de que lo que se está diciendo es verdad y muy fácil de entender. El tono monocorde corresponde al de un ejercicio de oposición; pero las ceja slevantadas desvelan el deseo excesivo de hacerse creer porque no hay niguna duda intelectual.

Estoy seguro que sabe del terrorismo islamista más que yo o que cualquiera y quizá más de lo que él mismo quisera saber; pero como testigo sordo que no lee los labios sino las cejas, me hizo recelar. Me hubiera gustado que en algún momento hubiera dejado las cejas en su sitio natural e incluso que hubiera callado un segundo aunque solo fuera para pensar, sin necesidad de mostrar enfado fruciendo el ceño. Me hubiera creído más fuera lo que fuera lo que estaba diciendo y que yo no podía oir. Me hubiera creído más al PP a quien representa este experto en alguna asamblea legislativa.

Pero no se si esto que acabo de decir no representa más que mis prejuicios o si realmente es un comentario sobre retórica visual que tiene algún interés en sí mismo.

En cualquier caso complementa inesperadamente el comentario de David de Ugarte en su página en el que reprochaba al personaje su deriva hacia el absurdo.

Mimetismo: mercados “vibrantes”

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 6:10 pm el Lunes, Enero 2, 2006

“Sentido común” es una expresión que de tanto repetida ya no significa nada. En cambio hay otras expresiones o palabras vacías de contenido porque todavía no se usan en nuestra comunidad de hablantes; pero que vienen de otros ámbitos y que tienen más o menos probabilidades de acabar como expresiones comunes con un significado común y más o menos preciso.

Tenemos ejemplos de todo. Restrigiédome al ambito del habla inglesa, tenemos el éxito de “al final del día” que,aunque no haya traspasado la frontera del mundo académico, ha alcanzado cierta regularidad dentro de éste para decir “a fin de cuentas”. Sin embargo el “go and take a bath” como expresión desdeñosa que se usaba para afear a cualquiera que jugara retóricamente con las palabras cuando algo conceptualmente serio estaba en discusión, no tuvo ningún recorrido en castellano, aunque no estaría mal zanjar una discusión mandando al oponente torticero a “darse una ducha”.

O sea que el mimetismo no siempre funciona. ¿Funcionará con el adjetivo “vibrante” aplicado a los mercados? No me extrañaría que así fuera si se limitara a referirse a los mercados fnancieros y quisiera decir que se mueve mucho dinero en ellos durante un periodo determinado. Tampoco me llamaría la atención si oyera hablar así aun cronista de Bolsa o a un jóven experto en análisis bursatil entrevistado en la televisión. Pero leer el domigo 30 de octubre las declaraciones del director gerente del FMI a EL MUNDO afirmando que “la prosperidad de los últimos años es atribuible al vibrante comercio mundial” me dejó inqueto porque no estaba hablando de la Bolsa, sino del comercio mundial de bienes, y porque Rodrigo Rato no es un jóven meritorio de una casa de Bolsa.

No es dificil imaginar lo que quiere decir este adjetivo que no es común en los libros de introducción al análisis económico. Seguramente diremos que el comercio mundial es “vibrante” si el valor de los intercambios se hace muy grande o si el crecimiento de ese valor es mayor de lo esperado. Si no me confundo en mi interpretación se entiende lo que quiere decir pues “al final del día” todos sabemos que cuanto mayores sean los intercambios entre países más mejora el bienestar conjunto y el de cada país (esto sí viene en el libro de introducción). Pero si en este adjetivo acuñado por la mejor burocracia del mundo alguien quiere hacernos entender algo más enjundioso, o nos lo explica o le mandaremos a “take a bath”.

Podría inventarme una explicación derivada de multitud de informes que circulan por ahí y que utilizan la expresión generosamente; pero no vendría al caso porque no estaría diciendo nada nuevo. Lo interesante es más bien la observación de los deslizamientos semánticos. Mañana, en efecto, un mercado “vibrante” puede convertirse en un mercado con burbujas o en un mercado en el que las pérdidads no se han materializado finalmente u otro en el que las ganancias parecen universales o, más específicamente, uno en el que las oscilaciones de precios son rápidas y no muy profundas. ¡Quien sabe!

Y sin embargo saberlo podría ser de interés porque muy a menudo una idea se congela en una expresión que luego arrastra o convence a la opinión pública y hasta a los técnicos que asesoran a gobiernos o a los responsables de asociaciones de influencia.

La “unidad de mercado” es un buen ejemplo de lo que quiero decir. A base de repetirlo como un mantra ante cualquier modificación de las reglas del juego que no se le haya ocurrido a alguien mayor y aburrido,se proclama que la Uunidad de mercado” está en peligro. Y como ya se sabe, aunque parecería que Rato igual lo ignora, sin esa unidad no hay “comercio vibrante posible”.

Pero igual no es esa malévola interpretación la buena. Quizá lo que se quiere decir es que no hay ni “unidad de mecado”, ni consecuente “comercio vibrante”, ni resultante prosperidad ,sin una cúspide regulatoria única. Pero como lo que sí que creo que es cierto es que solo hay mercado libre cuando no hay una sola jerarquía regulatoria, resulta que los agoreros de siempre no están diciendo nada de enjundia más allá de que quizá haya que etiquetar los productos en varios idiomas.

Y algo parecido puede pasar con el nuevo y críptico concepto de “comercio vibrante”. Quzá no sea más que el propio leguaje que utiliza a los economistas del Fondo para explorar nuevas direcciones interpretativas y que su jefe esparce por el mundo. Pero ¡cuidado !. Lo que para el lenguaje es gratis puede no serlo para nosotros. El mimetismo nos desliza con suavidad por terrenos accidentados; pero puede confundirnos cuando se trata de tomar decisiones importantes o de aconsejar por donde tirar en una bifurcación inesperada. Llegar a algún tipo de unanimidad basada en la imitación no es garantía alguna de acierto.

Vigilemos los deslizamientos semánticos y evitemos el mimetismo.