Hoy no voy a escribir

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 12:57 pm el Sábado, Diciembre 17, 2005

No es que no se me ocurra nada. Otras veces sí; pero hoy no. Lo que hoy me paraliza es que se me ocurren demasiadas cosas.
Me lo como todo, engordo desmesuradamente y acabo con problemas intestinales. Como el pez banana de Salinger, un delgado con horror a la grasa; como los personajes repugnantes de la Grande Bouffe de Marco Ferreri, otro gordo.
Temo perecer por la desmesura. Mi barbarie ne bloquea

El Científico y el Político

Clasificado bajo: dietario, las indias — Juan Urrutia a las 9:47 am el Viernes, Diciembre 16, 2005

Este era el título de un trabajo famoso del gran Max Weber. Pero no estoy seguro de que yo comparta su objetivo. Lo que yo quiero es comparar el descubriminto del mundo, que se supone es la tarea y el logro del ciéntifico, con la construcción del mundo, tarea ésta que correpondería al político y hoy, diríamos, no solo al político, sino también al pensador social y al tecnólogo.

La gran diferencia entre uno y otro está, pienso, en la relación implícita entre el mundo y yo que uno y otro presumen. Para descubrir el mundo éste tiene que estar ahí fuera y yo tengo que ser capaz de observarlo sin interferir. Para construir el mundo yo tengo que interferir y ello me cambia a mí también como parte de ese mundo.

Mientra la metáfora del ciéntifico dominó mis años de formación y hoy sigue siendo del sentido común de casi todo el mundo, la construcción del mundo sigue apareciendo como una frivolidad que sólo se toman en serio los economistas. No es esto extaño puesto que son los únicos que no reduen la causalidad a la precedencia en el tiempo, sino que saben que el futuro conforma el presente a travás del juego de las expectativas; pero no es ésto el centro de mi interés.

Lo que me parece destacable es que, poco a poco, la metáfora de la construcción del mundo va comiendo terreno y las gentes más alerta y ansiosas de novedades establecen sus observatorios para no descuidar las posibilidades de una concepción que asesina no solo al sujeto, sino también al objeto y parece concebir todo como un magma que nos borbotea.

Linux lo anuncia. La concepción del universo de Hoyle que, a pesar del éxito del big bang, sigue manteniendo el steady state como única formalización matemáticamente coherente, fue una idea pionera que no quisimos tragar. Y hoy la idea económica de las self-fulfilling prophecies hace que no tegamos más remedio que concluir que la causalidad, tan querida para el ciétifico, no es sino la exigencia de una gramática que nos exclaviza.

¿ Y qué?. Pues nada, que tenemos que revisar nuestros dispositivos para orientarnos en la búsqueda de la verdad, sea ésta descubierta o construída. Cómo vayan a ser estos dispositivos es algo que ya apunta; pero lo que me parece más claro es que dificilmente vayan a desarrollarse en ese espacio encenagado en la gramática que es la academia.

Hay que salvar la academia de sí misma a través de lo que fuera de ella rompe la gramática. Por ejemplo el mercado como algo que se sostiene a sí mismo; por ejemplo las redes que continuamente se hacen y se deshacen como las nubes; por ejemplo el hipertexto que ni empieza ni acaba.

Bancos Centrales

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 8:55 am el Jueves, Diciembre 15, 2005

Los analistas de la coyuntura y los predictores (forecasters) de la inflación están siendo muy demandados porque la industria de fondos cree no entender lo que hace el Banco Central Europeo gobernado por Trichet.

Acaba de subir el tipo de intervención, que es lo que puede manejar, y se marca unos discursos crípticos que dejan a la industria perpleja y dubitativa entre la psibilidad de que no lo vuelva a hacer y la eventualidad que estemos en el comienzo de una cadena de ascensos.

Dada la situación cuyuntural de la eurozona, en la que no parece que haya divergencias de apreciación entre los analistas, parece ser que, a diferencia de hace unos meses, la discusión del BCE estuviera entre mantener los tipos o subirlos; pero la opinión mayoritaria es que la discusión debería haber seguido, mientras se aclaran las tendencias de la economía real, y que no había ninguna urgencia de actuar después de 36 meses de inactividad.

Lo más interesante para un observador externo que no sabe de análisis de la coyuntura y tampoco de previsión estadística, es que los expertos no se ponen de acuerdo sobre el porqué de esta actuación.
Para algunos no es imtempestiva: o bien quieren estar en una posición inicial más favorable por si la actividad repunta con más fuerza de la prevista, o bien es lo que realmente se requiere a la luz de la magnitud de la liquidez existente.

Para otros, sin embargo, es tan poco necesaria que creen ver en esta primera intervención después de año y medio de inactividad una señal de algo diferente y menos rutinario: o bien hay un deseo inconfesado de encarecer el euro frente al dólar americano a fin de mejorar las exportaciones, o bien es la manera que un padre severo tiene de forzar a alguno de sus hijos a comportarse de acuerdo con el espíritu de los tiempos y hacer esas reformas estructurales que hace tiempo debería haber hecho. O bien este padre financia una compra sensata de droga de su hijo conflictivo o bien le fuerza a entrar en una clínica especializada.

Yo me inclino por la segunda opción apuntada por estos analistas que no creen que simplemente el BCE está actuando de la mejor manera posible a su leal saber y entender. Y es que no hay manera: da poder a alguien y lo utilizará. Este era precisamente el argumento para quitar poder financiero a los gobiernos y pasárselo a los bancos centrales. Si aquellos tenían un sesgo inflacionario, entendible por el ciclo político al que están sometidos, éstos, los bancos centrales, tienen un sesgo intervencinista precisamente porque no pagan nada por los posibles consecuencias indeseables del ejercicio de sus puenas intenciones paternales.

Pero démos un paso más. Algún defensor acérrimo de la actuación última del BCE afirma que la falta de reacción de la actividad real al estímulo de tipos secularmente bajísimos es una muestra de que, como ya sabíamos por la teoría más sólida, la Política Monetaria es neutral. Por otro lado, como la inflación tampoco parece dispararse por una liquidez que no se ha intentado neutralizar a través de subidas de tipos, no hay ningún peligro en la subida de un cuartillo que acabamos de experimentar.

Y aquí es donde yo quería llegar, poque si inflación y actividad real no tienen nada que ver con la Política Monetaria, ¿para qué queremos un BCE o, en general, un banco Central?. Esta pregunta además de retórica es herética, pero también es inevitable porque su ausencia nos abre una visión paradisíaca de un mundo en el que podríamos utilizar nuestro tiempo en leer a Baudelaire en lugar de preocuparnos de la psicología de su compatriota Trichet.

Dejo para otro día la interpretación , a la luz del trasfondo de los comentarios que acabo de hacer, del rifirafe entre Caruana y Solbes en un país como el nuestro en el que ya no hay Política Monetaria; pero en el que el autonombrado “padre” sigue jugando a protector de su hijo de cuarenta años.

La dispersión

Clasificado bajo: dietario, la biblioteca — Juan Urrutia a las 8:27 am el Miércoles, Diciembre 14, 2005

Topo de golpe, sin previo aviso, sin ninguna intuición de lo que iba a pasar, con un libro de Eugenio Trías que me retrotae a tiempos muy lejanos y, sin embargo, muy próximos.

Se trata de La Dispersión. Está editado por Taurus en la colección Ensayistas de hoy y es del año 71. En ese año no creo que Taurus fuera todavía del grupo Santillana y supongo que Jesús Aguirre, luego duque de Alba, dirgía ya esa colección aunque es posible que a la sazón todavía fuera el capellán de los universitarios inquietos en Madrid. Sea como fuere, hace 35 años el jóven Trías vislumbraba, a partir de Nietzsche, que había algo que no funcionaba en la Modernidad a pesar de que ésta había resistido aparentemente enhiesta el ataque distribuído y no coordinado del 68.

Estoy seguro que los hijos de los trías de este mundo que nacieron entonces y que hoy “se hackean” por el mundo, estarán encantados de saber que la cita inicial del libro, sacada del Zarathustra, dice así:

El centro está en todas partes

Parece apropiada para un libro de aforismos ( y, por lo tanto, descentrado) que canta a la dispersión, una verdadera idea trampa en un mundo jerarquizado política e intelectualmente, un mundo en el que no se ha inventado el PC, en donde todavía reinan los mainframes de la antigua IBM y en el que los francos de este mundo rigen plácidamente el destino de no pocos países que se dejan pastorear por quien manda de manera natural.

Como siempre llego tarde a casi todo, también tardé en hacerme cargo del que significaba una publicación aforística como ésta de Trías. Pero acabé sospechando que me concernía y que había encontrado en este filósofo un hermano que se había adelantado a lo que yo escribía ya a principios de los 80: Economía Neocásica. Seducción y Verdad.

De entre todos los aforismos subrayados entonces ahora me llaman la atención algunos que paso a transcribir.

¿ Atreveos de una vez a pensar a la deriva, desprovistos de alforjas y salvavidas!

Como si fuera posible hacerlo de otra manera. Todos los salvavidas son ilusorios y entre ellos quizá el más ilusorio sea el académico qu e te hace sentir que perteneces a una red segura cuando no es este el caso.

Unificar o multiplicar: esa es siempre la cuestión.

En ella se deciden dos mentalidades antagónicas una aficionada al planning, la otra- mucho más sofisticada- impregnada de un “esprit de finesse”. Para un economista hay aquí ecos evidentes que no hace falta subrayar y todos deberían de leer hoy en un aforismo así las nuevas formas de producción de lo que hasta ayer se llamó la Nueva Economía y que triunfa por doquier aunque no se quiera reconocer por los fracasos que su incomprensiór trajo consigo.

Termino por hoy con otro aforismo que espero se les deshaga en la boca como si fuera azucar y se entienda tanto hoy como hace 35 años en toda su ambigüedad:

Solo escribo para viajar o volar. Quizá otros se eleven también al verme

Juan 4.0

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 10:21 am el Martes, Diciembre 13, 2005

¿Puede una nueva vida empezar por un blog? O, más exactamente, ¿puede la iniciación de un blog ayudar a reencarnarse?. No tengo una respuesta general; pero en mi caso pienso que su ayuda puede ser decisiva.

Si ya pasaron las épocas de formación, de profundización y de construcción y su abandono no representó en ningún caso un “finale” gradioso, lo que ahora toca es convertirme en dueño absoluto de mis ideas y de mis actos sin esperar demasiado de ellos excepto que sean míos.

Lo curioso es que ya dije algo así hace aproximadamente 20 años citando a Raymond Chandler en el prólogo de Economía Neoclásica. Seducción y Verdad (Pïramide 1983). Es curioso, digo, porque luego, aun habiendo olfateado que la autoría era lo importante para calmar mi ansiedad, cotinué haciendo política, universitaria y de la otra y, lo que es peor, disfrutando vicariamente de un poder que me otorgaba mi posición en una gran institución financiera.

Vueltas y vueltas para llegar al punto de partida. Solo he corrido lo suficiente para no moverme de sitio. Y ahora tendré que correr mucho más rápido si quiero ir a algú sitio. Y quiero

De momento solo reconozco algunos espacios, actividades o asuntos a donde no quiero volver y, como la seguridad del NO me resulta reconfortante, voy a tratar de alargar la lista de lugares que me son vedados por mi falso pudor.

Es decir voy a escribir a la contra y remilgadamente, sin explosiones, como un holograma de aquel Phil Collins que golpeaba la batería enfundado en un respetable terno muy de la City.

Y esto solo se puede hacer desde este medio que no entiendo, que todavía me da miedo; pero que me propongo conquistar, aunque no como Anibal a Roma; sino como un jóven estudiante a su casual compañera de asiento en un vuelo trasatlántico.

Y no hay otro medio de seducción universal que este del blog. Ya está. Me llamo Juan y voy a L.A. Y ¿tu?

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