Famélicos gatos de posguerra

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 10:39 pm el Viernes, Diciembre 30, 2005

Untarles la cola de un combustible cualquiera y pegarles fuego era una diversión de niños de posguerra en vacaciones prepetrada sobre gatos famélicos recién escapados de la cazuela de sus dueños. A pesar de estar ya medio muertos de la misma hambre que nos envilecía a nosotros o a sus dueños, se resistían a morir del todo y todavía recuerdo aterrado sus maullidos de agonía.
Luego, más tarde y mejor alimentado, entendí que que los gatos tienen un sistema nervioso central que les otorga el privilegio de sufrir. También aprendí que lo único prohibido es la crueldad.

La indigente del cajero de Barcelona tenía un sistema nervioso central y sufrió la crueldad de jóvenes ahitos. Ellos hicieron lo único que no está permitido y, aunque no lo dicen los periódicos, no lo reseñan los noticieros ni lo reflejan las cámaras en circuito cerrado, los gritos de dolor y miedo de la mendiga perseguirán a estos tres jóvenes, penalmente responsables o no,todos los años de su vida.

O no. Quizá los indigentes de hoy, como los habitantes de Africa, o como los dueños de la carne acumulada en Abu Graib en montones preparados para rellenar un Kebab, son prescindibles, sobran. Como los gatos de posguerra o los meninos da rua. Como tú y como yo.

Devolución o Creative Commons

Clasificado bajo: Devolución, dietario — Juan Urrutia a las 7:26 pm el Miércoles, Diciembre 28, 2005

Ya he hablado de propiedad intelectual en general hace unos días. Más recientemente he comentado sobre el copyright en términos filosóficos y promretí hablar de ello en términos económicos de un forma amplia.Como esto último va llevar algún tiemp voy a tratar de hacer un resumen de aunque no se entieda bien.

Hay oferta abierta de bienes intangibles, ya sea ciencia, código o cultura. La hay por la ética del hacker y porque finalmente hay algo que ganar. Para que esto último sea cierto es necesario que haya un mercado, pero, de momento, nos falta la demanda final de este tipo de bienes.¿ Habrá una demanda derivada de la demanda final de aqullos bienes que incorporan ciencia, código o cultura?
Mi apriori es que no es dificil argüir que hay esa demanda final en el sector del software ( Red Hat) y en no pocos sectores industriales; pero que no es fácil encontrarla en todos los subsectores culturales. Hay, en efecto, mucha obra cultural que no encuentra salida en una obra final que llegue al público.Si este a priori es cierto, se siguen unas conclusiones curiosas.

La creación científica, como la elaboración de código o la cocina de autor, no exigiría patentes incentivadoras ya que alguien demanda ciencia, codigo o recetas, para poder producir y vender un producto final que incorpora ciencia, código o receta ceativa, En consecuencia renunciar a una patente por parte de un ciéntifico, un informático o un cocinero, no es una señal ( en sentido técnico ) de la calidad de su investigación., de su código o de su cocina.En consecuencia hemos de esperar la emergencia de equilibrios de mercado que no sean separadores, es decir en los que no se distinga mediante el precio la buena de la mala ciencia, el buen código del mediocre o la buena cocina del mero forraje. Aquí, en estos sectores, o no hay patentes, como en la cocina, o la devolución es posible y plausible.

La creación cultural es distinta. Puede que exija copyright porque nadie demande ralmente cultura para realizar una obra cultural de consumo final. Cualquier vendedor de una revista musical puede conseguirlo sin necesidad de tener un buen libreto; depende de otras cosas. Luego en principio, harían falta los derechos de autor. Renunciar a ellos sería pues una verdadera señal de calidad y de confianza de la obra de uno que se pretende poner en escena, digamos. Cabría pues un equilibrio separador en el que , si la demanda es lo suficiétemente grande, las obras de calidad alcanzarían mayores precios a pesar de haber renunciado a los derechos de autor. En este sector cultural los Creative Commons no parecen del todo ociosos en la medida que van en el camino de renunciar a algunos aspectos del copyrght.

Me parece que aquí hay “food for thought”.

Diseñador Inteligente (ID)

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 6:41 pm el Martes, Diciembre 27, 2005

Recientemente he hecho referencia a esta idea del Diseñador Inteligente ( ID) en dos ocasiones. En mi página web escribí ahace más de un mes sobre la cruelda de las capillitas y más recientemente me he referíido a ella en este blog.

No se trata de una broma de dudoso gusto y los ciéntíficos empiezan a preocuparse seriamente aunque no falten quienes no estén dispestos a perde el tiempo dedicándole ni un minuto. El asunto no es trivial, tal como pone de manifiesto el reportaje del FT el viernes 23 de diciembre.

Los procesos judiciales de Kansas y Pennsylvania deja la dicusión sobre la enseñanza del creacionismo maquillado en tablas y plantean seriamente el espinoso asunto de qué es ciencia y qué no se puede considerar como tal. El creacionismo no aspira a serlo y su “verdad” es la revelada. La ciencia dura todavía se demarca, en general, con criterios popperianos y sería ciencia solo aquello que se puede falsar empíricamente demostrando así la falsedad de una teoría que aspiraba a constituir verdad en el sentido de correspondencia con la realidad de “ahí fuera”. Pero hoy en día los filósofos de la ciencia, quizá influídos poe las ciencias blandas, tienen una actitud distinta. Sería ciencia hoy lo que es coherente con lo que ayer lo era, admitiendo así una noción de la verdad que se limita a controlar su coherencia.

Es exactamente por este último resquicio por donde se intoduce subrepticiamente el ID ya que sería aceptable como hipótesis científiva alternativa aunque no sea verificable o falsable. Sería coherente con ciertas interpretaciones de la idea de complejidad. Si la complejidad es de tal naturaleza que no puede ser replicada por un algoritmo en tiempo finito nos encontramos con que si creemos en el big bang como un inicio en el tiempo, ¿por qué no cree que se necesita algo más que evolución en el tiempo para explicar la compleja variedad observable?

Mi respuesta no es nada popperiana, ni trata de afear la lógica de quienes creen en proposiciones cuyo negativo no haya sido falsado. Lo que creo, muy simplemente, es que la mejor estrategia para alcanzar la verdad ( no revelada) no puede pasar por una explicación que podríamos llamar “antropomórfica “aunque se refiera a algo como un Dios. La mejor estrategia es, más bien, tratar de afinar el algoritmo para conseguir acercarnos más y más a replicar en tiempo finito la diversidad observada.

La ley mordaza

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 12:18 pm el Lunes, Diciembre 26, 2005

Unanimemente y de forma homogénea los los medios de comunicación se han posicionado en contra de la ley emanada del parlamento de Cataluña que otorga al Consejo Audiovisual Catalán (CAC) la capacidad sancionadora de aquellos medios audiovisuales qie violen las condiciones del otorgamiento de la la licencia administrativa que les permita ejercer un servicio que se considera como público.

La unanimidad huele a corporativismo; pero en este caso esta unanimidad y este corporativismo se me antojan bienvenidos puesto que trabajan a favor de una libertad de expresión que es imprescindible para la democracia.

La homogeneidad de la reacción, sin embargo, me ha hecho pensar. Afirmar, como se ha hecho sin excepción, que sólo la justicia puede perseguir, y eventualmente sancionar, conductas sospechosas de violar deberes administrativos, es un buen deseo que apoyo sin reservas pero que, sin embargo, no se cumple en otros servicios púbicos. Pondré tre ejemplos.

Los Catedráticos disfruta de libertad de cátedra; pero pueden ser sancionados por el Rector, previo un informe elaborado por una comidsión nombrada poe ese mismo Rector, por alguna conducta impropia como, por ejemplo insultar a un compañero de claustro que haya incumplido con sus obligciones. Los Notarios, otros servidores públicos, pueden ser separados de su cuerpo, temporal o definitivamente, si no cumplen con algún requisito del ejercicio de su profesión, supongo que mediante algún procedimiento administrativo pero sin ningún juicio. Y hasta los propios Jueces pueden ser sometidos a un tratamiento similar por parte del Consejo del Poder judicial que es un simple órgano administrativo no muy didtinto del CAC.

Mis colegas de derecho administrativo, además de afear mi segura ignorancia, estarán llenos de razones para distinguir el otorgamiento (o la retirada) de una licencia de la adquisición de un puesto funcionarial, ambos conseguidos en buena lid y con toda clase de garantías, como también diferenciarán la importancia de la libertad de expresión de cosas menos importantes y cruciales como la libertad de cátedra, la fe pública o la independencia judicial; pero no creo equivocarme en la doble intención de lo que digo.

Primero , la justicia como única cortapisa del ejercicio de ciertas funciones públicas, debería extenderse a Catedráticos, Notarios y Jueces para que nadie tenga que decirles cómo se ejerce la parte de servicio público que su fución les exige.

Segundo, creo que en este caso concretode la apertura de un expediente a un medio concreto por parte de CAC, el corporativismo es adecuado porque se ejerce a favor de un medio radifónico que, a juicio de quienes a mi alrededor lo escuchan, es un ejemplo de independencia, objetividad, ponderación, tolerancia y sentido del humor.

¿Qué es un autor?

Clasificado bajo: 1500 palabras, Devolución, las indias — Juan Urrutia a las 11:31 am el Jueves, Diciembre 22, 2005

Esta interrogación es el título de una conferencia muy famosa que pronunció Michel Foucault en 1969 y que ya apuntaba la inhumanidad que se atribuye a la obra de este autor y que se asocia a la muerte del sujeto que hoy nos parece tan corriente.

Dos años antes y en plena adolescencia intelectual yo había intentado comprender algo de Las Palabras y las Cosas como algo más allá del movimiento estructuralista que había comenzado a llevarnos por una deriva ortogonal al marxismo omnipresente en aquel tardofranquismo. Pues bien 36 años más tarde topo con unos textos de Giorgio Agamben (Profanaciones, Anagrama, 2005 ) que me retrotraen a aquella época pero ahora en un estadio cultural que oscila entre mi deseo de hacer mío lo que escribo, tal como quería Raymond Chandler, y este problema fascinante de la propiedad intelectual y, más específicamente, del derecho de autor o derecho de copia (copyright).

Tal como yo entiendo a Agambe, el autor, como persona con cara y ojos que escribe o practica cualquier otra forma de creatividad cultural, sería para Foucault necesario pero irrelevante. Lo que sería relevante para Foucault sería lo que denominaba la función-autor que “caracteriza el modo de existencia, de circulación y de funcionamiento de ciertos discursos en el interior de la sociedad”. Esta función-autor tendría para Foucault diversas características según refiere Agamben en el ensayo correspondiente al Autor de la obra citada.

Para empezar constituiría “un particular régimen de apropiación que sanciona el derecho de autor”, una característica sobre la que volveré. Pero también hay que entender esta función como un conjunto de posibilidades como la de “distinguir y seleccionar los discursos en textos literarios y científicos”, como la de “autentificar los textos constituyéndolos como canónicos”, como la de “dispersar la función enunciativa en una variedad de sujetos” o como la de “construir una “función transdisciplinar que hace del autor un instaurador de discursividad. ( Marx es mucho más que el autor de El Capital y Freud mucho más que el autor de La Interpretación de los Sueños)”.

El subrayado de el autor como instaurador de discursividad añade a la necesidad manifestada por de Chandler de sentirse alguien único, la aspiración a que esa unicidad sea inaugural. Y, sin embargo, esa esperanza es vana para un postestructuralista. Según Agamben, Foulcault añadió dos años más tarde en otra conferencia que “el autor es un determinado principio funcional a través del cual, en nuestra cultura, se limita, se selecciona; en una palabra: es el principio a través el cual se obstaculiza la libre composición, descomposición y recomposición de la ficción.”.

A mi juicio, la relevancia de la función-autor no anula del todo ni hace patético el deseo de autoría de un sujeto cualquiera que, por otro lado es necesario, aunque sea irrelevante, como persona nominalmente identificada. Es necesario para estructurar el discurso y la forma que tiene de hacerlo lo constituye. En el primer ensayo de Profanaciones, Agamben arguye convincentemente que el genio, entendido como ese espíritu o fuerza mágica que siempre nos acompaña y que quiere expresarse de manera natural, sin poseer los instrumentos para hacerlo, entra en una relación difícil con el ego del sujeto que sí posee la fuerza artificiosa de la expresión. Esta extraña relación genera o bien una creatividad potente o bien un debilitamiento anorexico según que nuestro ego sea capaz o no de utilizar la fuerza continua del genio a su favor o se vea desbordado por esa fuerza innominada.

Si como autores de carne y hueso querríamos ser meros testigos de la naturaleza “divina” del genio como principio engendrador, tendríamos que desaparecer como propietarios de nuestra obra y convertirnos en simples intermediarios de la gracia, por usar una palabra corriente en nuestra cultura mística, de la misma forma que el sacerdote es un intermediario con la divinidad. Si lo que queremos es ser propietarios de nuestra obra y cobrar esos derechos de autor que dan fe de nuestra autoría, entonces perjudicamos a la función-autor y nos interponemos en la libre composición, descomposición y recomposición de la ficción. Lo misterioso y terrible de esta elección entre el desarrollo del “espíritu” y el patético deseo de conformación de una personalidad única y eterna, es, según Foucault y Agamben, que solo conseguimos esto segundo cuando el genio ha desaparecido y ya no servimos como intermediarios de nada. Como cuando el gran matemático Félix Klein confiesa a una todavía temprana edad que está preparado a sustituir el genio perdido por la eficacia social.

Y ahora veamos cómo estas ideas quizá demasiado esotéricas se plasman en nuestra realidad circundante y asquerosamente mundana. Confesaba hace poco Carlos Saura que, en su última película, manipulaba a Albéniz de forma que, añado yo, a través de un Saura que dasaparece poco a poco, Albéniz se expresa después de muerto. Cuando un dj mezcla contribuye a liberar el sonido oculto y a innovar en la articulación de una nueva música. Las obras originales que Saura manipula, o que el dj mezcla, despliegan toda su potencialidad gracias a dos funciones-autor cuyas obras lejos de ser adoradas deberían ser violadas a su vez.

Este es el devenir de un discurso que vuela solo impulsado por el genio y al que la Propiedad Intelectual no hace más que frenar. Dicho de otra manera: yo no soy más necesario como autor cuanto más cobro por derechos de autor; sino justamente al revés. Tanta mayor parte de lo nuevo, en este mundo de lo culturalmente creativo, se debe a mí cuantos menos derechos de autor pueda reclamar o cuanto más a menudo se viole mi derecho de copia, mi copyright.

No me negarán que es una casualidad sospechosa que, en medio del florecimiento de la SGAE o de otras sociedades gestoras de derechos de autor, aparezca la ultima obra de Vilà-Matas (Doctor Pasavento, Anagrama, 2005 ), en la que se narra la historia de un escritor que, como Robert Walzer, quiere desaparecer como autor reconocible, pero no puede dejar de dar testimonio de sí a través de una escritura de caligrafía diminuta e ilegible (aunque haya sido descifrada últimamente) de cuya autoría , espero, nadie que ame o admire a ese ser, vaya a reclamar los frutos mundanos. Como también dice Foucault, mi “huella del autor está solo en la singularidad de su- mi- ausencia”, en mi manera específica de desaparecer, de dejar que la gracia del genio encienda ese filamento inerte en el que me he convertido y lo haga luminoso y calorífico.

Y si, a pesar de toda esta evidencia filosófica (si se me permite esa expresión nada habitual ), me dicen que un autor nominalmente identificable no puede renunciar a sus derechos de autor y que Teddy Bautista le va a enriquecer quiera él o no, no me queda más remedio que concluir que la SGAE o los derechos de propiedad intelectual están creando autores de pacotilla mientras entorpecen la circulación de ese discurso dictado por un genio impotente.

Aquí acabo con esta manera digamos que filosófica de pensar la parte de la propiedad intelectual que tiene que ver, entre nosotros, con el derecho civil. No hace falta que derive el obvio corolario de que la idea anglosajona de los Ceative Commons proporcionan una manera específica de desaparecer como autor y por lo tanto de contribuir a la manera propia de uno a la circulación del discurso o de la gracia, liberando al genio que nos habita.

Pero queda todavía la parte de la propiedad intelectual que, entre nosotros, tiene que ver con el derecho mercantil y hace referencia a las patentes. Esto es mucho más peligroso y requiere un tratamiento más económico y mucho más largo que estoy dispuesto a proporcionar en otro momento. Pero ahora quiero terminar con un último apunte.

Acabo de sugerir que, desde el punto de vista de una cierta corriente filosófica, el copyright acaba con el destino del autor que le arrastra a la desaparición a su manera: la muerte del sujeto. En ese otro trabajo de corte económico que acabo de anunciar mostraré que las patentes acaban con el despliegue del objeto adelgazando y estrechando la realidad: la muerte del objeto. Permitir que el sujeto se manifieste en su función relevante de mediador y estructurador del discurso infinitamente inacabable y abrir la puerta a la proliferación de l realidad objetual, deberían ser a su vez nuestra función ciudadana como engranajes de un mundo que funciona solo. Si actuamos al contrario tal como venimos haciendo y parece que queremos seguir haciendo, nos perderemos a nosotros mismos y empobreceremos el mundo. Eso sí, a cambio de unos euros.

La herencia de los 60

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 8:49 am el Jueves, Diciembre 22, 2005

¿Queda algo de los años 60 del siglo pasado, además de reuma y cinismo?

¿Queda algo de ese año mágico para los que entonces éramos jóvenes? ¿Queda algo del Concilio Vaticano II para los que entondes éramos creyentes?

En cuanto esa época y sus acontecimientos representaba el antiautoritarismo y el antidogmatismo parecería que no queda nada. Diríamos más bien que hoy se lleva justamente lo contrario.

El autoritarismo está en la calle; se clama por su vigencia. Faltan líderes se dice, en Europa y en España. La buena educación se confunde con la falta de criterio y la consecuente incertidumbre nos paraliza. Mejor ir por mal camino que no saber qué camino tomar.

El dogmatismo parece lo natural; dictado por el famoso “sentido común”. No a la homosexualidad; es una enfermedad de la que los pacientes no se quieren curar. No al darwinismo; no tiene sentido en un mundo tan complejo (el concepto de complejidad se alía secretamente con los dogmáticos ) que solo puede entenderse como producto de un diseñador inteligente.

La independencia de un Banco Central (mi monomanía enfermiza) auna ambas tendencias de manera ejemplar: autoridad monetaria incontestable (que hace de personajes como Trichet, tan poco mitificables, unos líderes a los que creemos necesitar) y el dogmatismo ortodoxo en materia económica que desvela su propia vaciedad por la escasa templanza de su defensa.

Y, sin embargo, hay signos esperanzadores ( para mí ) de que el espíritu de aquella época no solo no ha muerto, sino que reverdece. Pensemos en las revoluciones de colores que se hacen en la calle como en París o Praga en el 68 . Pensemos en el multiculturaliso al que se han vuelto con cierta envidia, a pesar de sus defectos, los que han sufrido los acontecimientoe franceses de los barrios periféricos de las ciuades francesas hace solo un mes. Y pensemos en los brotes de confederación que los politólogos creen descubrir en los nacionalismos periféricos de la España de hoy.

Nada de esto está hoy más claro que hace 47 años; pero sí más focalizado. Los partiarios del sistema de mercado, entre los que nos contamos casi todos, empezamos a desear una reducción del ámbito de la propiedad y un ensanchamiento del espacio público en materia de propiedad intelectual y hasta se abre la discusión sobre la lógica de la independencia de los bancos centrales.

Autoría

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 9:56 am el Martes, Diciembre 20, 2005

A pesar del título no quiero escribir sobre cual era el nombre propio o de familia del propietario de la mano que redactó digamos Ricardo III. El llamado problema de autoría, apasionante como es, nada tiene que ver con lo que yo quiero empezar a pensar hoy. Quiero más bien escibir sobre la A de SGAE y sobre la A de Autor de la Fundación de ese mismo nombre. Pero esto llevará tiempo

Estoy preparando un trabajo largo que dentro de poco tiempo aparecerá en la sección de trabajos en curso de mi página web y en el que trato de encontrar una explicación justificativa de algo como los Creative Commons en el campo de la cultura, a pesar de que no la encuentro para las patentes en el mundo de la innovación industrial de base ciéntifica.

Antes de que pueda pulir ese trabajo quisiera escribir, también en mi página, otro más corto en el que me pregunte y responda qué es un Autor siguiendo la estela de Michel Foucault y distiguiendo entre el nombre de la persona- ¿Shakespeare?, ¿Marlow?- y la función- autor como “un particular regimen de apropiación que sanciona el derecho de autor“. Espero poder sugerir que la idea de que el Autor adquiere su personalidad específica e inconfundible a través de su particular forma de desaparecer, podría tal vez traducirse en la forma en que decide ir cediendo partes de su derecho de autor. Quizá otra vez los Creative Commons.

Espero que todo esto contribuya a la discusión sobre la devolución.

Fazio

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 9:28 am el Martes, Diciembre 20, 2005

Acaba de dimitir el único banquero central vitalicio, el del Banco de Italia, bajo la presión del propio gobierno italiano, de Bruselas y de la justicia.

El caracter vitalicio de su nombramiento era el resultado de llevar al extremo la lógica justificativa de los bancos centrales responsables de la Política Monetaria. Un banquero central vitalicio, a diferencia de un gobierno sujeto a la incertidumbre del resultado de elecciones periódicas, no necesitaría, se dice, venderse a nadie.

Pero esta lógica nunca me ha convencido. Una vez alcanzada una cierta seguridad de por vida, esta cota se da por tomada, como una especie de beneficio hundido” podríamos decir por analogía con la noción de “coste hundido”. Y desde esa cota puede muy bien procederse a apoyar la captura de la institución por parte de amigotes y correligionarios del mundo de la construcción y otros negocios.

Que haya dimitido es ul último favor que Fazio hace a sus “patrones” puesto que el empleo, aunque ya nada tenga que ver con la Política Monetaria resdenciada en el BCE, puede seguir siendo vitalicio. En cambio si se hubiera resistido, el Parlamento a instancias del gobierno podría haber cambiado la ley para poder librase de él.

Este cambio todavía está en manos del gobierno y su mayoría parlamentaria. Si eliminan el caracter vitalicio de un empleo que ya solo tiene responsabilidades de supervisión bancaria, y solo en ese caso, sabremos que la lección se empieza a aprender. Una lección perfectamente aplicable a cualquier banco central que controle la Política Monetaria aunque su gobernador no sea vitalicio

Si no incluyen esa modificación de la ley y se limitan a nombrar otro gobernador, sabremos que , una vez más, habrá cambiado algo para que no cambie lo fundamental: la falsa creencia de que hay algo en el mundo social que participa de un caracter absoluto y no está sujeto a los más rebuscados incentivos perversos.

Solbes/Caruana

Clasificado bajo: dietario — Juan Urrutia a las 8:48 am el Lunes, Diciembre 19, 2005

Decía el jueves pasado que hablaría sobre el roce Solbes/Caruana. Lo voy a hacer; pero antes debo tomar nota de dos artículos que se me han cruzado este fin de semana.

Decía Stiglitz en su columna sindicada del domingo en El País Negocios que la retirada de Greespan nos deja con la duda sobre la independencia de la Fed puesto que el gran maestro intervino en política en no pocas ocasiones. Decía Cacho en El Mundo del domingo que Caruana no era independiente; sino el largo dedo de Pizarro y que, ahora que no parece tener oportunidad de renovación, ataca a las Cajas quizá en defensa, insinúa Cacho, de ese mentor suyo que ve su presidencia de Endesa atacada indirectamente por la Caixa.

Estos dos artículos nos hacen ver que las instituciones no se improvisan y que aquellas que son solo de diseño no tienen por qué durar, que pueden ser manipuladas y que pueden acabar desolviéndose. No quiero decir que los Bancos Centales no hayan servido para nada; pero sí que se nota últimamente que se les empieza a escatimar su mérito en la victoria sobre la inflación que, en parte, podría ser entendida como resultado de la globalización y el correspondiente incremento de la competencia.

De ahí a pensar que sus peligros pueden ser mayores que sus ventajas no hay que unos pasitos. No sería pues de extrañar que estos todopoderosos Bancos centrales acabaran, en el mejor de los casos, como una simple pieza pieza del sistema de supervisión bancaria.

Pero si esto fuera así, estas instituciones de diseño serían tan independientes como la CNMT o la CNE; pero menos que un Banco Central. Esto parece ser lo que piensa Solbes del actual Banco de España al que solo le queda precisamente esas competencias supervisoras e inspectoras y para el ejercicio de las cuales no necesita grandes estudios macroeconómicos o monetarios; sino que le bastaría con los propios de un auditor sofisticado.

Que el gobernador hable sobre Política Fiscal no parece muy discreto cuando la Política Monetaria, irremediablemente unida a la Fiscal, está en Franckfurt. Arremeter contra el vicepresidente por haber violado la independencia del Banco de España puede, en consecuencia, ser contraproducente pues puede tentar al gobierno a proponer una redefinición del Banco de España apresurada y enrabietada.

Un mundo sin soporte

Clasificado bajo: dietario, las indias — Juan Urrutia a las 6:12 pm el Domingo, Diciembre 18, 2005

El sábado 17 escribían en La Vanguardia, con solo dos páginas de diferencia, dos científicos sociales bien conocidos. Xavier Sala i Marti escribía sobre las consecuencias desastrosa que pueden acarrear las “infodemias” o acontecimienrtos creados por pla prensa y Manuel Castells, haciéndose eco de la pirámide financiera montada por un “honrado” notario de Ecuador, manifestaba su temor a la desaparición del estado en Latinoamérica.

Sala i Marti se imaginaba el derrumbe potencial de la economía mundial a partir de la noticia periodística de la aparición de un cadaver de una señora de Avila en un piso solo habitado por una cacatúa de Tailandia que parecía un caso obvio de gripe aviar. Ni siquiera el hecho de que no haya cacatúas en Tailandia inhibía al periódico de aprovecharse del acontecimiento fabricado a partir de nada y en contra de las opiniones de los expertos en salud.

Castells extrapola el caso del “honrado” notario y nos hace ver cómo todo el mundo en la región parece tomarse el Estado a chirigota y por buenas razones ya que esta institución no garantiza nada sino que, más bien, parece servir como coartada para la corrupción de aquellos que lo han capturado.

El primer autor parece pensar que hay una distinción entre la realidad y su representación mediática, distinción que se percibiría a poco que preguntáramos a los expertos o científicos. Sin embargo, no hay manera de no sospechar que esos expertos o científicos no son también un fenómeno construído por ciertos medios. El segundo autor parece decirnos que si el Estado fuera una institución que cumple con su deber la corrupción no alcanzaría las proporciones escandalosas que por lo visto afloraron con ocasión del fraude financiero al que se refiere, sin dar pábulo a la posibilidad que sea precisamente el Estado el que, habiédo sido capturado por un grupo determinado, sea el mismísimo origen de la corrupción

Lo que tienen de común estos dos casos es que en ambos el futuro influye de manera decisiva en el presente, sea a través de las expectativas que resultan cruciales en el desenvolvimiento de la recesión mundial que describe en tono paródico Xavier Sala, bien sea por el hecho de que el esquema del fraude descrito por Manuel Castells no puede funcionar sin un futuro del que se espera el sostenimiento de la pirámide tramposa. Y lo extraordinario es que cuando esto ocurre ya no hay distición entre la realidad de “ahí fuera” y la construída por nosotros mismos.

Nada de esto son elucubraciones mentales irrelevantes. A mí estas elucubracuiones me dan miedo porque son, o pueden ser, bien reales; porque no tengo la fe que, a pesar de todo, parece animar la escritura de ambos pensadores y , sobre todo, porque no se cómo moverme en un mundo así de desordenado.

No se si la petición de igualdad de oportunidades ha de ser extendida a la oportunidad de infectar el mundo con mis cuentos fantasiosos y a la oportunidad de corromperme. No se si debo criticar a Schöder por aceptar un jugoso favor de Putin y hacer una llamada a la ética o pedirme para mí la mismo la oportunidad de ser poco ético. No se si debo alegrarme de cualquier acuerdo o ley sobre eliminación del comercio de armas o si no sería más sensato hacerme socio de la asociación del rifle que preside o presidía Charlton Heston. Y, en definitiva, no se si volvemos a un mundo premoderno o si desembocamos en uno posmoderno.

Quizá la única reflexión seria sea que en el mundo en el que estamos no hay vigas maestras ni pricipios y que, finalmente todos podremos echar a volar esa mariposa cuyo vuelo produce el caos que destruye el mundo y todos participaremos de nuestra cuota parte de los beneficios de la corrupción.

Quedo a la espera de ideas para que el mundo que yo he conocido no se desintegre de esta manera; pero por favor no me vengan con que lo único impotante es que volvamos a los valores tradicionales o que nos convezcamos de que así perdemos oportunidades de mejorar todos. Eso ya era sabido y no sirvió. O sea, que hacen falta ideas nuevas que hagan soportable un mundo sin soporte.

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