La pelota vasca

La pelota vasca. La piel contra la piedra es un producto artístico de un autor llamado Julio Medem que toma como materia prima el paisaje y la opinión, los trabaja como sabe y nos regala su punto de vista sobre lo que pasa en Euskadi. Medem es vasco y yo también, por lo que no es de extrañar que me haya emocionado, a pesar de mi presunta racionalidad, al enfrentarme a ciertos aspectos de su trabajo. Me emociona lo mítico y reconozco su fuerza (aunque no crea en ello), lo rural (aunque yo lo desconozca en su profundidad), el paisaje que pulió mi retina y la música de Mikel Laboa que es a mi oído lo que el Guernica a mi vista.

Pero este documento de Medem, que aparecerá ampliado en otros formatos, no sólo me ha emocionado; sino que también me ha impactado en otros recovecos del alma. No olvidaré fácilmente la voz de Orson Wells, la sonrisa poética de Atxaga o la presencia física del presidente de la Cámara de Comercio de Bayona; ni dejaré de recordar la evidente apuesta por los jóvenes, a los que la mirada del autor acaricia con amor y que son, para alguien que ya ni siquiera peina canas, los únicos que ofrecen novedad y esperanza.

El sentido estético del autor está puesto al servicio de un mensaje que es diáfano. Son los jóvenes los que pueden sostener un diálogo que admita a todo el mundo, que tendría que escuchar con cuidado a Aralar; pero que no deberá despegarse mucho de lo que allí, en Euskadi, llamaríamos socialismo guipuzcoano (recordemos que Medem es de San Sebastián).

Este mensaje está eficazmente vehiculado; pero no ciega al espectador que se siente muy libre de echar en falta algunas voces o de sentir que algunas sobran. A mí, en esta ocasión, me sobran los políticos, antropólogos e historiadores, por previsibles y repetitivos, pero me falta la fauna urbana que se afana diariamente en los núcleos urbanos. Me gustaría haber escuchado las voces anónimas de matronas, médicos, ingenieros, empresarios, funcionarios, arquitectos, profesores, dentistas, albañiles, hojalateros, directores de museo, empleados de banca, conserjes de finca urbana, guardias de tráfico, tenderos de coloniales o de tejidos e investigadores.

Pero nada se puede juzgar por lo que no contiene o no expresa; sino sólo por lo que sí muestra. No se puede esperar de una obra artística que articule con precisión un mensaje políticamente complejo ni que tome la forma de un tratado de politología. El PP brilla por su ausencia y el asesinato de Miguel Angel Blanco no recibe la atención central que yo creo que merece como el origen mismo de los últimos acontecimientos que han marcado la deriva vasca. Y sobre todo falta, a mi juicio, Basta ya porque es este movimiento quien mejor y más coherentemente expresa la falta o imposibilidad de un lenguaje que vehicule el diálogo. Sin embargo, el gran mérito de La Pelota Vasca es, precisamente, que contribuye a crear ese lenguaje, artístico pero lenguaje al fin.

Sindicalismo

En terminología marxista y bien expresiva podemos decir que los cambios en los modos de producción acarrean cambios en las relaciones sociales. La Revolución Industrial fue un cambio en el modo de producción que trajo consigo un ejercito de reserva mezcla de lo que hoy llamaríamos explotados, marginados, subempleados, desempleados, etc. y que acabó conformando una clase social proletaria. A partir de aquí nacieron los Sindicatos que son, simultáneamente, una institución para la defensa mutua (y que, para muchos, ha llegado a formar parte de la definición de democracia), una ética, propia de la solidaridad de clase, y una épica que corresponde a la lucha obrera.

Aunque parezca antiguo nada de esto es trivial y, de hecho, merece un monumento a la creatividad humana. Sin el empuje sindical, el capitalismo como forma de creación de riqueza quizá no hubiera sido viable. Pero el capitalismo ha hecho tan bien su trabajo que el modo de producción ha cambiado. Hace veinte años se empezó a hablar de la época post-industrial y el fin de la guerra fría ha propiciado una reasignación global de recursos. El nuevo modo de producción se caracteriza por varios rasgos:

  • Primero, el capitalismo popular ha hecho de muchos trabajadores accionistas y esto ha difuminado la épica de la lucha obrera que se va reemplazando por la épica antiglobalizadora
  • Segundo, las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación propician el individualismo, y la extensión de los mercados financieros y de las instituciones para el aseguramiento mutuo confrontan a la gente con la responsabilidad individual. Ambas cosas erosionan la ética de la solidaridad que pasa a ser defendida por algunas ONGs y se va sustituyendo por otras solidaridades menos de clase y más de identidad (nacional, étnica, de genero, etc.)
  • Tercero, la globalización pone en juego la propia existencia de la institución sindical y, desde luego, la forma de gobernarla pues sus finalidades y objetivos alcanzables ya no están claros y aparecen contradicciones. ¿Debe un Sindicado dedicarse a la defensa del salario del empleado o debe tratar de paliar la indigencia del desempleado?

En el nuevo modo de producción caben dos posibilidades no alternativas. Cabe que algunos sindicatos se redefinan, guardando las esencias, como una institución transversal que se dedique a defender a los marginados con una ética basada en la lucha contra la pobreza y con una épica centrada en la defensa de la dignidad del ser humano especialmente despreciada en ciertas partes del planeta, sobre todo en Africa. Pero en esta alternativa los sindicatos tendrían la competencia obvia no sólo de ONGs, sino también de Amnistía Internacional y de las agencias multilaterales, por lo que parecería que la otra alternativa es más plausible.

Cabe, en efecto, que el sindicato se integre entre las instituciones que velan por el buen funcionamiento del modo de producción, preocupándose de la verdadera competencia (evitando así el capitalismo de amigotes), del buen gobierno de las empresas (propiciando la Stakeholder Society en contra del simple Shareholder Value) e incluso de la felicidad del ciudadano occidental que puede pasar quizá por mayor ocio y no tanto por más renta.

Las dos alternativas descritas son en realidad complementarias pues la única manera sensata de salvar Africa o de integrar a los marginados es el libre comercio y la competencia en general; pero la institución sindical se decantará por la segunda. Dentro de esta segunda alternativa América ha integrado totalmente a los sindicatos como un lobby más. En Europa no cabe en el momento actual más que se conviertan en parte del engranaje socialdemócrata y que sirvan para apoyar aquellas reformas del Estado del Bienestar que permitan su supervivencia.

¡Sex-Up, Las Vacaciones Pagadas!

La mayoría de los diarios, y especialmente los económicos, se han hechos eco de los datos del INEM que muestran que el paro registrado ha subido en términos anuales un 1,6% y que las vacantes registradas, en los mismos términos anuales, han aumentado un 13%. Hay hoy en España 1.573.495 parados registrados (otra cosa es la EPA- Encuesta de Población Activa- pero no me voy a preocupar de estas distinciones hoy) y 152.000 vacantes sin cubrir. El Editorial de Expansion del 2 de septiembre (La Paradoja liberal en España) y el artículo de Juan Francisco Gimeno (Desajustes entre oferta y demanda de trabajo) en la misma publicación del día 3 se refieren a estos datos y los explican de manera correcta y convencional que sin embargo me plantea una duda y una crítica que quisiera explicitar y elaborar brevemente.

El artículo de firma es naturalmente más completo, distingue el desempleo friccional del estructural y entre las causas de este último menciona un posible salario de reserva demasiado alto, cosas ambas a las que no se refiere el Editorial mencionado. Por lo demás, ambas explicaciones son igualmente convencionales y, antes de entrar en mi duda, les voy a resumir en mis propias palabras y quizá añadiendo algo convencional también.

La primera causa obvia del desajuste estructural es la falta de movilidad geográfica ya que las vacantes y los desempleados pueden estar en distintas CC.AA. y el INEM esta descentralizado, defecto estructural éste endurecido por el problema del acceso a la vivienda especialmente entre los jóvenes.

La segunda causa radicaría en la inadecuación de las habilidades de los desempleados a las requeridas para los puestos vacantes, algo totalmente natural pero que podría ser paliado por los programas de formación y que, en cualquier caso debería ser tenido en cuenta por una verdadera política de inmigración cuando la haya.

En tercer y último lugar parecía que el decretazo (origen de una huelga general -cuasioficialmente inexistente- y totalmente desmontado por Zaplana), o mejor dicho, el hecho de que no se tuviera el coraje político de poner en práctica el endurecimiento en las condiciones para la percepción del subsidio de desempleo que dicho decretazo contemplaba, desincentivando así la intensidad de la búsqueda de empleo, algo debe tener que ver en el aumento inusitado de las vacantes.

Pues bien esta tercera posible causa convencional del desempleo asociada a la búsqueda de empleo me suscita un comentario crítico y una duda que ahora paso a comentar. Comenzando por el comentario diré que no entiendo bien que se califique de indolente la actitud de un trabajador que prefiere no trabajar a trabajar a un ingreso nominal aproximadamente igual, como si estuviera disfrutando de unas vacaciones pagadas. Es como calificar de miserable la actividad de un empresario que ajusta sus costes hasta donde le permite el mercado y la legislación vigente a fin de maximizar sus beneficios. En ambos casos topamos con la racionalidad propia del homo economicus que, como sabemos al menos desde Adam Smith, está en el origen de la forma de creación de riqueza propia del capitalismo.

Lo que parece indolencia puede ser cálculo racional. Otra cosa es que, dada esta racionalidad, deseemos diseñar incentivos para que la búsqueda de empleo sea más intensa y la duración media del desempleo más corta. Si este es el deseo -y hay buenas razones para pensar que este deseo es pío- ¿por qué no reducir el subsidio de desempleo? Esto es lo que pretendía el decretazo al endurecer las condiciones para hacerse acreedor a él y esto es lo que se le ocurriría a botepronto a cualquier economista. Sin embargo no me parece obvio que esta idea sea el final de la historia y me entran dudas de si a efectos de incentivar la búsqueda de empleo no sería mejor sex-up las vacaciones pagadas de mañana (cuando me echen del nuevo puesto de trabajo) que sex-down las que se están disfrutando hoy. Aunque esta duda no es muy corriente, la he encontrado mejor expresada en un trabajo de Vicente Urnieta en la Red:

En lugar de imaginarnos un trabajador desempleado tomando una decisión puntual de aceptar o no una vacante que se le ofrece, imaginémosle al principio de su vida laboral sabiendo que ésta, en los próximos cincuenta años, va a consistir en un continuo pasar del empleo al desempleo y vuelta al empleo. En esta situación podemos pensar que la aceptación de una vacante no es sino la condición necesaria para poder acceder al seguro o subsidio de desempleo, o equivalentemente, el ticket de entrada al club de los desempleados. Cuanto menor sea el subsidio o seguro, y contrariamente a la sabiduría convencional, menos incentivos tendré a pagar el ticket de entrada al club de los desempleados; es decir, menos dispuesto estaré a aceptar el empleo que se me ofrece.

Como a principios de curso uno llega con ánimo polémico, además de explicitar mi comentario crítico y de elaborar mi duda sobre la incentivación de la búsqueda de empleo, termino con una llamada a la agitación expresada en términos incomprensibles pero que, como decía Vicente Urnieta, caben en una pancarta: ¡Sex-up las vacaciones pagadas!.